"No
lo dudéis, es el mejor para ser presidente", dirá Romay Beccaría
| LUIS POUSA |
Alberto Núñez Feijoo se define a sí mismo como una persona tímida,
leal y ordenada, que tiene a Manuel Fraga como primer referente político
y al mar como espacio vital y cromático en el que reconciliarse consigo
mismo.
Pero antes de seguir con el relatorio taquigráfico de unos cuantos
datos enlatados de quien presumiblemente será el sucesor de Fraga
en la presidencia del PPdeG, intentemos reconstruir un mínimo esboce
de su perfil desde otra semiótica menos plana que responder a un test
rápido de preguntas breves y obvias.
En 1997, el Ayuntamiento de Muras (Lugo), reunido en sesión plenaria,
le otorgó a Fernando Amarelo de Castro el título de Hijo Predilecto.
Posteriormente tuvo lugar en dicha localidad un acto de homenaje al
galardonado, al que asistieron, entre otros, José Manuel Romay Beccaría,
por aquellas fechas ministro de Sanidad y Consumo del primer Gobierno
de José María Aznar. Además de ser ambos licenciados en Derecho por
la Universidade de Santiago, Amarelo y Romay consolidaron su amistad
en la larga etapa que ambos vivieron en Madrid y, pasada la transición
democrática, los dos ingresaron en Alianza Popular de la mano de Manuel
Fraga, desarrollando su trabajo militante en la provincia de A Coruña.
Como no podía ser de otra manera, José Manuel Romay asiste al homenaje
que el Ayuntamiento de Muras le dispensa a Fernando Amarelo, y en
un momento de su intervención señala con el dedo a un hombre, sentado
al final del salón, y dice, dirigiéndose a los asistentes: "Miradle,
ese joven que está ahí administra un billón de pesetas". Todas
las cabezas giran en la dirección sugerida por el conferenciante y
sus miradas convergen en la figura de Alberto Núñez Feijoo, por aquellas
fechas secretario general del Insalud.
Nacido en Ourense el 10 de septiembre de 1961, Núñez Feijoo, que cuenta
por aquellas fechas con 36 años, ya está siendo encarrilado en esos
momentos por su protector político hacia metas más altas de una carrera
pública iniciada, aunque ni él mismo era consciente de ello, en mayo
de 1985. Fecha en la que obtuvo plaza de funcionario del Cuerpo Técnico
Superior de la Administración Autonómica.
Porque este licenciado en Derecho por la Universidad de Santiago -nótese,
en este caso, la coincidencia de origen académico con Romay y Amarelo-
encontró en la Xunta ese azar imprevisible que, haciendo destino,
le condujo hacia la política desde arriba, en el entorno de las élites
del PP.
No obstante, será a partir 1991 cuando Romay lo convierta en su brazo
derecho, primero en la Consellería de Agricultura, Gandería e Montes
y, a continuación, en la Consellería de Sanidade e Servicios Sociais.
Las elecciones generales de 1996, supondrán para Alberto Núñez un
cambio importante en su vida: José Manuel Romay saltará de Santiago
a Madrid para hacerse cargo de la cartera de Sanidad en el primer
Gobierno Aznar, y ofrecerá a su pupilo la secretaría general del Insalud.
El superorganismo de la sanidad pública española, mastodóntico a todos
los efectos, en el que el ourensano no sólo pone a prueba su capacidad
para gestionar un billón de pesetas, como recordará Beccaría en Muras;
ese puesto le abre las puertas al mundo de La Moncloa y le permite
entrar en contacto con una realidad muy viva y acelerada, en la que
"al menor despiste te ves de bruces en la cuneta", reconocerá
en privado.
"Lo primero que aprendes", comentará con unos familiares,
"es a que no te metan goles los del partido, poniendo en boca
del presidente Aznar promesas en tal o cual localidad que luego compruebas
que no eran tales". Curtido en el laberinto galaico, Núñez Feijoo
pronto se hará con el hilo de Ariadna de la Administración central
, y mostrará su cintura e intuición para salir indemne de las encerronas.
"La Jungla de Cristal es una referencia metafórica de lo que
son por dentro las altas instancias del Estado", dirá en otra
ocasión a un amigo de la infancia.
