El
reverso de las primarias
| LUIS POUSA |
Sin duda, las llamadas condiciones objetivas, que diría un marxista,
nos dicen que Alberto Núñez Feijoo liderará la era después de Fraga.
Con los datos que ya se conocen, Feijoo reúne mayor número de compromisarios
que cualquier otro de sus tres rivales, y entre éstos no se vislumbra
ninguno capaz de hacerle sombra. Esos datos portan, además, un mensaje
inequívoco: la mayoría de la militancia del PPdeG apuesta por la renovación
generacional y la sitúa en el eje de los dos ex vicepresidentes de
la Xunta, de Alberto Núñez y de José Manuel Barreiro (triunfador en
el feudo de Lugo).La otra cara de las primarias tiene un rostro muy
conocido, Xosé Cuíña Crespo. Un ex delfín, curtido en cacerías, muy
pagado de sí mismo y que ha terminado estrellándose en el espejo de
su obsesión. Una obsesión caprichosa o un capricho obsesivo, casi
da igual a los efectos conseguidos, han llevado a Cuíña a emplear
hace ya quince o más años una dialéctica suicida: "el que no
es mi amigo es mi enemigo": "o estás conmigo o estás contra
mí".
Dialéctica que él ha aplicado como principio rector de una estrategia
de reclutamiento de seguidores más propia del jefe de un clan que
de un político liberal y galleguista en los albores del siglo XXI.
Su querencia por la antigüedad y un mundo autóctono plagado de ecos
y sombras torrenteballesterianos y pardobazanianos le han situado
más en el pasado que en el futuro, más en la Galicia que se va que
en la Galicia que viene. Lo dramático, en su caso, es que él nunca
lo haya percibido y no que se negara a percibirlo.
No fue el espejo quien traicionó a Cuíña de manera reiterada; al contrario,
las imágenes que veía no eran las que el espejo le ofrecía, sino las
por él imaginadas.
También es verdad que muy pocos de los que le rodeaban y aún rodean
se atrevieron a desengañarle, y los que tal osaron optaron finalmente
por alejarse. La fidelidad no puede ser tan exigente como para que
un listo reniegue de sí mismo y acepte ser un imbécil catalogado.
Y toda esta mezcolanza de aspiraciones, deseos y pasiones metida a
hacer política, a luchar por el poder y aquellas otras miserias humanas
que pocas o raras veces son constitutivas de gloria.
El personalismo, sobre todo el personalismo rabioso y compulsivamente
egoísta, crea límites y provoca límites. Reales ambos. En su legítimo
empeño por liderar el PPdeG, don Xosé se alió con José Luis Baltar,
vivo ejemplo de la astucia paisana aplicada a la política, a una manera
de hacer política.
Las relaciones entre los dos han sido espléndidas y, por momentos,
fructíferas para ambos. Juntos protagonizaron algunos episodios sonados,
como la baltarada de hace un año, en la que el partido corrió el serio
peligro de saltar hecho añicos. Probablemente fue el desencadenante
del proceso de renovación actual. Pero ha llegado el momento en el
que sus trayectorias se bifurquen por imperativo de lo políticamente
conveniente.
Baltar ya había avisado a su socio de que tendría el apoyo de los
compromisarios ourensanos siempre y cuando éste obtuviese la mitad
de los correspondientes a la provincia de Pontevedra. Los malos resultados
cosechados por el barón del Deza, liberan a aquél de su compromiso,
y como Ourense (los Baltar) "nunca pierde", la astucia se
dispone a apoyar al nuevo líder: "¡Alberto!".