TRIBUNA ABIERTA
LA MIRADA | Mónica García Paz |

La educación es una actitud

Parece mentira que, en pleno siglo XXI, el ser humano no aprenda. Se resiste a hacerlo. Es más fácil que se lo den hecho.

Pensar que sociedades anteriores llegaron a comunicarse, a moverse, defendieron sus murallas, sus idiomas, lucharon por su identidad y despertaron esa lucecita a la que llamaron "ilustración". Ansiadas épocas donde el valor de las palabras llenaba su existencia.

Asistir como espectador a una sociedad como la del siglo XXI, débil por naturaleza, desde su nacimiento, desde generaciones alimentadas por la ignorancia, sin defensa alguna de nuestras murallas, de nuestra identidad, y perdiendo el valor del conocimiento y la razón, me provoca desazón. No una desazón existencial como la de tantos ilustres que conocemos por la historia. Una desazón de impotencia. De saber que cada vez se está haciendo una bola más grande, que además empieza desde que somos pequeños.

¿En qué banco o rincón se ha dejado olvidada la educación? La buena educación, el conocimiento, las buenas maneras. No es sólo cuestión de unos pocos. Unos pocos compartiendo educación son una isla en un océano. El Gobierno debería pararse a pensar en el valor más importante que tenemos en la sociedad: la educación. Es nuestro futuro, el futuro de todo lo que creamos. Compartimos grandes creaciones gracias a grandes genios como Leonardo Da Vinci, Beethoven o Einstein, pero nos olvidamos de cómo se llega a ellas. Compartimos grandes victorias gracias a grandes héroes como Cayo Julio César, Mandela o Steve Jobs. Sus creaciones y heroicidades son fruto de su educación. Un concepto tan amplio que no se vive sólo en el colegio, en casa o en la calle, sino que ha de estar presente en el ADN de nuestra sociedad.

Cada vez más la educación es más precaria. Por muchos libros que tengan nuestros hijos en el colegio, por muchas pizarras digitales o muchos ordenadores, o por muchas actividades que desarrollen. Si no son bien dirigidos y reconducidos, sólo les llevan a hacer las cosas más fáciles, sin esfuerzo, sin objetivos... La educación es una actitud, parte de uno mismo, de un profesor, de un padre, de un abuelo, de un camarero, de un albañil, de un abogado, de un médico... Todos, con nuestra actitud en el día a día, construimos educación.

Lamentablemente no ocurre así en nuestra sociedad. Hace un mes acudí a la policía porque tuve poner una denuncia. Salí después de una hora y media, que fue lo que el amable policía tardó en rellenar un folio sólo por su anverso, y con un gran encabezamiento ya diseñado. No sabía usar el programa de ordenador que todos los españoles pagamos para su modernización, no sabía ordenar la información para plasmarla, no tenía vocabulario para expresarla, no sabía nada de "h" o "b" o "v". Y por supuesto, obvió cualquier signo de puntuación. Al final, le dicté yo la denuncia y le expliqué cómo funcionaba word. Desesperante y patético. Ayer en televisión, una madre y una hija intentaban ganar 1.000.000¤ en un programa dirigido por Carlos Sobera. Imposible tarea con su nivel de educación. Bonita imagen verlas unidas. La televisión es un medio en el que vemos cada día a periodistas e invitados que no saben utilizar el lenguaje, que llenan los hogares españoles de su ignorancia y la hacen compartida, con desconocimientos básicos que revelan la falta de educación de esta sociedad. Todos hemos oído que los jóvenes con formación quieren migrar a Alemania donde Angela Merkel pone el "caramelo". Vergüenza debería darnos asistir en el siglo XXI a otra emigración en este país. Estamos asistiendo a un cambio social enorme: inmigración de mano de obra y emigración de talento. Algo claramente se está haciendo muy mal.

¿Es esta la sociedad que nos representa? ¿Dónde ponemos el listón? ¿Quién lo pone?¿Es esta la sociedad en la que invertimos futuro? ¿Es este el resultado en el que el Gobierno invierte nuestros recursos? Ruego pensemos en ello. Ruego que el Gobierno se pare a pensar en este gran valor que tiene olvidado: la educación. Entonces, empezaremos a superar la crisis, cualquier crisis, y podremos verlas pasar de lejos, sabiendo cómo reaccionar y estando preparados para ellas. No podemos dejar que esto suceda. No podemos quedarnos cruzados de brazos ante la ignorancia. Estamos en el siglo XXI. No podemos.



02/03/11

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