Iniciamos nuestra visita turística por el pueblo de Combarro, uno de los enclaves más pintorescos de todas las Rías Baixas. Construido directamente sobre el granito y al lado del mar, su conjunto histórico representa la esencia de la arquitectura popular gallega, gracias a que se encuentra escondido al borde de la Ría de Pontevedra. Tras un bonito recorrido por el paseo marítimo desde el que se puede disfrutar de unas hermosas vistas de la costa y de la Isla de Tambo, se llega a la plaza de Chousa, que era antiguamente un playa, desde la que se accederá al casco antiguo de Combarro, al que el pueblo debe la denominación de Conjunto Hisórico, Artístico y Pintoresco. El Combarro antiguo se caracteriza por tres elementos fundamentales: los cruceiros, las casas mariñeiras y los hórreos, que se han convertido prácticamente en su símbolo.
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El cruceiro es una construcción muy extendida en la comunidad gallega y, en el caso concreto de Combarro, cuentan con una peculiaridad añadida, ya que la figura de la virgen está siempre dirigida hacia el mar, mientras que el Cristo mira hacia la tierra. De los dos cruceiros que se encuentran en la plaza de San Roque, que nos da la bienvenida al conjunto histórico, el primero que nos encontramos es de construcción muy sencilla, ya que no cuenta con ninguna figura adosada a la cruz. En cambio, el que preside el centro de la plaza nos presenta a Cristo y a la Virgen del Socorro, figura recurrente en el casco antiguo de Combarro, y que se caracteriza porque lleva en su mano una especie de garrote y porque tiene a sus pies al demonio.
No podemos marcharnos de esta plaza de San Roque sin admirar el edificio que actualmente alberga la biblioteca. Se trata de una de las casas más vistosas del viejo Combarro, y data del siglo XVIII. En ella podemo observar uno de los elementos arquitectónicos más típicos de la arquitectura gallega: la solaina. Se trata de un balcón de piedra que termina en escaleras, una balaustrada de inspiración barroca que sería más propia de pazo o monasterios.
Continuando con el paseo, nos encontramos con
la iglesia parroquial de San Roque, que data del siglo XVIII, y que fue eregida en donde en principio había un oratorio, es decir, un recinto donde se reunía los vecinos para rezar, ya que las misas se realizaban en la isla de Tambo, a la que se podía acceder a pie cuando la marea lo permitía. Inicialmente rezaban a San Sebastián, pero tras sufri una terrible peste en toda la región se decidió cambiar de patrón, y se optó por San Roque, que en aquella época estaba “de moda” en Galicia, y era considerado el gran protecto contra males y enfermedades. Al lado de la iglesia nos encontramos un tercer cruceiro, de fuste cilíndrico, en el que se puede distinguir la imagen de San Roque acompañado de su inseparable perro, “San Roquiño”.
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Siguiendo con la visita, nos encontraremos con el segundo de los elementos principales del estilo arquitectónico propio de Combarro: las casas marineras. Casas pegadas, la planta baja dedicada almacén de aperos de pesca y agrícolas, existiendo en la mayoría de lo casos un lagar para la elaboración del vino para el consumo de la familias. En la planta alta se situaba la cocina al fondo y una sala o sobrado en la parte delantera. Los dormitorios eran de dimensiones mínimas. En la fachada, siempre orientado hacia el mar, destaca el balcón, que cuando era de piedra, era un signo indicativo de que la familia propietaria gozaba de una buena situación económica, mientras que los marineros tenían que conformarse con uno de madera o hierro forjado, que solían pintarlos de colores muy vivos, aprovechando la pintura que les sobraba de sus barcas.
El balcón se apoya sobre columnas, dando lugar a los típicos soportales.
