miércoles. 21.02.2024

La cocina española es una de las mejores valoradas en el mundo. No en vano, dispone de producto de todo tipo para cualquier tipo de paladar y dieta. Desde la huerta que suponen los invernaderos del sur, pasando por las carnes de la zona centro y todo el pescado y marisco que se pesca en las costas - ya sean Atlánticas, Cántabras o Mediterráneas - y en sus ríos, las cocinas se llenan de ingredientes que, junto con los cereales y legumbres del campo más de secano, consiguen recetarios únicos.

En ese contexto no es raro que ahora, tal como ha ocurrido en otros momentos con otras zonas españolas, sea Galicia el foco de atención en el campo culinario.

Uno de los pilares fundamentales de la cocina gallega es la frescura de sus ingredientes. La región, bañada por el Atlántico, cuenta con una rica variedad de mariscos y pescados que son el alma de muchas de sus recetas. Desde la merluza hasta las ostras, mejillones y percebes, la cocina gallega celebra la pureza de los sabores marinos.

Los campos gallegos son igualmente generosos, ofreciendo una gama de productos agrícolas que no desmerecen en ninguna receta. Las huertas producen patatas de sabor único, pimientos de Padrón, grelos y la famosa berza gallega.

Y aún no se ha mencionado la ternera gallega y la ganadería de la zona, que deja grandes opciones en los menús de cualquier restaurante.

“Esta frescura de ingredientes se traduce directamente en platos llenos de vitalidad y autenticidad. Los productos gallegos permiten a todo tipo de paladares disfrutar con sabores únicos y que provienen de las cuatro provincias sin ni siquiera necesitar disfrazarlos con artificios o salsas” explican desde Punto Galego, una cervecería que apuesta por presentar una oferta gastronómica basada en la comida típica gallega.

La conexión con la tierra y el mar es profunda. Al igual que con sus bosques y naturaleza. Muchas recetas han pasado de generación en generación, preservando las técnicas y secretos familiares que hacen del sabor gallego algo único que se convierte en más que una simple preparación de alimentos; es una expresión de identidad cultural.

Tres detalles que hablan de la calidad

El pulpo a la gallega es la primera de las muestras de la simplicidad que define a esta cocina. Cocido y sazonado con aceite de oliva y pimentón, este plato es un homenaje a la calidad del pulpo gallego y a todos los paladares. Sano, sin grana y con un toque típico de la tierra.

Otro manjar es la empanada, una especie de pastel relleno de diversos ingredientes como carne, pescado o verduras. La masa, crujiente por fuera y tierna por dentro, es la base perfecta para resaltar los sabores del relleno.

Y, finalmente, no se puede hablar de la cocina gallega sin mencionar el albariño, un vino blanco que ha ganado reconocimiento mundial.

Auge de la cocina tradicional gallega