viernes. 12.04.2024

La madre de Claudia González Álvarez, la adolescente que se ha suicidado en Gijón a causa del bullying que sufrió en el colegio años atrás, ha dedicado una emotiva carta en su ceremonia de despedida. Con lágrimas en los ojos, su madre ha hablado de lo maravillosa que era su hija, "una gran persona que siempre pensaba antes en los demás que en ella misma: cariñosa, alegre, servicial y, como uno que está aquí le dijo, siempre recogiendo por el mundo gatitos heridos en su afán por ayudar a la gente".

A pesar de ser tan joven, un grupo de gente malintencionada le cortó las alas para seguir siendo ella misma, le anuló por completo su autoestima y su autoconfianza y la hicieron sentirse inferior para siempre. Su madre ha destacado lo importante que era Claudia para cada uno de ellos, era la mejor hija del mundo, la confidente y amiga de su madre, y la persona a la que a su padre le gustaba proteger.

Claudia era una auténtica campeona que luchó con todas sus fuerzas para salir de la depresión que sufría desde hacía muchos años. En su camino, encontró otra maravillosa familia en sus compañeros de artes marciales y meditación. También ha enfatizado la figura de su médico, Eduardo, quien le devolvió la vida en algunos de sus momentos más duros.

El presidente del Principado, Adrián Barbón, ha informado que se investigará de forma "pertinente" y con "toda la contundencia" para aclarar las razones que llevaron al suicidio a Claudia González Álvarez, de solo 20 años.

La carta íntegra de despedida de María Belén a su hija Claudia

Me gustaría decir unas palabras para que todos podamos despedir a mi hija como se merece, como una auténtica campeona que luchó con todas sus fuerzas para salir de la depresión que sufría desde hacía muchos años.

Yo no sé escribir tan bien como ella lo hacía, esas bonitas dedicatorias que daba a sus personas queridas con tanto sentimiento, porque ella era una persona con una sensibilidad especial y con dones artísticos para la escritura y la pintura que casi todos conocéis.

Todos los que aquí estamos la adorábamos. Su familia, de la cual ella se sentía tan orgullosa. Para mí, la mejor hija del mundo; mi hija, mi confidente y mi amiga. Su papá, al que a ella le gustaba proteger. Su súper hermano que tanto la cuidaba. Quería pintar tan bien como el abuelo Ico. 

Le encantaba jugar con sus primitos y su adorada perrita, “Danita”; sus titos y titas, sus otros titos y titas, y las súper madrinas. Y su querida abuela Cova; y, como no, Gloria, a la que también adoraba. Hacer las excursiones a la playa conmigo, con Javier y con su perrita. Ella decía que era la mejor familia del mundo, una gran y unida familia que la adoraba.

Su maravilloso novio, Javi, con el cual pasó sus últimos días tan ilusionada y feliz, que le ha hecho este homenaje tan bonito con el violín y su Taylor Swift; por supuesto, sus adorados y maravillosos amigos Pablo, Alba, Cristina, Valeria, y tantos que no puedo enumerar porque estaría dos horas hablando y que tanto la ayudaron hasta el último momento, al que ninguno llegamos a tiempo.

Y qué voy a decir de sus compañeros del “dojo”, vuestra “yumi” para siempre. Allí encontró otra maravillosa familia, donde ella se esmeraba y lo daba todo. Llegó allí de la mano de una persona muy importante, que le devolvió a la vida en algunos de sus momentos más duros: su querido médico Eduardo, mucho más que un médico, una gran persona, con mayúsculas. Y allí, con su admirado “sensei”, con Megumi, Diego y todos los demás compañeros de ninjitsu que, me perdonáis, pero no recuerdo el nombre de todos. Cada vez que volvía machacada de la lucha volvía feliz... Había encontrado algo en Io que se sentía realizada.

Todos nosotros sabemos la gran persona que era, siempre pensando antes en los demás que en ella misma: cariñosa, alegre, servicial y, como uno que está aquí le dijo, siempre recogiendo por el mundo gatitos heridos en su afán por ayudar a la gente.

Lástima que en su corta edad, cuando su personalidad se estaba formando, un grupo de gente malintencionada, que por supuesto no se encuentran dentro de todo este maravilloso y cariñoso grupo que estáis aquí acompañándola, le cortara las alas para seguir siendo ella misma, y le anularan por completo su autoestima y su autoconfianza. Y la hicieran sentirse inferior para siempre. Algo que no le dejó disfrutar de lo maravillosa que era, y no le permitió convertirse en la espectacular mujer que podría haber sido, tanto por sus aptitudes como por sus sentimientos.

Aquí nos deja unos maravillosos recuerdos de veinte años compartiendo con ella, una hija muy deseada y muy querida, y a la cual llevaremos en nuestro corazón siempre. Y de la cual su madre, su padre y su hermano nunca van a permitir que nadie se olvide

Como no se cansaron ayer de decir sus amigos, Claudia, eres un ángel de luz que nos guiarás para siempre.

Te querremos siempre, cariño.

La carta de despedida de la madre de Claudia: "Lástima que le cortaran las alas”