¿Sabía Esperanza Aguirre el "agujero" que originaba en el PP cuando
hacía públicas sus suspicacias sobre el líder derrotado el 9 de
marzo? A estas alturas, es evidente que había mucho mar de fondo,
y que la presidenta de Madrid apenas era una representación mínima,
o el motor de arranque, de una cierta discrepancia interior que
no quería enterrar en su interior las causas de la segunda derrota
o las causas que pudieron originarla: prefería discutir esas causas
y dónde había estado el error a evitar en la siguiente cita con
las urnas. Pues bien, unas pocas semanas después de que se abriera
aquel "agujero negro" de inciertos efectos, se han hecho públicos
los resultados de una encuesta según los cuales, el 88 por 100 de
los votantes del PP entienden que sería bueno para la vida política
española que se presenten candidaturas alternativas a la de Rajoy
para la presencia del PP en el próximo congreso de junio en valencia.
A renglón seguido, la mayor parte de esos partidarios de candidaturas
alternativas opinan que les gustaría que venciera la candidatura
de Rajoy sobre cualquier otra: 45 frente al 29 por 100 para Aguirre.
Curiosamente, la popularidad de Rajoy y el porcentaje de quienes
le apoyan ha aumentado tres puntos en el último mes, y ha disminuido
el número de sus críticos. Y también llama la atención que Rajoy
obtiene votantes particularmente definidos como de centro izquierda,
frente a los votantes más derechistas de Aguirre. La misma encuesta
efectuada entre votantes del PP, revela que el mejor clasificado
de entre las personalidades del partido resulta ser Alberto Ruiz
Gallardón, la segunda posición la ocupa Esperanza Aguirre y en tercer
lugar, esos votantes "populares" sitúan sus preferencias en Rosa
Diez, los tres por delante de Mariano Rajoy, cuarto en preferencias.
En quinta posición ya aparece Soraya Sáenz de Santamaría, valor
en alza. Y sin embargo, es consciente Rajoy de que la estrategia
consiste en resistir. Quedan ya menos de dos meses para el Congreso
del Partido, y en este tiempo, cada vez se hace menos probable que
surja alguna candidatura alternativa, que pudiera discutirle la
presidencia del partido.
Cosa distinta es que en ese congreso valenciano Rajoy pudiera aconsejar,
cosa improbable, que a la hora de debatir la ponencia política,
se abriera la posibilidad de que no se limite a ser un paseo militar,
como es habitual en los congresos, y que pudiera convertirse en
debate abierto sobre las características ideológicas del partido
o acerca de eventuales errores que pudieron cometerse para perder
las elecciones. Esas hipótesis improbables pudieran evitar lo que
a estas alturas casi todos temen: que el Congreso "cierre en falso",
y consiguientemente, que el debate se prolongue en los meses y hasta
en los años siguientes. Hasta el aburrimiento y la fatiga de los
partidarios...