Al final de la calle principal del casco antiguo, denominada 'A Rúa',
hallamos uno de los cruceiros más curiosos y antiguos- data del 1721- del conjunto, que reproduce una Piedad mirando, como no, hacia al mar. En un principio estaba ubicado en el centro de la actual “Praza da Fonte”, aunque posteriormente fue desplazado a un lateral para dejar sitio a l fuente que acabaría dando nombre a la plaza. Este cruceiro se caracteriza, entre otras cosas, porque en la base de su columna muestra en relieve los símbolos de la Pasión y Descendimiento de Cristo (escalera, clavos, tenazas martillo y corona de espinas). Antiguamente estaba policromado, aunque hoy en día ya no se aprecian restos de la pintura original.
A continuación nos adentramos en la parte más desconocida del conjunto histórico-artístico de Combarro: “A Rúa Cega”, es decir, “la calle ciega”, denominada así debido a que es la única zona del viejo Combarro en que las casas que no ven el mar, seguramento porque los vecinos de esta parte del pueblo se dedicaban más a labores agrícolas. Las puertas de las casas son mucho más amplias, permitiendo el paso a un carro o al ganado. Al final de esta calle aparece otro cruceiro, cuyas figuras de la cruz son las más logradas y en su columna se representa el tronco de un árbol.
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Continuando con el paseo, llegamos a la playa de Padrón desde donde podemos disfrutar de una magnífica panorámica, única en el mundo gracias a la treintena de hórreos que la delimitan, atractivo primordial de este pueblo para el turista convencional. Los hórreos son una especie de almacén donde antiguamente se guardaban los alimentos de la casa familiar. Originariamente en esta región las paredes eran de cañas trenzadas, y el tejado era de paja, de ahí que en esta zona se les denomine “palleiras”. En épocas posteriores, siglos XVIII y XIX, se optó por materiales más resistentes, como la madera o la piedra, y aproximadamente de esa época son los ejemplo que se conservan en la orilla del mar. Se colocan sobre columnas para evitar la humedad del suelo o a los ratones.
El cruceiro más moderno del casco antiguo data de 1997 y fue donado por un familia particular. Es el único en el que el Cristo mira hacia el mar y la virgen hacia la tierra, debido a que en el fuste se encuentra una representación de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros, y así ofrece una mayor protección a los trabajadores del mar.
Si la marea está baja, podemos cruzar la playa hasta llegar al Peirao o antiguo puerto de pescadores, punto neurálgico del pueblo, donde se celebraban las fiesta populares. Desde este punto, nos queda seguir por la “Rúa do Mar”, la calle comercial, desde la que aún se pueden ver los últimos hórreos alineados sobre el muro costero, algunos de bellísima factura. De ahí llegamos al lugar conocido popularmente como “A Gurita”, una gran roca granítica con forma de una escalera, por la que podremos acceder nuevamente a la plaza de Chousa.
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El monasterio de Poio es, junto con la villa marinera de Combarro, uno de los puntos tursísticos más atrayentes y conocidos del Concello de Poio. Su fundación es atribuida a San Fructuoso, instalándose ahí la orden benedictina. El primer documento histórico que se conserva donde se menciona este monasterio es del año 942, siglo a partir del cual el cenobio comienza a ganar en poder y riqueza, gracias en gran medida a la protección de los monarcas de los siglos XII y XIII.
Hasta mediados del siglo XIX Poio gozó de gran poder influencia en la zona, pero con la histórica Desamortización de Mendizábal, en 1835, los fueros de monasterio de Poio quedan eliminados, y la Orden de San Benito abandona el lugar, tomando medio siglo más tarde la Orden de la Merced el relevo. Fueron ellos los que emprendieron la reconstrucción de buena parte de edificio, y los que continuarían las obras de restauración hasta la actualidad, después de que en el año 1970 el monasterio fuese declarado Patrimonio Artístico Nacional.
