¿No
es violencia doméstica la filiopaternal?
Ante
los 8 asesinatos de madres a manos de sus hijos considera la secretaria
general de Políticas de Igualdad, Soledad Murillo, que al estar "perfectamente"
incluidos en el Código Penal no es necesario que estén amparadas en
la Ley contra la Violencia de Género. Lo justifica porque si es difícil
denunciar, aún lo es más si es de madre a hijo. Aporías que llevan
al absurdo, que podrían contrarrestarse con que toda la violencia
doméstica podría tratarse con el Código Penal añadiendo medidas civiles
de orientación y mediación familiares, y no habrían aumentado las
muertes como lo ha hecho en 2.006 con la ley socialista. Atisbos de
sectarismos se detectan al defender la denuncia del no definido y
ambiguo maltrato -legalmente- al hombre compañero, disculpándolo de
no hacerlo si es el hijo quien lo practica. La realidad es que todo
aquello que quieren llamar familia que no son sino familias desestructuradas
-incluso componendas antinaturales- son cimientos más sólidos para
edificarse la violencia. Ocho madres asesinadas por sus hijos necesitan
desbrozar cuáles son las situaciones que han llevado a ello, que posiblemente
provengan de lo que se llaman hogares monoparentales, madre con hijos
fruto del divorcio o sin padres. Del total de 18 mujeres asesinadas
adicionales a las 79 de la catalogada que el Ministerio de Asuntos
Sociales expone, 8 fueron por otros familiares y dos por los padres.
Es evidente que esta violencia que aumenta no se corresponde con las
macormanifestaciones que se sucedían en la anterior legislatura, al
mismo tiempo que se favorece la desestructuración familiar con leyes
que lo favorecen o crean las circunstancias de la irreconciliación.
La violencia filiopaternal es una más -con mayor importancia- dentro
de la violencia doméstica que no puede resolverse con leyes ideologizadas,
sino desde el espíritu del bien social común que ha sido desde siglos
la familia. El relativismo moral del concepto de familia que pretende
el buenismo del acogimiento de personas con vínculos bajo un techo
común, es peligroso a medio plazo como demuestran las estadísticas
mortuorias en estos ámbitos. Es probable y deseable que se reiteren
las manifestaciones populares contra todo tipo de violencia y particularmente
la doméstica, eso sí, esta vez desde el posicionamiento de crear normas
que protejan a todos los componentes de la unidad familiar, creando
mecanismos para que su disolución no sea letal o simplemente se oriente
y medie.
05/01/07
carlosnava@terra.es
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