La
piedra de lapidar
Es
una pena que con la contundencia que se pronuncia el ministro Caldera
contra los maltratadores no lo haga contra todo tipo de violencia
hacia un ser humano esté donde esté. Al mismo tiempo que proclama
que los maltratadores no tienen cabida en esta sociedad, dicho en
apoyo de la ideologizada ley de violencia de "género", en Arabia Saudí
una viuda de 39 años ha sido condenada a la lapidación por adulterio
(fuente del periódico al-Watan de la ciudad de Hail). Su pecado conforme
a la ley islámica -que es ley del Estado-, es haber llevado a término
un "embarazo ilegítimo", teniendo un hijo a los seis años de haber
fallecido su cónyuge.
Ella no ha sido animada a denunciar a su Estado maltratador que le
conducirá a la muerte, ni tenía leyes que le protegieran su obligado
abandono a la pobreza tras la muerte de su esposo: sus anteriores
tres hijos y el nacido irán a un reformatorio. En España se fomenta
la religión islámica, incluso donando solares cómo en Sevilla para
construir mezquitas financiadas con dinero de Arabia Saudí y la misma
piedra que allí lapida. El dinero no entiende de derechos humanos,
ni el abrazo a religiones conllevan la exigencia del acatamiento de
los mismos.
Aquí se financia con dinero público textos de religión islámica, y
allí se persigue la religión católica en una nula reciprocidad, siendo
su ley inspirada en su religión la que lapida a mujeres sin piedad.
Su delito, el adulterio por no poder casarse después de fallecer su
marido. La piedra que aquí se funda es distinta que con la allí se
lapida. Los que según Caldera no tienen cabida en esta sociedad dejan
el hueco para otros que siguen criterios más reglados, con fácil desviación
de los derechos humanos. No hay protesta generalizada del gobierno
y sus feministas apoyos, pero lo cierto es que recordando tiempos
superados esta mujer no planteará recurso en su inducido deseo de
"purificarse el alma y ganar el paraíso".
22/11/06
carlosnava@terra.es
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