|
La educación es una actitud
Parece mentira que, en pleno siglo XXI, el ser humano no aprenda. Se
resiste a hacerlo. Es más fácil que se lo den hecho.
Pensar que sociedades anteriores llegaron a comunicarse, a moverse,
defendieron sus murallas, sus idiomas, lucharon por su identidad y despertaron
esa lucecita a la que llamaron "ilustración". Ansiadas épocas
donde el valor de las palabras llenaba su existencia.
Asistir como espectador a una sociedad como la del siglo XXI, débil
por naturaleza, desde su nacimiento, desde generaciones alimentadas
por la ignorancia, sin defensa alguna de nuestras murallas, de nuestra
identidad, y perdiendo el valor del conocimiento y la razón, me provoca
desazón. No una desazón existencial como la de tantos ilustres que conocemos
por la historia. Una desazón de impotencia. De saber que cada vez se
está haciendo una bola más grande, que además empieza desde que somos
pequeños.
¿En qué banco o rincón se ha dejado olvidada la educación? La buena
educación, el conocimiento, las buenas maneras. No es sólo cuestión
de unos pocos. Unos pocos compartiendo educación son una isla en un
océano. El Gobierno debería pararse a pensar en el valor más importante
que tenemos en la sociedad: la educación. Es nuestro futuro, el futuro
de todo lo que creamos. Compartimos grandes creaciones gracias a grandes
genios como Leonardo Da Vinci, Beethoven o Einstein, pero nos olvidamos
de cómo se llega a ellas. Compartimos grandes victorias gracias a grandes
héroes como Cayo Julio César, Mandela o Steve Jobs. Sus creaciones y
heroicidades son fruto de su educación. Un concepto tan amplio que no
se vive sólo en el colegio, en casa o en la calle, sino que ha de estar
presente en el ADN de nuestra sociedad.
Cada vez más la educación es más precaria. Por muchos libros que tengan
nuestros hijos en el colegio, por muchas pizarras digitales o muchos
ordenadores, o por muchas actividades que desarrollen. Si no son bien
dirigidos y reconducidos, sólo les llevan a hacer las cosas más fáciles,
sin esfuerzo, sin objetivos... La educación es una actitud, parte de
uno mismo, de un profesor, de un padre, de un abuelo, de un camarero,
de un albañil, de un abogado, de un médico... Todos, con nuestra actitud
en el día a día, construimos educación.
Lamentablemente no ocurre así en nuestra sociedad. Hace un mes acudí
a la policía porque tuve poner una denuncia. Salí después de una hora
y media, que fue lo que el amable policía tardó en rellenar un folio
sólo por su anverso, y con un gran encabezamiento ya diseñado. No sabía
usar el programa de ordenador que todos los españoles pagamos para su
modernización, no sabía ordenar la información para plasmarla, no tenía
vocabulario para expresarla, no sabía nada de "h" o "b"
o "v". Y por supuesto, obvió cualquier signo de puntuación.
Al final, le dicté yo la denuncia y le expliqué cómo funcionaba word.
Desesperante y patético. Ayer en televisión, una madre y una hija intentaban
ganar 1.000.000¤ en un programa dirigido por Carlos Sobera. Imposible
tarea con su nivel de educación. Bonita imagen verlas unidas. La televisión
es un medio en el que vemos cada día a periodistas e invitados que no
saben utilizar el lenguaje, que llenan los hogares españoles de su ignorancia
y la hacen compartida, con desconocimientos básicos que revelan la falta
de educación de esta sociedad. Todos hemos oído que los jóvenes con
formación quieren migrar a Alemania donde Angela Merkel pone el "caramelo".
Vergüenza debería darnos asistir en el siglo XXI a otra emigración en
este país. Estamos asistiendo a un cambio social enorme: inmigración
de mano de obra y emigración de talento. Algo claramente se está haciendo
muy mal.
¿Es esta la sociedad que nos representa? ¿Dónde ponemos el listón? ¿Quién
lo pone?¿Es esta la sociedad en la que invertimos futuro? ¿Es este el
resultado en el que el Gobierno invierte nuestros recursos? Ruego pensemos
en ello. Ruego que el Gobierno se pare a pensar en este gran valor que
tiene olvidado: la educación. Entonces, empezaremos a superar la crisis,
cualquier crisis, y podremos verlas pasar de lejos, sabiendo cómo reaccionar
y estando preparados para ellas. No podemos dejar que esto suceda. No
podemos quedarnos cruzados de brazos ante la ignorancia. Estamos en
el siglo XXI. No podemos.
02/03/11
 |
|