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Texto
Íntegro Conferencia Magistral de
Manuel Fraga en Rusia
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"Ser
político en el mundo actual'': Voy a cumplir,
en noviembre, 80 años. Soy el decano, es
decir, el más antiguo de los políticos españoles
en activo. He sido profesor de Ciencia Política
durante varios años, y uno de los fundadores
de la Facultad de Ciencias Políticas, en
la Universidad de Madrid. He viajado por
gran parte del mundo, y fui embajador en
Londres, pudiendo observar allí uno de los
modelos reconocidos de una política estable
y civilizada, así como de una administración
pública eficiente.
Me ha tocado vivir, sin participar en ella
(tenía 13 años, en 1936), la última Guerra
Civil de mi país; después de un siglo largo
de prolongada crisis política, social y
económica. A partir de 1951, y ya con alguna
experiencia en la Administración Pública
(como funcionario, previo concurso público),
he ejercido diversos cargos públicos, de
varios niveles; he sido dos veces ministro
(primero, de Información y Turismo; después,
de la Gobernación, que hoy se denomina Interior).
Participé de modo muy activo en nuestra
última transición política, a partir de
1975; fui uno de los redactores de la actual
Constitución de España; fundé un partido
que, después de diversas incorporaciones
y relevos generacionales, es actualmente
el Partido Popular de España, y la fuerza
mayoritaria del país. Establecido un sistema
de amplia autonomía para las regiones (17
en España), regresé a mi región natal, Galicia,
en el Noroeste de la Península Ibérica,
donde soy presidente regional del Partido
Popular, y presidente (por cuarta vez, con
mayoría absoluta) del Gobierno autónomo
regional.
En definitiva, he analizado como teórico,
y he vivido en la práctica, todos los problemas
y dificultades de la vida política; todo
ello en un mundo cambiante, fin de siglo
e incluso de milenio. Desde esa experiencia
(que, por supuesto, no ha estado exenta
de errores y de fracasos), voy a intentar
responder a la pregunta que se me ha formulado,
al recibir la amable invitación (que mucho
me honra y agradezco), de disertar sobre
qué ese ser político en el mundo actual.
Voy a intentar hacerlo, plenamente consciente
de la dificultad del empeño, aceptando de
antemano la gran probabilidad de defraudar
su generosa atención, pero siempre desde
el intento de hacerlo de buena fe, y con
plena sinceridad. Voy a intentar hacerlo,
plenamente consciente de la dificultad del
empeño, aceptando de antemano la gran probabilidad
de defraudar su generosa atención, pero
siempre desde el intento de hacerlo de buena
fe, y con plena sinceridad.
EL
POLÍTICO. He de empezar por reconocer
que no se trata de una palabra que disfrute
de un reconocido prestigio para muchos.
El político es un personaje aprovechado,
interesado, hipócrita, que promete más de
lo que puede cumplir, que usa la retórica
para engañar al electorado, que es propicio
a la corrupción y al engaño.
Es frecuente la distinción entre el verdadero
hombre de Estado, capaz de pensar alto,
sentir hondo y hablar claro; una persona
de profundas convicciones y arraigado sentido
ético, para diferenciarlo del político vulgar,
que sólo busca el éxito inmediato, que defiende
intereses poco claros e incluso manifiestamente
egoístas o inmorales, y que, por lo mismo,
merece poca o ninguna confianza y respeto.
La verdad es que de todo hay en la vida
política real, pero, eludiendo el mundo
de la utopía y de la perfección absoluta,
en la actividad política, como en cualquiera
otra, los hombres y las mujeres actúan como
en el resto de la vida en este mundo, con
sus virtudes y con sus defectos. Político
es el que hace de la política, del juego
del poder y de la administración pública,
su dedicación principal o incluso única;
y ello independientemente de sus éxitos
o de sus fracasos, de sus momentos de clarividencia
o de estupidez, de sus deseos de moral o
de sus debilidades ante la tentación. En
Inglaterra alguien dijo que si el Reino
Unido estuviera gobernado por sus funcionarios,
con criterios puramente técnicos, durante
algún tiempo sería el país mejor administrado
del mundo, pero que después los mismos funcionarios
aparecerían colgados de las farolas de la
capital. Porque la política exige que alguien
explique los proyectos al público, y pueda
llegar a acuerdos y compromisos con los
diversos sectores de opinión y de intereses.
Ese es el papel del político: formar mayorías
de gobierno y aceptar concesiones ante las
minorías disidentes.
