¿Y
el pancarterismo de género?
No
hay diferencias regionales en la transversal violencia doméstica esta
vez ocurrida en Toledo, con todos sus componentes asesinados y el
agresor suicidado: mujer, madre, hijo y el intento a sus otras dos
hijas en lugar diferente del crímen. Esta brutal masacre debería ser
el punto de inflexión del fracaso de una ley que fue bendecida por
todos los partidos políticos, especialmente por el partido socialista
que la legisló y las asociaciones feministas que antaño inundaban
las calles protestando contra el anterior gobierno. Incluso llegaron
a manifestarse contra el CGPJ por sus objeciones de constitucionalidad,
dejando tantas rosas rojas en la puerta de la institución como número
de mujeres asesinadas por sus parejas. Ahora hay otro gobierno y las
manifestaciones de protesta contra él ya no se suceden, incrementándose
las víctimas. Una ley calificada por juristas y muchos padres afectados
como sexista y discriminatoria, se ha demostrado ineficaz ante ejemplos
cuya brutalidad manifiesta se ha expresado ahora en Toledo. ¿Dónde
está ahora el pancarterismo de género protestando al gobierno por
estas muertes?. Es triste que estas desgracias familiares sean vistas
desde puntos de vista ideológicos y de partido, que impidan ver la
realidad del fenómeno desde los vicios ocultos de la sociedad y del
sistema. El edificio familiar se sustenta con cimientos y pilares
debilitadas con vicios estructurales, que estallan en algunos casos
con trágicos desenlaces sin que ya la ley pueda llegar. Denunciar
es la irreversibilidad de la integración familiar, por mucho incremento
que se realice: la Comunidad de Madrid más de 18.000 anuales aumentó
el 35% y 1.500 condenados a cárcel. La ley no funciona a pesar de
los medios y financiación que dicen que se necesitan. Ya se han hecho
multitudinarias manifestaciones en favor de la familia en esta legislatura,
no sería mala idea una convocatoria para solucionar esta lacra mediante
la perspectivas de base familiar, orientación, prevención y corrección.
Es evidente que quien termina suicidándose no hay ley penal que le
vaya a impedir finalmente su propósito.
20/02/07
carlosnava@terra.es
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