| Envio de titulares | Agregar a favoritos | |
El artículo

FARENHEIT 2018
| CONFIDENCIAL GALICIA|

En esa época la Junquera de Lourizán había vuelto a su estado natural. Volvía el mar, en las mareas altas, a acariciar, como antes, los aledaños de la carretera a Marín. Cuando el mar se retiraba, en la marea baja, podías ver a gentes cogiendo algas para abonar sus huertas. Algunos, los pies descalzos, preferían caminar sobre la arena aún húmeda. Los más recorrían el inmenso parque natural por las pasarelas de madera enlazadas por puentes de madera. Los lunes, cuando hacía buen tiempo, desempleados y prejubilados se bronceaban al sol. Y los fines de semana, al atardecer, las pasarelas de madera y los puentes de madera se llenaban de ecologistas, estudiantes, paseantes con perro, caminantes solitarios, madres con niños, emigrantes con papeles y emigrantes sin papeles, vendedores de barquillos y vendedores de globos, músicos callejeros, trapecistas, deportistas, novios, parejas, matrimonios, grupos jugando a la llave, familias con las cestas llenas y las sillas y mesas plegables y los manteles a cuadros rojos, gentes con móviles y gentes moviéndose, ateneístas, diletantes, tertulianos, sindicalistas, políticos de carrera, funcionarios políticos y funcionarios sin más, periodistas todo terreno, universitarios, licenciados al sol, pensionistas, ciclistas, niños con patinete y niños con balón, pescadores de caña, mariscadoras, estudiantes de Bellas Artes tomando apuntes, fotógrafos de atardeceres, furtivos, camioneros sin rutas, pescadores sin caladeros, y bañistas. Decenas de bancos de madera distribuidos por la junquera acogían a rezagados y a diletantes. Y no una, cientos de papeleras dispuestas para mantener limpio el humedal. Por San Juan, al anochecer, una gran hoguera de madera iluminaba todo el parque y las llamas que ascendían al cielo podían contemplarse desde el otro lado de la Ría. Y en el centro del hermoso espacio natural se alzaba desafiante un espectacular kiosko de madera, muy frecuentado, de varias plantas circulares ascendiendo al cielo, cual chimenea de la cultura, repletas de cientos de libros, sin pastas, de toneladas de papel en libros, sin pastas. Y así fue como la Junquera de Lourizán se convirtió en el Gran Centro Cívico de toda la Comarca, para pasear, pensar y leer. Y ocurrió que muchos se dedicaron a memorizar capítulos del Gran Libro, para cuando ya no hubiera libros. Se titulaba "La Historia de la Ciudad de Pontevedra".


confidencialgalicia

No hay comentarios

 

©Galicia en PáXinas S.L.
Todos los derechos reservados
.-E-mail: info@noticiasgalicia.com Optimizada para 1024 x 768 píxels.
Aviso legal  | Departamento Publicidad | Tarifas Publicidad