lunes 25/10/21

Las peluquerías moldean la actividad sin meter la tijera en seguridad

Las peluquerías han retomado la actividad tras más de 50 días de confinamiento, tiempo suficiente para el resurgir de las canas o la aparición de flequillos indomables que el sector ha empezado a ordenar sin meter la tijera a la seguridad y con profesionales y clientes armados con mascarillas, guantes y EPI.

Las peluquerías han retomado la actividad tras más de 50 días de confinamiento, tiempo suficiente para el resurgir de las canas o la aparición de flequillos indomables que el sector ha empezado a ordenar sin meter la tijera a la seguridad y con profesionales y clientes armados con mascarillas, guantes y EPI.

 

De forma casi tan desigual como el resultado de los cortes de pelo caseros, así han comenzado a volver a sus oficios peluqueros, barberos, esteticistas y masajistas, un sector del que solo en Granada y su área metropolitana viven unos 2.000 trabajadores.

 

El sector ha moldeado su funcionamiento para responder a la demanda de clientes de poner a punto sus raíces y busca retomar el color previo al confinamiento con paso lento pero seguro para combinar una vuelta a la actividad y el blindaje ante la pandemia.

 

Aunque el Boletín Oficial del Estado (BOE) registró el domingo las condiciones de reapertura de estos establecimientos, la desescalada estética también está siendo por fases con locales abiertos desde este lunes, otros pendientes de hacerlo la próxima semana y otros esperando contar con medios y garantías suficientes.

 

"Y aunque el BOE está desde el domingo, la patronal ha negociado con los sindicatos para tener un protocolo de seguridad laboral que no se ha alcanzado hasta última hora de este martes", ha explicado a Efe el presidente de la Asociación Provincial de Imagen Personal de Granada, Guillermo Rodríguez. Para evitar que la vuelta al trabajo sea tan arriesgada como un corte casero de flequillo, la patronal ha pedido contención, medidas de seguridad y, sobre todo, "sentido común, siempre sentido común".

 

El sector se ha comprometido a no meter la tijera a las medidas de seguridad y ya atienden a los primeros clientes solo con cita asignada, con guantes y mascarillas, mucha desinfección y la distancia de seguridad recomendada entre puesto y puesto. Como cuando llegaron los moldeadores o se impusieron las mechas californianas, el sector se ha adaptado a la "moda" actual y lava, marca, tiñe y corta a clientes escondidos tras sus mascarillas.

 

Así trabaja ya la peluquería "Stylo Siglo XXI" de Granada, un salón que también ha estrenado su "look coronavirus" y ha eliminado la recepción, ha blindado la puerta y mantiene los puestos de sus trabajadoras a la distancia suficiente como para que dos clientas puedan criticar las canas contrarias sin miedo a ser escuchadas.

 

"Desde hace más de un mes empecé a informarme, a hablar con compañeros de otros puntos del país, a buscar y comprar guantes, mascarillas, hidroalcoholes y todo lo necesario para poder abrir siempre con garantías para clientes y para los trabajadores", ha explicado la dueña del local, Ana Escudero. Y todo lo hacen desde esa premisa de un trabajador, un solo cliente, aunque eso suponga tiempos de espera hasta que el tinte cuaja que se emplean en preguntar por la salud, imaginar nuevos peinados y limpiar, y desinfectar el material, y volver a limpiar, y cambiarse de guantes...

 

Este centro, como otros muchos de todo el país, combina los primeros cortes de pelo, arreglos de trasquilones y repaso de las raíces con la gestión de la lista de espera, la llamada a las clientas y un nuevo repaso de desinfección a los asientos, los reposacabezas, las tijeras o los peines. "Las ves que lo limpian todo, que se cambian de guantes, que tienen la mascarilla, que las toallas son de usar y tirar, y eso te da toda la confianza del mundo", ha explicado Lola Ortiz tras su primer corte de pelo en estado de alarma.

 

La patronal ha reconocido que muchos negocios no podrán abrir por falta de material de protección o porque el que encuentran tiene precios desorbitados y ha hecho un llamamiento de responsabilidad. Algunas peluquerías han abierto ya con el "paquete coronavirus", uno que incluye guantes, mascarillas, patucos y otras protecciones que venden al cliente como un servicio más, pero obligatorio.

 

"Como empresario puedo subir el precio de mi tarifa o cobrar el material, o puedo asumir esas pérdidas, pero es lícito exigir que los clientes tengan mascarillas que estrenan en ese momento porque no sabemos desde cuando usan esa que traen", ha dicho Rodríguez.

 

Lo de usar mascarilla se complica para los barberos, que están recurriendo a pantallas protectoras para salvar la "desprotección" que exige un afeitado, mientras las estéticas, las depilaciones y los masajes se afrontan con guantes y medidas de seguridad. Y así, el sector se tiñe de esperanza pero sin perder la cabeza y con el compromiso de no recortar en seguridad. Ni las puntas.

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