Es obvio que el político desea triunfar,
por convicción en sus propias ideas y propuestas,
y también por un legítimo orgullo de ser
el mejor, al servicio del pueblo; ello supone
aceptar cambiar la posibilidad de fracasar,
y aceptando definitiva y patrióticamente,
como lo hizo Cariolano en Roma. Es obvio
que el verdadero triunfo deriva del nivel
y la importancia de los servicios que se
logran para la mayoría, para el conjunto
de la sociedad; esos son los políticos que
logran un respeto duradero. Por desgracia,
no faltan malos políticos que procuran ventajas
para ellos mismos, para su familia, para
sus amigos, para grupos determinados de
intereses; e incluso hay que admitir que,
en algunos casos, hay que hacer concesiones
a algunos grupos influyentes, para poder
realizar acciones que interesan a la mayoría;
porque nada, o muy poco, se puede conseguir
sin la ayuda de otros, sin crear organizaciones
numerosas, sin medios económicos, sin el
apoyo de grupos diversos, no todos los cuales
son desinteresados; pero lo importante es
el resultado final.
Reconocido todo esto, vamos a intentar exponer
un tipo ideal de actor político, partiendo
de la base de que rara vez se consigue todo
a la vez, y admitiendo que la diversidad
de tradiciones culturales obliga a reconocer
que todo intento como éste obliga a matizaciones
y precisiones concretas, en función de las
circunstancias históricas y el modo de ser
de cada pueblo. Y siempre recordando que
la perfección rara vez se alcanza en este
mundo, y menos en política.
LA
FUNCIÓN DEL POLÍTICO. Dicho todo
lo anterior, ¿qué es lo que debe hacer un
político?
En primer lugar, intentar establecer y mantener
un orden social aceptable.
Este es un milagro permanente; no hay pastores
divinos, como ya señaló Platón; un hombre
(que es "poco más fuerte que otro'', como
dijo Hobbes) ha de gobernar a otros; unos
pocos a la gran mayoría. Durante milenios,
el orden agrario facilitó las cosas; la
tierra producía un orden social natural.
Hoy no es así, y los cambios constantes
en la tecnología y los métodos de producción,
unidos a la mayor complejidad de la vida
urbana, y a la rápida difusión de los medios
de comunicación, producen un orden social
más complicado, más frágil y más inestable.
Y dentro del ya establecido, hay que promover
ideas, planes y programas para el bien común,
de grupos humanos cada vez más numerosos
y exigentes.
Los temas son ilimitados, si bien cabe destacar
algunos de los más obvios e importantes.
Hay que asegurar la seguridad básica, interior
y exterior; es necesario establecer un orden
de justicia, capaz de mediar en los inevitables
conflictos sociales, evitando que lleven
a soluciones violentas; hay que lograr un
sistema económico, capaz de garantizar niveles
mínimos de subsistencia, para todos; hay
que garantizar servicios sociales que permitan
una vida aceptable, lo que Aristóteles llamaba
la "buena vida''; puntos clave son, evidentemente,
la educación, la sanidad, la lucha contra
la marginación, la defensa de una vida familiar
digna.
El instrumento básico para conseguir todo
ello es un sistema razonable de "poderes
públicos''. La "ordenación'' de los mismos,
la Constitución, es una cuestión capital;
en primer lugar, en cuanto a su "legitimación'',
que hoy, en general, no puede ser otra que
la "democrática'' (en muy diversas formas),
respetando por supuesto los casos de determinadas
tradiculturales. La Constitución, por otra
parte, ha de distribuir armónicamente los
poderes (legislativo, ejecutivo, judicial,
poderes territoriales) de forma que a la
vez "colaboren'' en lo esencial, y también
se "equilibren'' recíprocamente.
Siendo obvio, por otra parte, que en las
grandes y complejas sociedades de nuestro
tiempo es prácticamente imposible (como
ya reconocieron los romanos) la "democracia
directa'', es inevitable la creación de
"partidos políticos'' que coordinan el conjunto
del sistema, a la vez que compiten entre
sí, por su "control'' e "impulsión''. Parece
haber una "ley de bronce de las oligaquías'',
es decir, de grupos que, contando con la
adhesión y apoyo de las mayorías, respondan
del financiamiento del sistema; en las que
el político pueda actuar, ascender (o ser
eliminado), permanecer y actuar, como la
tripulación de un barco.
