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A la memoria del pintor José Miguel Tomé
En
Santiago de Compostela coincidí con el pintor José Miguel Tomé en
los 60 cuando llegamos para estudiar. El vino de Zamora a estudiar
Medicina, pero lo suyo fue siempre la pintura. Después me lo encontraba
por uno de los primeros pub de Santiago, el Modus Vivendi, donde
se celebraban exposiciones artísticas.
Sin embargo, donde nos hicimos amigos fue en las tertulias de la
cafetería de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales
de Santiago de Compostela. A las 12 del mediodía coincidíamos Tomé
y los profesores de dicha Facultad Xosé Alberto García Suárez, Ramón
López Suevos, Xavier Villar Trillo y el que suscribe, el núcleo
duro de la tertulia. Algunas veces se sumaban, también, Isabel Méndez
Naya, José Antonio Taboada, Suso Vega y algún otro (Arias Veira,
Cao, Caramés, Jordan, Quiñoá, etc.). En estas tertulias, que duraban
tres cuartos de hora, pasábamos revistas a lo divino y humano. En
esta hora de café hablé mucho con Tomé (aún recuerdo su sonrisa
coñona) y pude acudir a exposiciones suyas, de las que nos daba
cuenta en la tertulia.
Tomé me cayo muy bien porque era un pintor que no iba de pintor,
de dívino, y esto en un mundo, en mi opinión, tan dominado por el
narcisismo, la pose, el autobombo, las apariencias, la pedantería,
etc. para mi es muy importante porque creo que al arte y, en concreto,
a la pintura, en muchos casos, los escaralla la trangallada, el
número que se montan, los montajes que organizan los artistas y
todo lo que les rodea.
Eso, sí, de un tiempo para acá una parte del arte y los artistas
no salen muy caros porque el Estado, con la funcionarización de
buena parte de la cultura, con la sociedad de espectáculo y la imagen,
y a lo que se ha sumado el mundo artístico, ha convertido la cultura
y el arte en Cultura y Arte de Estado. Lo que, en mi opinión, es
muy negativo porque el arte en lugar de ayudarnos a su manera a
la búsqueda de la verdad, en lugar de cavar en la ignota naturaleza
humana para encontrar nuevas formas de ver, pensar, sentir y expresarse,
pasa a ser una forma de manipular, de contaminar el alimento y medios
espirituales, inmateriales.
En la Facultad de Económicas y Empresariales de Santiago de Compostela
vi a Tomé pintar el mural que esta en la pared de la entrada del
aula B. Curiosamente el aula en la que, con expertos, investigadores,
emprendedores, representantes de diversos movimientos sociales de
Galicia, España y otros países pero también con artistas (han pasado
músicos, pintores, escritores, poetas, etc.), vengo organizando
desde los años 70 conferencias-coloquio, ponencias y debates para
que los estudiantes, investigadores e interesados en general puedan
confrontar sus estudios e hipótesis con dichos expertos, analistas
y, de esta manera, puedan enriquecerse científica, cultural e intelectualmente,
para tratar de vincular activamente la universidad con la realidad
social en la lucha por el desarrollo honrado, responsable y de juego
limpio a escala personal, grupal y social, local, nacional e internacional.
Por ello, me he alegrado mucho de que esta actividad universitaria,
hecha con la intención de ayudar a reflexionar y criticar con honradez,
rigor y fundamento, de alguna manera se haya visto vinculada con
el mural, con la reflexión pictórica de Tomé.
Pude ver la excelente exposición que organizo la Universidad de
Santiago de Compostela en la Sala de Exposiciones del Palacio de
Fonseca, después de su muerte y como merecido homenaje al pintor
Tomé. Me alegró mucho el éxito que ha tenido, pues, la obra expuesta,
que nos hace pensar y que nos cuestiona, me pareció magnifica, de
gran altura, de gran fuerza.
También asistí al acto que organizo el rectorado de la Universidad
de Santiago de Compostela y la Facultad de Económicas de Santiago
con motivo de la culminación de la restauración del mural de Tomé.
Restauración que seguí durante toda su elaboración y que realizaron
con gran entrega las restauradoras María Gómez García y Carmen Menéndez
Montero.
En este acto pude manifestarle mis condolencias a la viuda del pintor
Tomé, Maiso Villot, y a su hijo Roi, y decirles que Tomé, además
de buen pintor, me pareció siempre una buena persona. La viuda me
dijo que coincidía en mi apreciación y me señalo que para ella lo
mas importante es ser buena persona. Con lo que estoy plenamente
de acuerdo, como le dije.
Descanse en paz el amigo y excelente pintor José Miguel Tomé.
16/10/07
cpcancio@usc.es
miguelcancio.com
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