El
efecto del nuevo año
El
año nuevo viene con el nuevo regalito del hoy estamos peor que ayer,
al día siguiente de decir que estábamos mejor que hace un año y estaremos
mejor dentro de un año. Ya lo vaticinó el CIS que el terrorismo era
la tercera preocupación. Muchos efectos son ya los que las doce uvas
son incapaces al menos de remozar.
Paro es el principal problema para los españoles con una economía
que crece y crea empleo, que los arúspices para 2.007 no han logrado
ocultar las negras sombras. Inmigración, la que nos enriquece y beneficia.
Efecto Caldera de la inmigración ilegal masiva no ha parado desde
que se dio la señal de salida. Por tierra, mar y aire. Los del mar
son los que más llegan al alma.
Manifestaba el prócer del Ministerio de Interior antes de llegar el
invierno, que los cayucos dejaban de llegar y que eso era un hecho.
Fue palabra de portavoz de Gobierno, portavoz de partido en el Congreso
y uno de las personas que sólo saben lo que el presidente del Gobierno
sabe. Los hechos le desmintieron y los cayucos seguían llegando con
la fotocopia plastificada de las declaraciones de Caldera grabadas
en el alma de los africanos. 120 inmigrantes llegan en cayuco a Gran
Canaria sin temer al frío, a las corrientes y perder la vida.
Uno ha llegado muerto y otros dos fueron lanzados al agua para alimento
de los peces. No son los únicos, que ya se cuentan por miles los que
han dejado en el Atlántico lo más preciado que tenías, la vida. Los
efectos del nuevo año son por tanto los mismos efectos del año anterior,
permaneciendo la indolencia de buena parte de los ciudadanos en "el
ande yo caliente ríase la gente". Efectos que van alcanzando poco
a poco a más individuos, al que sólo cabe un remedio: que decidan
pronto los ciudadanos en su conjunto.
03/01/07
carlosnava@terra.es
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