|
Santiago
Sesto, gerente de Asfhorgal:
"Sólo
a través de la cooperación entre las empresas podremos sobrevivir,
porque el sector tiende a concentrarse"
La
Asociación de Fabricantes de Hormigón y Mortero de Galicia (Asfhorgal)
presentará el próximo mes el estudio "Actualidade e espectativas
de futuro: o sector do formigón en Galicia", en el que se analiza
la coyuntura de un sector básico para el funcionamiento de la construcción
en la comunidad.
El gerente de Asfhorgal, Santiago Sesto, trabajó anteriormente en
organismos como la CEOE y ahora forma parte de la patronal del hormigón
a nivel autonómico, un sector que concentra al siete por ciento
de las empresas de hormigón a nivel estatal, y el seis por ciento
de la producción.
¿Qué nivel de representatividad tiene Asfhorgal en sus primeros
meses de vida?
El sector está formado en Galicia por 46 empresas, y en Asfhorgal
hay casi 30 empresas, lo que supone cerca del 70 por ciento. A nivel
cuantitativo es importante que las empresas gallegas nos apoyen,
y esperamos que entren aquellas que no están, porque la puerta está
abierta para todo el mundo.
¿Cuál fue el motivo de crear la asociación?
Nació de la propia necesidad de las empresas, de su iniciativa,
no vino abanderada por otra cosa. Todas ellas tenían problemas comunes
y necesitaban interlocución propia, y una voz diferenciada dentro
del mundo de la construcción. En algunos aspectos coincidimos con
este sector, pero en otros no.
¿Qué destacaría en estos meses de trabajo?
En cinco meses hemos desarrollado mucho trabajo en clave cooperativo.
Por ejemplo, llegamos a un acuerdo para que todas las empresas puedan
compartir el mismo servicio de prevención.
¿Son servicios que de forma individual no se podrían afrontar?
Sí, la asociación puede asumir los costes de todo esto porque las
empresas, a nivel individual no pueden hacer frente. Sólo a través
de la puesta en marcha de servicios cooperativos podemos mejorar
la eficiencia, la competitividad y en algunos casos lograr la supervivencia,
porque la tendencia en el sector es a la concentración.
¿Y se marcan otros objetivos?
Nuestra intención es integrar todo el tema de la seguridad ambiental
y de la calidad, porque en el hormigón el tema medioambiental es
muy importante.
Siendo la pequeñas y medianas empresas, ¿cómo les afecta la presencia
de multinacionales? De los 170 centros de producción que hay
en Galicia, la mitad está en manos de las pymes y la otra mitad
en manos de multinacionales, pero los 10 primeros fabricantes a
nivel nacional generan la mitad de la facturación. Son datos que
avalan la necesidad de dar un vuelco para agregar esfuerzos, desde
la asociación tenemos que aportar competitividad en un momento en
el que pintan bastos.
¿Es posible entonces competir con ellas?
Asfhorgal nace sin vocación de enfrentarse a nadie, ellas tienen
su espacio y nosotros defendemos a nuestras empresas. No tenemos
los mismos recursos ni capacidades, por eso nos basamos en la sana
competencia, incluso en la complementariedad, ¿por qué no?
Ultimamente se habla mucho de la carencia de innovación en el mundo
empresarial. ¿Afecta al hormigón?
Puede parecer que no, que el hormigón es cemento, agua y aditivos,
pero la innovación es muy necesaria. Por ejemplo, estamos intentando
desarrollar una herramienta TIC para diseñar la movilidad de las
flotas, la automatización de las plantas, y que esto suponga un
ahorro en costes. Esta herramienta no podría abordarla una empresa
a nivel individual.
¿Cómo es el perfil del trabajador?
El sector emplea sobre 3.000 o 4.000 empleos directos e indirectos,
pero somos las pymes que formamos Asfhorgal las que más empleo generamos.
El 50 por ciento de la gente tiene menos de 40 años, y tenemos un
nivel formativo bajo, por eso hay que hacer un esfuerzo importante.
¿Por qué apenas hay mujeres en este sector?
Con la profesionalización de las empresas, éstas van incorporando
a mujeres, pero por lo general no es un nicho de empleo femenino.
Hay que hacer un esfuerzo entre la oferta y en la demanda, porque
no sólo es un problema de las empresas. Y la Administración puede
echarnos un cable a la hora de romper con esos estereotipos.
¿Y sufren la misma siniestralidad laboral que en la construcción?
No, nuestros ratios de siniestralidad son bajísimos, absurdos en
relación con el mundo de la construcción. Estamos en el mismo saco,
pero aunque no son comparables, con el servicio de prevención externalizado
tendremos una herramienta para corregir las tendencias negativas.
Por ejemplo en lo referente a la temporalidad, queremos crear un
nicho de empleo atractivo e interesante.
¿Cómo afrontan 2006?
En obra pública va a mantener en dos o tres años una ligera tendencia
a una subida moderada, mientras que en la edificación civil nos
encontraremos con una ralentización controlada. Pero como son dos
curvas complementarias, tendremos cierta estabilidad.
¿Otros retos?
Estamos preparando un plan estratégico del sector para avanzar en
compras conjuntas, marcas de calidad, incluso plantearnos crear
un sello de calidad de las empresas gallegas del hormigón. Hay áreas
de trabajo pero antes queremos ver las áreas de cooperación que
tienen más sentido, no hacer cosas por hacer.
¿Y a nivel de comercialización?
Las empresas pueden dar el salto instalándose en el exterior, porque
no podemos exportar nuestro producto. Estamos abordando la nueva
oportunidad que representa países como Rumanía o Bulgaria. Podríamos
estar allí de la mano de las grandes constructoras, porque de los
10 grandes grupos mundiales, siete son españoles.
¿Ya se han recuperado de la huelga de transportistas?
En el último conflicto hubo un paro patronal en el que nosotros
teníamos los medios, nuestra propia flota, y nuestros transportistas
en nómina, pero nos vimos obligados a parar. Nosotros entendemos
el conflicto, las causas, pero sólo queríamos que nos dejasen trabajar.
¿Cómo ven una nueva amenaza de huelga?
Queremos que todo se reconduzca, que vaya por buen camino, porque
las repercusiones en clave del sector no son ninguna broma. Es muy
preocupante que una empresa esté parada una o dos semanas. Esperemos
que no se vuelva a repetir porque no tenía ningún sentido.
|