LA
DINÁMICA POLÍTICA. Asentado el
"sistema'' ha de actuar dentro de él. Siempre
el "ideal'' ha de ser la vocación fundamental
del político; siempre "lo mejor'' ha de
ser su "objetivo último''. La vida de los
hombres, de las mujeres, de los niños, de
los ancianos, de los enfermos, y como mejorarla,
es lo que realmente nos "obliga'' y nos
"motiva''. Hay que ser "realista'', los
medios son limitados, no se puede hacer
todo al mismo tiempo; hay que optar, muchas
veces, por el "mal menor'', si no se puede
lograr inmediatamente el "bien mejor''.
Los hombres somos como somos, es decir,
imperfectos; es maravilloso poder inspirar
a "grupos ejemplares'', pero hay que contar
con "lo posible''.
Por ello, toda realidad política incluye
la "negociación'', el "acuerdo'', el "sacrificio''
de "algo'' para lograr "otra cosa'' más
importante o más urgente. Por otra parte,
hay también "límites'' racionales y éticos
a lo que se puede "renunciar''; hay "líneas
rojas'' que no se pueden atravesar.
El "fin'' puede justificar algunos "medios'',
pero no "todos''. Éste es el terreno "real'',
"difícil'' y a menudo "resbaladizo'' de
toda política. Siempre he creído en dos
"principios básicos'', de la "prudencia
política'': la doctrina aristotélica del
"justo medio'', huyendo de los extremos
y buscando lo posible; y, si hay que escoger,
procurar que, por lo menos, se lgore el
"mal menor''. En resumen, el político ha
de ser un hombre con claros "principios
éticos''; con "vocación de servicio social'';
capaz de entenderse con la "sociedad'',
en su conjunto; y llegar a ella de un modo
natural. Los romanos hablaban del "vir bonus,
discendi peritus''; es decir, el "hombre
bueno'', capaz de "expresarse''. Huelga
decir la aumentada complejidad de este concepto
en nuestro "sociedad mediática''.
CONCLUSIÓN.
He de confesar que no es fácil ser político;
siempre son más los "problemas'' y las "dificultades'',
que la capacidad para darles solución. Parafraseando
un viejo refrán, para ser político hay que
tener algo de santo, algo de poeta, y algo
de loco. La verdad es que todos tenemos
algo de todo eso, pero la combinación y
la proporción de los tres factores arroja
resultados, a la vez "humanos'', demasiado
humanos, y siempre "difíciles''.
Nos ha tocado vivir, además, una época de
"cambios sociales'' en un número, en una
radicalidad y en una velocidad sin precedentes
en la Historia. Y, por supuesto, los intentos
de interpretación y de dirección de los
mismos no resultan fáciles, ni facilitan
el trabajo y la credibilidad del político.
En situaciones históricas precedentes, estos
tiempos de cambio iban, en general, acompañados
de "motivaciones religiosas''; el intento
de reemplazarlos por "movimientos ideológicos'',
normalmente acompañados de propuestas revolucionarias
y tendencias totalitarias y opresoras, no
parece haber mejorado la situación. Hoy,
después de breves intentos de reduccionismo
y de "pensamiento único'', se vuelve a confrontaciones
profundas, dispuestas a usar instrumentos
tan poco justificados como el "terrorismo'',
en todas sus formas. Ello aumenta la responsabilidad
personal e histórica de los políticos.
Desde los filósofos chinos y los griegos
se buscan fórmulas para interpretar, dirigir
y mejorar la acción política. Considero
un acierto de este instituto ensayar el
intercambio de "experiencias'' e ideas,
en un mundo cada vez, nos guste o no, más
globalizado.
Por mi parte, no me arrepiento de haber
aceptado y prolongado una vocación política;
pero debo reconocer que no he aconsejado
este duro camino a mis hijos, ni a los hijos
de mis amigos. Es cierto que la Humanidad
ha probado todas las fórmulas y sistemas
políticos, con diversa fortuna, y sigue
intentando aclarar como se pueden mejorar.
Lo único cierto es que mientras haya hombres
existirán sociedades humanas, y en ellas
habrá "política'' y por lo mismo "políticos''.
Por supuesto, no quisiera que mis palabras
sirvieran de desánimo para nadie, ni en
el terreno de la ciencia ni en el de la
práctica política. Sólo he querido llamar
la atención sobre la especial "responsabilidad''
que implica. Por supuesto, también la abstención
es causa de responsabilidades.
Agradezco la oportunidad que se me ha ofrecido,
y deseo a esta Casa, a quienes la dirigen,
y a los oyentes, que perseveren en su espíritu
de servir a la gran Rusia y a toda la Humanidad.
Porque no es dudoso que Rusia habrá de tener
siempre una especial importancia en los
destinos de este mundo.
elcorreogallego. 01/06/02. |
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