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Jesús
Souto Prieto,
presidente
del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia:
"Galicia
siempre se ha distinguido por tener unos juristas de gran prestigio"
Jesús
Souto, presidente del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, abre
las puertas de su despacho, ubicado en un majestuoso edificio de
la coruñesa Plaza de Galicia, con el mimo de quien sabe que está
disfrutando de un gesto cotidiano que pronto dejará de repetir.
Tras seis años al frente del máximo tribunal gallego, Souto Prieto
hace las maletas. Su nueva casa estará en Madrid, donde ya le espera
la Sala de lo Social del Supremo. Es la meta de todo juez y él la
ha alcanzado.
Primero Fraga al Senado, luego Vázquez al Vaticano y ahora usted
al Supremo...¿supone también en su caso la culminación de toda una
carrera?
En cierto modo sí, ya que la meta de cualquier juez es acabar su
carrera en el Tribunal Supremo, lo cual no quiere decir que estos
cargos no sean extraordinariamente estimulantes y en los que también
se está muy a gusto. Pero claro, las oportunidades se producen cuando
se producen porque vacantes no aparecen todos los días, y entonces
hay que tomar una decisión. La mía fue pedir el Tribunal Supremo.
¿Cómo definiría sus seis años en el Tribunal Superior de Xustiza?
Pues fueron seis años muy agradables porque me permitieron tratar
de mejorar las condiciones generales de la Administración de Justicia
en Galicia. Aunque no dejé de lado completamente la función jurisdiccional,
mi tarea fundamental fue el aspecto gubernativo, que consiste en
velar porque los jueces y magistrados tengan todos los medios necesarios
para poder ejercer su trabajo en los juzgados.
Se trata de ver las necesidades que tienen (en materia de recursos
humanos, materiales o auxiliares) y hacérselo saber a los políticos
que tienen la competencia para resolver estas dificultades, para
que lo hagan lo antes posible.
¿Se va con la sensación de haber dejado algo sin hacer?
Por supuesto que sí, pero no algo que pudiera hacer y no lo hiciera,
porque todo lo que se podía hacer por lo menos se intentó. Lo que
pasa es que claro, las necesidades siguen siendo siempre muchas
más que los medios con los que contamos en cada momento, y en consecuencia
hay cosas que están pendientes. Pero las necesidades que haya en
un futuro se seguirán atendiendo.
¿Cómo vive usted casos que para los ciudadanos de a pie resultan
sangrantes, como el de la familia del taxista asesinado en Ordes
sobre la que se había dictado orden de embargo al no poder hacerse
cargo de las costas judiciales?
Estas cuestiones para nosotros suponen una desazón, pero es algo
que no podemos evitar. Todo el mundo hace una interiorización de
la justicia creyendo que es algo que siempre debe tener una solución
adecuada para los casos concretos, como si esto viniese dado por
una divinidad. Pero nosotros aquí estamos entre humanos, de forma
que el que tenga la mala suerte de sufrir un perjuicio que se le
reclama a una persona que no tiene medios, en ese caso, si no hay
una entidad que responda de forma subsidiaria, la víctima queda
desafortunadamente sin atender. Pero no hay humanamente otra solución.
Mucha gente reconoce que hace tiempo que dejó de creer en la
justicia, ¿qué mensaje le transmitiría a estas personas?
Pues me da pena que piensen eso, aunque comprendo que una persona
que crea tener la razón y no la encuentre satisfecha en una sentencia
pueda tener este sentimiento de pesimismo. No obstante, yo creo
que es fundamental para la justicia que las personas, en términos
generales, crean en ella, por lo que les diría que traten de sobreponerse
a esa impresión.
Nadie puede estar seguro de dar la justicia del caso concreto por
una sola razón, que es que no somos dioses. Las cosas que llegan
al juzgado pasaron en otro tiempo y lugar, por lo que tienen que
ser reproducidas, dependiendo de las pruebas. Y éstas van dejando
jirones de verdad en el camino, aún presuponiendo la buena intención,
ya no digamos si un testigo miente o si hay un perito que no da
un dictamen adecuado sino a favor... Si a eso añadimos que los jueces
son humanos y también se pueden equivocar, o que un asunto puede
estar mal planteado y no haya forma de darle una salida, los supuestos
en los que la solución concreta puede apartarse de la justicia pueden
ser muchos. En ese sentido hay gente que puede estar descorazonada.
¿Supone su nombramiento un reconocimiento a la calidad de los
juristas gallegos?
Desde luego me gustaría que fuese así. Galicia siempre se ha distinguido
efectivamente por tener unos juristas de gran prestigio y el hecho
de que en este caso me hayan escogido a mí, aunque creo modestamente
que hay otras muchas personas que lo podrían merecer tanto o más
que yo, me halaga que me incluyan en esa insigne tarea.
Suenan varios candidatos como sus posibles sucesores, ¿tiene usted
algún favorito?
En absoluto, y aunque lo tuviera, perdóneme, pero no se lo diría
porque sería una imprudencia por mi parte. Además, yo no tengo influencia
para decidir quién me sucederá al frente del Tribunal, ya que es
el Consejo General del Poder Judicial el que tiene que decidirlo.
Si le diese el nombre de una persona se tomaría como un favoritismo
hacia uno y desdoro hacia los demás, además de quedar feo hacer
una profecía de este tipo. Lo que sí sé es que probablemente haya
varios candidatos y, entre los que han sonado hasta ahora, todos
me inspiran confianza porque son buenos profesionales.
Le han dado aproximadamente un mes para incorporarse al Supremo,
¿le dará tiempo de despedirse de todos los amigos que deja aquí?
Trataremos de hacerlo (risas). Yo ya estoy contestando a las cartas
de felicitación que recibo y despidiendome de algunos, aunque no
voy a estar desvinculado de Galicia, por lo que seguiré viendoles
y estando con ellos. De todas formas, aunque imagino que habrá una
despedida colectiva, aprovecho para decir, a todos aquellos que
me quieren bien, que yo seguiré siendo el mismo esté donde esté.
Eso sí, les estoy muy agradecido por todo el ánimo que me han mostrado
durante todos estos años.
Tras casi 20 años de trabajo en Galicia, ¿no sentirá morriña
en su despacho de Madrid?
Inevitablemente. El despacho de Madrid no es, desde el punto de
vista personal, el lugar que más me apetece, aunque tampoco me desagrada.
En cualquier caso, intentaré venir por Galicia siempre que pueda,
precisamente para paliar esa morriña.
¿Qué espera de su nueva etapa profesional?
Espero poder tener salud para seguir trabajando con la misma ilusión
de siempre.
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