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Fin
de la tregua política en Galicia
| XOSÉ HERMIDA |
Hasta anteayer Galicia parecía el contrapunto a la crispación política
nacional. Tras perder el poder que disfrutó durante 15 años, el
PP respetó la tradición de conceder 100 días de gracia al nuevo
Gobierno de socialistas y nacionalistas. Los populares bastante
tenían con lamerse las heridas y gestionar la batalla interna para
elegir un sustituto de Manuel Fraga. "Vamos a estar bastante tiempo
sin oposición", repetían los dirigentes de PSdeG y BNG. Hasta anteayer,
cuando el PP movilizó a más de un centenar de alcaldes para manifestarse
ante el Parlamento gallego y la protesta derivó en la mayor bronca
que se recuerda en la historia de la Cámara.
Tras el escándalo vivido el pasado miércoles, ayer llegaron los
reproches y los anuncios de nuevas acciones. El presidente de la
Xunta, el socialista Emilio Pérez Touriño, emplazó al PP a que "asuma
plenamente el veredicto" de las elecciones autonómicas de junio
y evite las "tentaciones populistas". El PP reaccionó con un escrito
a la presidenta del Parlamento, la también socialista Dolores Villarino,
en el que exige que pida disculpas por haber comparado la actitud
de los diputados y alcaldes populares con el golpe del 23-F. Si
Villarino no rectifica -y ayer no lo hizo-, el PP amenaza con emprender
acciones judiciales contra ella.
Los alcaldes del PP, que forcejearon con la policía para superar
la valla exterior que protege la entrada al Parlamento, estaban
protestando por lo que Touriño considera una simple medida de "higiene
democrática". Hace unos días, el consejero de Medio Rural, el nacionalista
Alfredo Suárez Canal, decidió paralizar un plan de 245 obras, con
un presupuesto de 34 millones de euros, que el Ejecutivo de Fraga
aprobó en medio de la campaña electoral. Suárez alegó que el plan
respondía a criterios "caciquiles". El 91% de las obras, sostiene,
eran para pequeños municipios gobernados por el PP, y entre ellas
había proyectos que escapaban de las atribuciones de esa consejería,
como la construcción de piscinas o la remodelación del entorno de
un parador de turismo.
Los regidores del PP lo interpretaron como una discriminación y
sus declaraciones subían de tono desde hace días. En la dirección
gallega del PP aseguran que se limitaron a canalizar la indignación
de sus alcaldes. Un centenar de ellos, arropados por otros cargos
del partido, entre ellos tres senadores, se presentaron el miércoles
en el control de acceso al Parlamento con pancartas y pegatinas.
Cuarenta tenían invitaciones para el pleno, en el que iba a comparecer
Suárez, pero la presidenta decidió retirárselas alegando que su
actitud era coactiva. La bronca se prolongó varias horas y derivó
en un plante de todo el grupo parlamentario popular después de que
Villarino evocase el 23-F. El escándalo concluyó con una insólita
estampa: los diputados del PP manifestándose en la calle junto a
los alcaldes, con los ex vicepresidentes de la Xunta Alberto Núñez
Feijoo y Xosé Manuel Barreiro a la cabeza, megáfono en mano.
Los incidentes ocurrieron en ausencia de Fraga. El ex presidente
de la Xunta dijo ayer que le "da risa" que socialistas y nacionalistas
critiquen ahora ese tipo de protestas, y recordó su experiencia
personal durante el golpe del 23-F: "Comparar lo que pasó aquí con
aquello está fuera de toda medida".
En el escrito en el que exige disculpas a la presidenta de la Cámara,
el PP dice que "se reserva" el "ejercicio de acciones ante los órganos
jurisdiccionales y constitucionales". A pesar de todo, Fraga aseguró:
"Nuestro interés por el follón es muy relativo".
25/11/05
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