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A lo largo de este último siglo, los mercedarios han logrado mantener la actividad cultural del centro, como lo demuestran las diversas publicaciones que han animado, la organización de jornadas, congresos, y escuelas (Schola Cantorum, Escuela de Mosaicos, Escola de Canteiros,…). Tampoco se puede dejar de mencionar la importante biblioteca que alberga, que con más de 80.000 ejemplares representa una de las más impresionantes de toda Galicia, lo que convierte a monasterio de Poio en referencia cultural inevitable en la zona de las Rías Baixas
A un lado del monasterio, donde antiguamente se ubicaban los huertos, se sitúa el hórreo del monasterio, uno de los más grandes de toda Galicia, con 123m² de superficie. Además existe una calzada romana que une el monasterio con una carretera cercana. Se trata de uno de los escasos ejemplos de restos romanos que se encuentran en el municipio de Poio.
En Porto Santo, parroquia de San Salvador de Poio se hallan las ruinas de la denominada Casa Natal de Cristobal Colón o Casa da Cruz, llamada así por encontrarse frente a ella un crucero en cuya base podía leerse la inscripción "Juan Colón, 1490".
A escasos metros hallamos la Finca La Puntada, que perteneció a los Duques de Veragua, descendientes del descubridor, como la propia historia acepta y próxima a esta, la Huerta de Andurique, propiedad en 1519 de Juan Colón. ¿Pero quién era este personaje, cuyo nombre aparece en muchos documentos de la época e incluso grabado en piedra detrás de un altar de la Iglesia de Santa María? Este Juan sería bisnieto del primer Colón establecido en España y en Galicia hacia 1380 y que desempeñó el cargo de procurador de una cofradía de la ribera, abuelo a su vez de la madre de Cristóbal. Bartolomé -como así se llamaba- fue el primer genovés afincado en estas tierras, por lo que las nuevas teoría no niegan el origen italiano de la familia del Almirante, aunque no así su cuna, como estamos viendo.
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El Centro de Interpretación Arqueológica situado en la parroquia de San Salvador pretende convertirse en uno de los referentes del arte rupestre en la provincia, ya que albergará un proyecto expositivo en el que los visitantes podrán conocer de manera detallada las características de 22 petroglifos existentes en el municipio, además de incluir una réplica exacta del petroglifo Pozo Ventura, de unas características excepcionales en el arte rupestre de esta zona de la península, y que recuerda más bien a otras piezas halladas en Irlanda o la región de la Bretaña francesa.
El Concello de Poio cuenta con gran número de restos prehistóricos distribuidos por su geografía, pero principalmente localizados en la zona de A Caeira-Boa Vista. Se trata de interesantes conjuntos de arte rupestre, también conocidos como petroglifos, que pertenecen a la Edad de Bronce (1800-600 a.C.) y constituyen una parte importante del patrimonio arqueológico y cultural del municipio, e incluso tres de ellos -Laxe do Xugo, Laxa das Lebres y Pedra Grande de Montecelo- cuentan con la protección específica de Monumento Nacional.
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Estos interesantes conjuntos se encuentran sobre rocas graníticas de formas variables y de grandes dimensiones (la más grande mide cinco metros de largo). La temática dominante en estos grabados rupestres la podemos agrupar en dos grandes bloques: geométrico y naturalista, con la existencia de una gran variedad de representaciones tales como ciervos, cazoletas, combinaciones circulares y diversas figuras antropomórficas. Estos lugares suponen, además, unos magníficos miradores naturales sobre la ría de Pontevedra.
Otras alternativas de interés son las Rutas dos Muíños la mayoría de los cuales se encuentran en lugares de espectacular belleza, aunque destacan por su buen estado, por un lado, la Ruta de los Molinos de La Freixa, en la parroquia de San Xoan; y por otro la Ruta de los Molinos de Samieira, en la parroquia del mismo nombre.
Una visión diferente del municipio se ofrece con la
Ruta Cicloturística dos cruceiros para los que gustan de la naturaleza y la cultura y a los aficionados al aire libre.
Y para los amantes de la buena comida, en Poio existen gran variedad de establecimientos de hostelería, con cocina de muy buena calidad, como lo demuestra el ser el único municipio gallego que ostenta el honor de tener dos restaurantes con estrella Michelín: el Pepe Vieira y Casa Solla.
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