Para
los amantes del vuelo, o los que desean iniciarse en este deporte,
los diversos aeroclubs
provinciales, así como escuelas privadas de parapente
o ala
delta, hacen posible que esta experiencia de grandes
sensaciones sea posible para todo tipo de personas.
Desde
siempre ha sido una constante el deseo del hombre de imitar
a las aves; volar y disfrutar de maravillosas vistas, desplazándose
de un lugar a otro sin pisar suelo. Dentro de esta experiencia,
figuran diferentes modalidades, un amplio abanico de posibilidades
para cada persona y gusto.
El
ala
delta, según dicen los que lo han probado,
resulta ser la forma más natural de volar, ya que no
existe ni palanca ni unos mandos con los que controlar el vuelo,
sino que es uno mismo quien se desplaza y proporciona el control
aprovechando las corrientes.
Esta
forma particular de control proporciona un mayor placer y una
mayor sensación de libertad. Para la práctica
de este deporte se requiere ser mayor de edad y
condiciones físicas saludables para correr en
los despegues y aterrizajes.
El
parapente
también es una modalidad de vuelo libre que se desarrolla
en contacto con la naturaleza. Su historia es muy reciente.
A partir de las investigaciones de la NASA para la búsqueda
y recuperación de las naves espaciales, surgió
este perfil aerodinámico que permite desplazarse por
la atmósfera. Con el tiempo se fue mejorando la calidad
del perfil y su rendimiento, hasta que actualmente hay en el
mercado equipos que permiten (en condiciones favorables) desplazarse
más de 8 metros por cada uno descendido; por ejemplo,
si se hace un despegue desde un monte a 1.000 metros de altura,
el desplazamiento será de 8 kilómetros. Después
dependerá de la peripecia de cada uno a la hora de aprovechar
las corrientes cálidas (las que te ayudan a subir), para
poder estar en el aire varias horas, viajando por playas, valles,
bosques o ciudades, hasta que se decida tomar tierra.
Imagínate
que estas a 3.000 metros de altura descendiendo hacia la tierra,
escuchando el aire silbar y notando la adrenalina corriendo
por todo el cuerpo. Pues es más fácil de lo que
piensas; con sólo media hora de instrucción podrás
subirte al avión y vivir la experiencia más increíble
de tu vida, saltando en tandem (sujeto al monitor). Se requiere
pesar menos de 100 kilogramos y tener al menos 18 años.
Si lo que prefieres es saltar tu solo, bastará con que
tomes un pequeño pero instructivo curso que un monitor
experimentado te dará para que no corras ningún
riesgo innecesario.
El
salto
en caída libre dura aproximadamente unos 50
segundos, para después abrir el paracaídas y descender
suavemente unos 10 minutos, lo que te permite disfrutar de una
increíble vista. Los requisitos son tener al menos 16
años y unas condiciones físicas normales.
Para
personas que prefieran experiencias más tranquilas, pero
no menos espectaculares, pueden optar por un tranquilo paseo
surcando los cielos encima de un globo. Es una aventura que
se sabe dónde y cuándo comienza, pero no dónde
terminará. La pericia del piloto para detectar las corrientes
de aire más adecuadas nos hará llegar lejos, contemplando
los más insospechados paisajes. Ésta es una experiencia
de las que no se olvidan fácilmente y de las que se vuelven
a repetir cuando halla posibilidad. La práctica es posible
para cualquier persona.
A
caballo entre el vuelo
libre y el vuelo
a motor se encuentran los ultraligeros.
Son pequeños aparatos provistos de motor que permiten
despegar desde el suelo y tener una buena autonomía,
realizando grandes desplazamientos. Su manejo es muy sencillo,
pero siempre hay que tener en cuenta las condiciones meteorológicas,
como para cualquier tipo de vuelo. El cursillo se realiza con
un ultraligero biplaza, junto con el instructor que te va corrigiendo
los errores, hasta que por fin puedas realizar el vuelo solo,
incluido despegue y aterrizaje.
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