El paro por las nubes
| Lorenzo Bernaldo de Quiros |
El desempleo alcanza su máximo histórico desde 1998. En sólo tres
meses el paro ha aumentado en más de trescientas mil personas. La
velocidad de deterioro del mercado laboral es espectacular y, por
desgracia, seguirá acentuándose a lo largo de este año. Aunque es
complicado hacer pronósticos no resulta exagerado pensar que el
ejercicio 2008 se cierre con 600.000 desempleados más. La economía
española que lideró el proceso de creación de empleo en la Eurozona
entre 1996 y 2004, ha pasado a convertirse en la que más puestos
de trabajo destruye. Esta situación es inquietante y pone de relieve
la ausencia de reformas que permitirían abordar la crisis económica
en la que estamos inmersos sin generar un paro masivo.
Ante esta situación, el gobierno ha abierto el diálogo social con
la patronal y con los sindicatos. Esto está muy bien pero no constituye
per se una solución al problema. Lo importante es si un pacto de
esa naturaleza sirve para combatir la dinámica bajista del empleo
y reducir el paro. Conseguir esos dos objetivos exige emprender
cambios radicales en las instituciones del mercado de trabajo, que
es uno de los más rígidos de los países desarrollados junto al de
Francia e Italia. En España, los costes del despido son demasiado
altos de la OCDE. Las cuotas a la Seguridad Social son las más elevadas
del mundo desarrollado, lo que encarece la contratación. La estructura
de la negociación colectiva impide reflejar las diferencias de productividad
de los trabajadores y la situación de las empresas etc.
En ese contexto es imposible evitar que el paro se dispare cuando
la economía se desacelera. En España está pendiente una reforma
fundamental del mercado de trabajo que le de la flexibilidad suficiente
para ajustarse con rapidez y con los menores costes sociales a los
cambios del entorno. Si bien se ha avanzado algo en la visión por
parte de los agentes sociales de la estrecha conexión "rigidez laboral-paro",
nunca se han dado los pasos coherentes para responder a ese dilema.
Ahora bien, si España no liberaliza con rapidez y profundidad su
mercado laboral, volveremos a tasas de desempleo de dos dígitos
en menos que canta un gallo.