noticiasgalicia.com
Google
   

LA ENTREVISTA

Lluís Antón Baulenas, autor de la novela "La felicidad":
"El riesgo de infelicidad es hoy mucho mayor que antaño"


Barcelona vive en 1909 alterada por un cambio que va a convertirla en otra de la noche a la mañana. El sueño de los urbanistas es abrir una gran avenida, la Vía Laietana, que comunicará el centro con el mar, partiendo en dos un barrio, arrasando casas y borrando calles.

El escritor LLuís Antón Baulenas cuenta en "La felicidad" (Editorial Planeta), con este proceso de fondo, la historia de unas gentes y de una una ciudad que quiere despegar del siglo XIX y entrar de lleno en la modernidad, convertida en el París del Mediterráneo.




      

¿En qué se sustentaba la felicidad que buscaban hace cien años los personajes de su libro?
-Al principio del siglo pasado la vida era mucho más simple y, por tanto, mucho más llena de contrastes. En muchos casos, las cosas aún eran igual que hace doscientos, trescientos o quinientos años atrás. Esto puede parecer exagerado, pero era así. Barcelona era por entonces una gran ciudad, con puerto y todo lo que se quiera, pero también con grandes contrastes sociales y barrios con problemas casi medievales. Al mismo tiempo se está inventando un barrio nuevo, que es el Ensanche, cuyo desarrollo todavía hoy provoca sorpresa. Era una ciudad de contrastes, aunque lo malo era muy malo. Por ejemplo, en 1909, en Barcelona tuvo lugar una epidemia de tifus. Perseguir la felicidad en esa época, en una ciudad que fue cuna del obrerismo, del sindicalismo, supone una búsqueda casi utópica de un mundo mejor que llegó hasta la Guerra Civil.

¿Se puede decir que eran felices muchas veces de cualquier manera?
-Todo era mucho más simple que en la sociedad actual y el concepto de felicidad también. En medio de la miseria, de las dificultades extremas para mucha gente, encontramos momentos de felicidad, en que la gente sueña, se enamora y lucha por una mejora concreta y tiene sus aspiraciones. Sucede lo que hemos podido ver en épocas difíciles como la de la postguerra. La gente es capaz de abstraerse y ponerse a bailar en una verbena, celebrar una fiesta y luego intentar salir adelante. En el libro aparecen las dos felicidades, la abstracta, la utópica, y también la del día a día.

¿Tantas dificultades comportarían un gran sufrimiento?
-Sociedades como la de casi hace cien años no son tan complejas como la actual, donde cualquier persona está bombardeada por mil informaciones diferentes cada día que le marcan de una manera muy clara cómo tiene que vivir para ser feliz, con lo que el fracaso está casi asegurado. En la época de nuestros abuelos o bisabuelos, la gente trabajaba quince horas por nada, tenía muchas dificultades, se moría muchísimo más pero, al mismo tiempo, esa simplicidad hacía que no llevasen, necesariamente, vidas amargadas.

¿O sea, que pese a que hemos mejorado en muchos aspectos, somos menos felices que antaño...
-Es obvio que en muchos aspectos la vida cotidiana de las personas ha mejorado. Tienen un estándar y una calidad de vida infintamente superior a la que tenían sus abuelos, pero la complejidad actual obliga moralmente a todo el mundo a hacerse grandes plantamientos de vida, con lo que el riesgo de infelicidad es hoy mucho mayor que en el caso de nuestros antepasados, en que la vida estaba muy ordenada desde el principio. Por ejemplo, en 1909, era muy viva todavía toda la vida derivada de los gremios medievales. Y si alguién tenía un padre y un abuelo zapateros, lo suyo es que también él lo asumiera, pero con orgullo y pensando que sería mejor que sus progenitores. La felicidad iba por otros caminos.

Los personajes de la novela se entremezclan en un aparente sinsentido y hay también un cierto realismo mágico que los enfrenta al absurdo...
-El realismo mágico se manifiesta sobre todo en la aparición de muertos. Son muertos muy vivos que entran y salen y hablan con la protagonista. A veces incluso la aconsejan. Simbolizan ese pasado de la Barcelona que está desapareciendo, incluso físicamente, cuando se decide comunicar el centro con el mar.

De la mano de la modernización vinieron los problemas...
-Uno de los ejes de la novela es precisamente la abertura de lo que se llamó Gran Vía, algo muy muy usual en la España de la época y que se dio también en otras ciudades como Madrid. Fue un concepto basado en la modernización, abriendo grandes vías en los barrios insalubres e intentando llevar la higiene, la modernidad y el progreso. Detrás de eso estaban también unas ansias de especulación brutales que en el caso de Barelona no pararon ante nada. Con la excusa de la modernización se destruyeron casi tres barrios medievales y ello que varios miles de personas perdieran sus casas. Esto fue un hecho muy traumático. En menos de un año se derribaron varios centenares de bloques y unas 12.000 personas quedaron sin techo de la noche para la mañana y tuvieron que buscarse la vida como pudieron. La situación generó un gran malestar que culminó en una revolución popular que se conoce como la Semana Trágica.

VER OTRAS

©Galicia en PáXinas S.L. Todos los derechos reservados.-E-mail: noticiasgalicia@gpx.es.-Optimizada para 800 x 600 píxels.