En marzo de 2000, Aznar gana las elecciones generales por segunda
vez y obtiene mayoría absoluta, lo que conlleva que Romay sea uno
de los ministros decapitados y no pase a formar parte del nuevo Ejecutivo.
Posteriormente, será recompensado con el cargo de presidente del Consejo
de Estado.
No por estar su protector fuera del Gobierno, Alberto Núñez quedará
desasistido: Francisco Álvarez Cascos, accede a nombrarle director
general y consejero de Correos y Telégrafos -organismo público que
un año más tarde, junio de 2001, pasará a presidir al ser convertido
en Sociedad Estatal-, otro monstruo burocrático en el que el gallego
demostrará de nuevo su capacidad para gestionar entramados complejos
en los que los gastos de personal se comen literalmente los presupuestos.
Entretanto, y así como quien no quiere la cosa, Feijoo escala, peldaño
a peldaño, puestos en el partido, y a mediados del año 2001 ya es
miembro del comité regional del PPdeG. Fraga sigue al frente de la
nueva dirección, pero la secretaría general la ocupa ahora Xesús Palmou,
en lugar de Xosé Cuíña. Por su parte, José Manuel Romay Beccaría ha
pasado a un segundo plano, desde el que nunca ha dejado de moverse.
Esa renovación en el PP gallego es interpretada en clave sucesoria.
Fraga sugiere públicamente que si gana las elecciones de octubre de
2001, afrontará su último mandato como presidente de la Xunta, y a
finales de esa legislatura pondrá en marcha los mecanismos para designar
a la persona que le sustituirá en la jefatura del PPdeG. Aunque Cuíña
pierde la vitola de delfín, no ceja de postularse e intenta por todos
los medios a su alcance que no se apague su brasa, aún cuando Mariano
Rajoy se perfila por aquel entonces como el sucesor del fundador del
partido.
Sin embargo, Rajoy alienta en silencio otras aspiraciones más ambiciosas,
que él nunca desmiente por lo que pueda deparar el futuro: ser el
elegido de Aznar para relevarle en la presidencia del PP y presentarse
como candidato en las elecciones generales de 2004. Tales aspiraciones
no son gratuitas, al menos poseen el fundamento lógico de haber sido
nombrado vicepresidente primero del Gobierno en el año 2000. Esa situación
de incertidumbre favorece otras espectativas y provoca acciones de
tanteo por parte de nuevos actores que entran en escena.
En efecto. El ejemplo más sobresaliente es, quizá, Ana Pastor, eficientísima
sombra de Rajoy en los distintos ministerios por los que éste ha pasado,
premiada por Aznar con la cartera del Ministerio de Sanidad, el 10
de julio de 2002, en sustitución de Celia Villalobos. La nueva ministra
se ve con fuerzas para jugar sus bazas en el partido, como no lo había
hecho antes, y elige el PPdeG, contando que si, finalmente, "Mariano
no retorna a la política autonómica gallega, élla tiene sus oportunidades,
incluso de ser candidata a la presidencia de la Xunta", recuerda
un veterano militante popular de la ciudad de Pontevedra.
Hubo un tiempo en el que los asesores de Aznar hablaron con éste de
la posibilidad de que una mujer sucediese a Fraga. Ésa fue una de
las cuestiones abordadas por Carlos Aragonés, conocido como el "jefe
de la guardia pretoriana", en uno de sus viajes a Galicia, dedicados
a informarse sobre el terreno de cómo andaban las cosas por el noroeste
e informar de ello a La Moncloa. Los populares también hicieron algunas
encuestas sobre el grado de aceptación que tendría entre los gallegos
situar a una mujer en la presidencia de la Xunta. Los resultados fueron
desalentadores: perdería las elecciones.
El 13 de noviembre de 2002, miércoles para más señas, el petrolero
Prestige se encuentra a 27 millas del Cabo Fisterra. Porta 77.000
toneladas de petróleo. Son las 15.33 horas y el centro de Salvamento
Marítimo gallego recibe un SOS, en el que el capitán comunica que
el barco sufre una vía de agua y solicita ayuda para evacuar a los
tripulantes. No es cuestión de relatar aquí lo sucedido a partir de
ese instante. Se trata simplemente de recordar que el desastre ecológico
ocasionado por el Prestige precipitará la crisis que se venía gestando
en el Gobierno gallego y con ello un reajuste de éste.
