Transparente
crudo iraquí
Me
dirá que el petróleo no es transparente, pero su oscura viscosidad
física que no cambia en Iraq debería serlo en su gestión allí. La
cuestión resulta en que la convulsa y sangrienta democracia iraquí
tiene previsto ceder el 75% de los beneficios de la extracción de
crudo a compañías norteamericanas y británicas, cosa que contradice
brutalmente los porqués de la actuación armada en este país por parte
de las dos potencias. Fue Blair el que dijo que para nada decidirían
sobre el petróleo y el Secretario de Estado norteamericano Powell
que los recursos pertenecen a los países que los disponen. Nada más
lejos de la realidad estas afirmaciones, que hunden aún más en el
desprestigio la acción bélica de esta guerra, que cambia el trueque
de petróleo por alimentos en el embargo a Sadam por la ONU, a un nuevo
petróleo por fuerzas armadas y protección a las actuales instituciones.
El petróleo no vale las decenas de miles de vidas iraquíes -en su
mayoría civiles- y las de más de 3.000 militares estadounidenses,
británicos e incluso de las fuerzas humanitarias occidentales. Si
es lucha por la democracia, la libertad y el terrorismo fuera de los
países de origen, más leña al fuego hacen con esta concesión a británicos
y estadounidenses en su ya enormemente criticada postura que ha supuesto
el actual avispero iraquí. Otra cosa bien distinta son los lazos preferenciales
de comercio y garantías de suministro que un Iraq democrático estableciera
con las democracias occidentales, especialmente las que allí están
interviniendo. El petróleo pertenece tanto a sunníes, chiítas como
kurdos, correspondiendo su gestión a ellos coadyuvados por tecnología
extractiva y distribuidora de las potencias occidentales, pero remunerados
con márgenes comerciales razonables. Mantener esa hipoteca en esta
región de Oriente Medio -que prevé incluso pasadas décadas mantener
el 20% de beneficios- es condenarla a un inmoral pago que perpetuará
la violencia y el odio a Occidente.
10/01/07
carlosnava@terra.es
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