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El vicepresidente y consejero delegado de San José intentó en 1998
la fusión entre Radiotrónica y Duro Felguera y ahora vuelve a la
carga con la opa
El
27 de setiembre del año pasado el precio de las acciones de Duro
Felguera tocaba suelo en el parqué. La cotización de la compañía
asturiana cerraba la sesión a 5,40 euros por título, después de
que el valor se mantuviera estable durante casi cinco meses. Guillermo
Mesonero Romanos, distinguido experto bursátil y uno de los ejecutivos
más activos de este país en el reflotamiento de empresas en crisis,
llevaba tiempo observando con lupa a la Duro. El vicepresidente
y consejero delegado del Grupo San José, fichado por Jacinto Rey
para impulsar el proceso de crecimiento y diversificación de la
constructora, es un perfecto conocedor de Duro Felguera, de sus
fortalezas y sinergias, y también de sus debilidades. Para Mesonero
Romanos, era el momento de emprender su segundo asalto al primer
grupo de bienes de equipo del país, pero en esta ocasión a través
de una oferta de compra en toda regla, que permitiera a San José
hacerse con el control de la empresa asturiana a golpe de talón.
Guillermo Mesonero Romanos y su eterno socio Javier Tallada ya lo
habían intentado en otra ocasión, pero de forma pactada, sin hostilidades.
En 1998, ambos ejecutivos contactaron con Ramón Colao, presidente
de Duro Felguera, para proponerle la unión con Radiotrónica. Entendían
que la complementariedad de las dos empresas podría llevarles a
dominar el mercado y para ello nada mejor que una operación de fusión
por absorción. La dirección del grupo asturiano rechazó aquella
idea. La Duro no estaba dispuesta a contraer matrimonio con la firma
tecnológica cuando por delante asomaba otra novia, Babcock Wilcox,
mucho más apetecible para la consolidación de la empresa asturiana
como líder del sector.
Mesonero Romanos y Tallada presentaban apenas un año después una
opa sobre Amper, filial de Telefónica, por el cien por cien de la
compañía, que resultó ser la operación más accidentada de la historia
de la Bolsa de Madrid. La oferta fue retirada por los gestores de
Radiotrónica en menos de 24 horas. Con Duro Felguera, el brazo ejecutor
del Grupo San José espera no fallar. Guillermo Mesonero Romanos
es consciente de que la reacción en la empresa metalúrgica no es,
ni de lejos, la que entonces se produjo en Telefónica y Lucent,
los dos socios de referencia de Amper.
En setiembre del año pasado, antes de que el valor de la Duro marcara
su mínimo anual, Caja de Asturias se desprendía del 3% del capital
que le quedaba en la empresa de bienes de equipo, a través de sucesivas
aplicaciones en el mercado. La entidad financiera había iniciado
su desinversión en junio de 2003 con la venta de un 2%, a pocos
días de la celebración de la junta de accionistas en la que Ramón
Colao dejaría la presidencia de la compañía a Juan Carlos Torres
Inclán. «Se trata de una operación puramente financiera», subrayaron
entonces en la Caja, pero lo cierto era que en la institución que
preside Manuel Menéndez existía cierto malestar por no haber sido
consultada sobre el proceso de sucesión de Duro Felguera.
Pocos días después de que abandonara el accionariado de la compañía
asturiana, la entidad anuncia su entrada en el capital de Ebro Puleva.
La Caja paga en torno a 65 millones de euros por el 5% del grupo
de alimentación que, años atrás, también había sido reflotado por
el tándem Mesonero Romanos-Tallada y que fue presidido por este
último hasta hacía escasos meses.
Cajastur había incrementado su participación en la empresa de bienes
de equipo en setiembre de 2001, después de que el accionariado fuera
reforzado con la incorporación del grupo de empresarios del sector
del metal que conforman ahora el denominado núcleo de control. La
apuesta de la Caja fue muy bien acogida por Colao y su equipo porque,
en definitiva, suponía un respaldo más para evitar cualquier operación
de 'tiburoneo' que conllevara la pérdida de la identidad de la Duro.
Sólo la presencia de Cajastur en la estructura accionarial contribuía
a ahuyentar posibles asaltos. Además, a la entidad financiera también
se añadía Hidrocantábrico, que poseía poco más del 2% del capital.
Con estas dos empresas de fuerte raigambre regional fuera del mapa
de partícipes de Duro Felguera, el ataque de la constructora de
Jaime Rey a la compañía asturiana presentaba menos complicaciones.
El entramado accionarial que Colao había tejido con la colaboración
del presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, en 2000 se
encuentra debilitado desde hace medio año. El jefe del Ejecutivo
regional logró aglutinar en el capital de la Duro a empresarios
ligados al subsector en el que opera el grupo asturiano, aunque
muy heterogéneos. Sabino Vallina, de la compañía TSK; Tomás Casado,
de Imasa, y José Luis García Arias, de Melca, entraron en el accionariado
para atender al llamamiento de Colao, que clamaba la necesidad de
conformar en la empresa un núcleo duro de índole regional para frenar
cualquier intento de opa hostil. A todos ellos se unió también Gonzalo
Álvarez Arrojo, presidente de Avanza, la segunda operadora de transporte
de viajeros por carretera del país.
revistadeprensa.elcomerciodigital. 27/02/05
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