domingo. 03.03.2024

Javier Ares, presidente de la asociación de altas capacidades de Galicia (ASAC), se esfuerza en hacer ver a diario que "las altas capacidades son muy diversas", en el caso de la infancia "tanto como cada niño y niña", y no todos ellos son "pequeños genios con gafas".

Se muestra por tanto contrario a los estereotipos, remarca a EFE, y hace hincapié en que la "no identificación" puede redundar en fracaso escolar, en estos supuestos "igual o superior a la media", incluso. La falta de recursos es para él un hándicap en este sentido, pues "si en momentos de bonanza las altas capacidades intelectuales no eran una prioridad, ahora siguen sin serlo".

La psicóloga Paula Mouzo, cofundadora de Latento, un servicio integral que en Santiago asesora y apoya a las familias con hijos identificados, lamenta que pervivan creencias tales como que estas personas son "líderes con buenas herramientas sociales" o "extrovertidas".

Porque, sostiene, la realidad es variopinta y muestra un abanico de diferentes perfiles, que van desde la "precocidad intelectual" -se detecta antes de los 8 años por un adelanto de las habilidades cognitivas- a la "superdotación" -perfil intelectual alto-; la "sobredotación intelectual" -como la superdotación, pero no destacan en creatividad- y los "perfiles heterogéneos" -aquellos que sobresalen en uno o dos talentos-.

La casuística de no identificación a la que aludía Ares suele darse, según Mouzo, más en las niñas, porque a ellas el "enmascaramiento" les sirve para no destacar.

Vanesa Paredes es madre por partida doble y sus hijos son de altas capacidades. Ella piensa que el sistema educativo no está concebido para ese colectivo. Por su experiencia, critica que las alternativas sean la sobrecarga de deberes o los saltos de curso académico amparados por la ley.

De su hija, hoy de 13 años, explica que es "introvertida", que empezó a hablar a los cuatro meses y que al año de edad decía "frases completas". En cambio, su hijo, de 9, es "extrovertido", comenzó con el habla a los cinco meses y a los dos años hacía "preguntas no habituales para su edad" como, por decir una, "cómo se forman los niños en el vientre materno".

El proceso de socialización de ambos lo describe Vanesa como "muy complicado" y puntualiza: "No es que no se sepan relacionar, o que no tengan esa inteligencia emocional. Sólo que no encuentran en su grupo de iguales a gente con sus mismos intereses".

Aporta vivencias para amparar su argumentación. A la chiquilla, apasionada de la biología, le daba la impresión de que en la escuela repetían "las mismas cosas todo el rato" y ahora en el instituto "le sucede un poco lo mismo".

Tiene compañeros que en ocasiones se dirigen a ella como "esquizofrénica", "se intentan burlar", y la contestación que reciben por parte de la adolescente es "muchas noches y buenas gracias". Es su manera de exhibir su intolerancia hacia la "ignorancia".

Su hermano, enamorado confeso de la educación física y de los imanes, se agobia "muy rápido" y se pone a llorar ante situaciones de tensión como las que pueden desencadenar "comportamientos y palabras" de sus iguales. Para él los de su quinta "son brutos" y prefiere relacionarse con las niñas debido a eso.

En Compostela hay un menor, de 8 años, uno menos que el hijo de Vanesa, que es un devoto de la asignatura 'Proyecto', un híbrido entre Ciencias Sociales y Naturales. Y sus pasatiempos no entienden tanto de pantallas como de "leer libros sobre curiosidades", las cuales después comparte con su círculo íntimo.

En uno de esos volúmenes que devora nació su marcada preocupación por la "tala masiva de árboles y por la desaparición de especies animales que esa práctica conlleva".

Olga Díaz, docente jubilada de la Universidad de Santiago (USC) y una de las pioneras en la introducción de las altas capacidades en el ámbito universitario de la Psicología Clínica, cree que para identificar necesidades como las de todos ellos "no hacen falta grandes cosas", pero hay una que no puede faltar, y esa es la "sensibilización del profesorado", algo que remarca con motivo de la celebración este martes del Día Mundial de las Altas Capacidades.

Los métodos de enseñanza mejores, en ello hay aquiescencia entre unos actores y otros, son aquellos en los que prevalecen los proyectos más que la teoría, como esos que aplican en Galicia los centros educativos adscritos al Modelo de Enriquecimiento Escolar.

Paula Mouzo subraya que si algo está claro es que "la adaptación al sistema educativo acaba, desde luego, influyendo en la dinámica familiar".

La "identificación" en la mayoría de los hogares se produce precisamente a través de las familias.  

El sistema educativo, de acuerdo con el artículo 76 de la Ley Orgánica 3/2020 (LOMLOE), garantiza para las altas capacidades no solo la identificación, sino también la valoración de sus necesidades y adaptación de los planes de actuación. Pero con un orientador por centro, cuya especialización muchas veces no está centrada en este ámbito, y un currículo estándar, la "frustración" asoma en estos alumnos y en sus padres.

Un siglo de estudios psicológicos globales y casi cuatro décadas de asociacionismo en España son los que han tenido que transcurrir para dar mayor visibilidad a las realidades de estas personas con altas capacidades.

Aun así, de la charla con todos ellos subyace que las imágenes estereotipadas y los reduccionismos todavía campan a sus anchas. Por eso la mayoría coincide en el mensaje de que la sociedad ha de ser capaz de entender y acompañar adecuadamente. Así, los identificados y aquellos que todavía no, no serán invisibles ni incomprendidos. 

Presidente de Altas Capacidades Galicia: No todos son unos "genios con gafas"