LUGO
El Tiempo
OPINIÓN
LA TARIMA

Nunca pensé dedicarme a esto. No entraba en mis planes, pero la vida es un carrusel de sorpresas y, cuando menos lo esperamos, ahí está, ofreciéndonos situaciones inesperadas. Corría el año 2001 y pisé un aula por primera vez como docente. Frente a mí tenía a 27 personas que me escuchaban atentamente, medían al milímetro cada palabra de las que pronunciaba, estudiaban cada uno de mis gestos, y seguían al detalle cada uno de los pasos que daba encima de aquella tarima. Pronto me di cuenta de que aquella tarima no significaba en absoluto una barrera de separación entre mis alumnos y yo. Ni quería ni me hacía falta. Pero también comprendí que, si me hiciese falta, no lo lograría. Aquella tarima podía ser la más alta del mundo... Daba igual.

Llegaba a unas aulas desconocidas para mí. Mis alumnos podían perfectamente ser mis hermanos pequeños y, sin embargo, el desfase generacional que vivía en mi quehacer diario era tal, que bien podrían ser mis bisnietos.

Las aulas de instituto que había dejado cinco años atrás eran un oasis dentro de la realidad bien diferente que me tocaba vivir como docente. Una realidad que no permite expulsar a los alumnos del aula, así molesten, incordien, insulten, interrumpan, no dejen atender a los demás... La motivación hacia el estudio, las ansias de querer saber, el orgullo de sacar buenas notas, la admiración y respeto hacia los profesores, encontré había dado paso a un porcentaje nada despreciable de alumnos desmotivados, faltos de hábito de estudio y dedicación.

En medio de ese escenario y, a pesar de aquella tarima, los profesores carecíamos y carecemos de los recursos con los que contaban mis profesores, entre otros, recursos legales alejados de toda burocracia que nos amparen para poder hacer frente a situaciones en las aulas, a veces, insostenibles.

Bajo nuestro sistema democrático se amparan una serie de derechos: Leyes, reglamentos, decretos, más leyes, artículos constitucionales nos garantizan el derecho a infinidad de cosas. Pero lamentablemente muchas veces nos olvidamos de cuáles son nuestras obligaciones recogidas también bajo el mismo sistema. Uno de los derechos básicos de cualquier ciudadano español es el de recibir una educación de calidad. Por tanto, para garantizar ese derecho que todos tenemos, creo que los profesores debemos disponer de una serie de herramientas que nos permitan actuar en ese sentido, y asegurar de este modo el aprendizaje de aquellos que quieren, evitando en la medida de lo posible las distorsiones provocadas por los que solamente conocen sus derechos y no sus obligaciones.

Como docente, estoy satisfecho del anuncio hecho por la Consellería de Educación de estudiar la posibilidad de elaborar una ley de autoridad del profesor. Estoy contento de que algún político gallego se haya acordado de nosotros, y aunque seamos una de las comunidades con menos incidencias de este tipo, bien dice el refrán: "Más vale prevenir que curar". No es lo mismo autoridad que autoritarismo. Y, efectivamente, la autoridad hay que ganársela, pero aún ganándotela hay gente que ni la reconoce ni la respeta. En la vida no siempre se nos reconoce aquello que hacemos bien. Por eso, me gustaría felicitar al máximo responsable de la Consellería de Educación, Jesús Vázquez Abad, al que quisiera reconocer el trabajo bien hecho.

Pablo L.Ferreiro
Concelleiro PP de Monterroso, e Profesor.


12/05/10

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