viernes. 12.04.2024
A menos de nueve meses, si se cumplen las previsiones, de que las urnas decidan la composición del próximo Gobierno, Pedro Sánchez ha consumado la quinta remodelación de su Gabinete.

Un cambio obligado por la decisión de que Carolina Darias y Reyes Maroto (sustituidas respectivamente por José Manuel Miñones y Héctor Gómez) luchen por las alcaldías de Las Palmas de Gran Canaria y Madrid, respectivamente, en los comicios municipales del próximo 28 de mayo.

Encara por tanto con estos dos cambios la recta final de la legislatura, y los escasos meses que restan de ella invitan a pensar que, a priori y a no ser por motivos personales o de fuerza mayor, no habría más relevos hasta el final de la misma.

Sin embargo, nadie se atreve a garantizar en el entorno de Moncloa que eso vaya a ser así porque, fieles al manual en estos casos, subrayan que esa es una decisión personal y exclusiva del presidente del Gobierno.

Sánchez podría guardarse la opción de más cambios si los considera políticamente necesarios tras los resultados de las elecciones municipales y autonómicas de mayo.

Los llevaría a cabo si estimara que pueden servir de revulsivo ante los comicios de final de año, previsiblemente y tal y como ha concretado el propio jefe del Ejecutivo, en diciembre.

A tenor de las expectativas que proclaman en Ferraz y en Moncloa, no habrá el 28 de mayo una debacle electoral ya que aseguran que, frente a las encuestas, el PSOE tiene posibilidad de mantener e incluso aumentar su poder municipal y autonómico.

Por tanto, a la espera de que esas expectativas casen con la realidad, no vinculan una nueva remodelación a unos malos resultados e insisten en que esos hipotéticos cambios serían provocados por otros parámetros.

No obstante, hay una circunstancia que destacan como factor relevante a la hora de no acometer nuevos cambios: la presidencia española de la UE durante el segundo semestre del año.

Hacer modificaciones en medio de esa presidencia, cuando la mayoría de ministros tendrán que actuar de anfitriones de reuniones en España junto a sus homólogos europeos en las que se debatirán asuntos que ya se están debatiendo, no lo consideran muy aconsejable.

También el mensaje que se lanza públicamente por parte de los dos socios del Gobierno es que seguirán de la mano hasta el final de la legislatura, pero "eso no está escrito" afirma a EFE un colaborador cercano al presidente del Gobierno.

La duda viene de la mano, según su interpretación, de que después de todos los choques que se están sucediendo entre los aliados (y pese a la cerrada defensa de la coalición que ha vuelto a hacer este lunes Sánchez), Podemos pueda decidir a pocos meses de las elecciones dar un portazo y salir del Ejecutivo para intentar marcar distancias ante la cita electoral.

Un movimiento que podría estar influido también por el resultado que consiga el 28 de mayo.

"Nosotros -prosigue- no vamos a echarles, pero ellos quizás tengan la tentación de marcharse".

Pero en ese "ellos" hay que diferenciar las dos almas que conviven ahora en la parte no socialista del Gobierno, una de ellas la que representa la vicepresidenta Yolanda Díaz, y la otra la que encabezan Irene Montero e Ione Belarra.

Quizás sus evidentes diferencias también podrían reproducirse ante la tesitura de decidir si se mantienen o no en el Ejecutivo.

Lo que estaría claro es que en caso de una hipotética salida de los ministros de la parte morada, Sánchez se vería obligado a hacer una nueva remodelación de su Gabinete.

"Hablar de eso ahora es política ficción", señalan otras fuentes del entorno del presidente que invitan a no elucubrar sobre ello porque afirman que es imposible saber lo que puede pasar en un tiempo político de nueve meses.

Pedro Sánchez consuma la quinta remodelación de su Gabinete