¿Quién
quema el monte?
El otro
día cuando volvía a recogerme para casa con mis hijas pequeñas, el
espectáculo de horror que presenciaron las dejo impávidas. No era
el fuego de la película de Bamby, las llamas eran reales y estaban
a pocos pasos de ellas. Como si fuera por un efecto reflejo la más
pequeña me pregunto ¿quien quema el monte, papa? Me quede casi más
helado, con la pregunta, que con la misma imagen de los incendios
que iluminaban la noche del sábado en el cualquier lugar de la provincia
de Pontevedra. ¿Que contestarle? Se me ocurrieron muchas respuestas
pero los niños no tienen aun sombras en los ojos y no las entenderían.
Me la intente responder a mi mismo a lo largo del camino y tampoco
obtuve respuesta. Pensé en obscuros intereses económicos, y hasta
busque justificaciones absurdas tanto ideológicas como culturales.
Ninguna era respuesta suficientemente clara y contundente, para la
magnitud de tal grave atentado contra humanidad.
Ningún gallego es ajeno a lo que está sucediendo en nuestros montes,
de principio porque es nuestra tierra, nuestro color y lo que nos
da la calidad de vida que poseemos y que tanto envidia da a los que
nos vienen a visitar.
Fuera de las funestas declaraciones la Ministra Narbona, y cualquier
postura extremada ecologista, no creo que haya nadie que no condene
que se queme el sistema de arbolado mas rico de la península ibérica.
La sociedad gallega vería con un buen agrado que se promovería una
cultura institucionalizada de promoción de la conservación de los
montes que disfrutamos. Lo que no nos complacería que esto quede en
³una cultura apagafuegos ³, y ya esta. En un vamos a dedicar mas medios
para apagar incendios, hay que prevenir enseñando incluso también
castigando con toda la supremacía de la ley y el derecho estas acciones
pirómanas.
En fin todas todas las voces, y me imagino que por solo esta vez,
estarían de acuerdo no conmigo sino con el fin que se persigue.
Porque nos jugamos algo más que intereses económicos, culturales,
ideológicos y personales, nos jugamos el fin, nuestra propia supervivencia
y la de nuestros hijos, y que ellos sigan presumiendo que viven en
la esquina verde de España y sobre todo que algún día ellos cuenten
a sus hijos que sus padres fueron capaces de recuperar la cordura
para proteger la naturaleza, es decir a así mismos.
Gregorio A. Andion
Pontevedra
26/08/05
gandionl@hotmail.com |