Entre los damnificados, el caso políticamente más relevante es la
salida de la Xunta de Xosé Cuíña, y la entrada en el nuevo equipo
de Fraga de Alberto Núñez Feijoo, nombrado precisamente conselleiro
de Política Territorial el 20 de enero de 2003, cargo que su antecesor
y, luego, rival detentaba desde enero de 1990. Algunas fuentes sostienen
que a Ana Pastor le fue ofrecida la vicepresidencia de la Xunta, pero
Aznar no estaba dispuesto a desprenderse de la ministra de Sanidad,
que apenas llevaba seis meses en ese cargo.
Núñez Feijoo pronto demuestra que posee una mente bien organizada,
conoce la Administración por dentro y es capaz de establecer prioridades
sin dejar tirado a nadie. A los tres meses de haber tomado posesión,
tiene todo dispuesto para desarrollar el Plan de Dinamización Económica,
complementario del Plan Galicia, y poner en marcha una serie de iniciativas
de gran calado como la reforma de la ley del suelo, la reordenación
del uso de los espacios, etc.
A finales de agosto de ese mismo año, un nuevo acontecimiento de enorme
trascendencia jugará a su favor. Aznar le anuncia a Rajoy, por teléfono
y con un lacónico: "Mariano, te ha tocado", que ha decidido
proponerle como su sucesor. Conocida la decisión, la política interna
del PPdeG tomaba un nuevo rumbo, "del que el más beneficiado
tenía que ser Alberto. El contexto le era completamente favorable",
señala un ex ministro, que no es Romay, y con el que el ourensano
llegó a entablar una relación muy directa y sincera.
A partir de ahí, aumentan casi exponencialmente las probabilidades
de que Feijoo sea la persona elegida para relevar a Fraga. Pero las
cosas no rodarán como era deseable para los intereses de los populares.
El 11 de marzo de 2004 se producen los atentados terroristas de Madrid,
y tres días más tarde las urnas dan una gran sorpresa: José Luis Rodríguez
Zapatero derrota a Mariano Rajoy, los socialistas pasan de la oposición
al gobierno y, al revés, los populares del gobierno a la oposición.
"Es un palo tremendo", admitirá días después Feijoo. Y tanto
que sí, porque, por otra parte, Fraga se echa atrás en su decisión
de no volver a presentarse y convence a Rajoy de que la mejor manera
de mantener unido el partido es que él opte a un quinto mandato. No
obstante, Alberto Núñez protagoniza un nuevo avance en su carrera
política, al ser nombrado vicepresidente primero de la Xunta, correspondiéndole
a José Manuel Barreiro la vicepresidencia segunda.
Semanas después tendrá lugar la balteirada, con Cuíña dirigiendo los
hilos para apear a Xesús Palmou de la secretaría generalantes del
congreso del PPdeG y de los provinciales. Coincidiendo con el congreso
porvincial de A Coruña, Romay dirá ante un corro de militantes, refiriéndose
a Alberto Núñez Feijoo: "No lo dudéis es el mejor para ser presidente" "Me gustaban los debates de La Clave"
El interés de Alberto Núñez Feijoo por la política tiene un origen
claramente mediático, que él ha contado algunas veces. "A mí,
de chaval, me gustaba el programa La Clave, de Balbín, en la TVE-2.
Primero echaban la película, que servía de base para luego debatir
sobre el tema elegido. Yo no me perdía un detalle de cómo lo hacían
las personas que participaban en el debate".
Núñez Feijoo admite que le encanta debatir, polemizar, sacar a relucir
las contradicciones que conlleva toda postura política. Para él "la
palabra es una parte fundamental de la política".
Instaurada la democracia en 1977, TVE abrirá sus estudios, con motivo
de las primeras elecciones democráticas, a las entrevistas y los debates
entre los líderes de las distintas fuerzas políticas. Feijoo, que
por aquellas fechas andaba por los 16 años, recuerda el interés y
la atención con que los seguía. "Me los papaba todos. Me lo pasaba
de puta madre", señala convencido.