sábado. 20.08.2022

Cocineros "de pueblo" reivindican su contribución al desarrollo rural

Cocineros como el gallego Javier Olleros y el zamorano Luis Alberto Lera han reivindicado el valor de sus restaurantes instalados en pequeños pueblos como herramienta para defender la sostenibilidad de su entorno y contribuir al desarrollo rural, gracias a la generación de una nueva actividad económica.

Cocineros como el gallego Javier Olleros y el zamorano Luis Alberto Lera han reivindicado el valor de sus restaurantes instalados en pequeños pueblos como herramienta para defender la sostenibilidad de su entorno y contribuir al desarrollo rural, gracias a la generación de una nueva actividad económica. Ambos han participado este lunes, en Daroca de Rioja, en la jornada "Cocinas de pueblo", organizada por los hermanos Carlos e Ignacio Echapresto, propietarios del restaurante "La venta de Moncalvillo", que cuenta con una estrella Michelin.

 

El objetivo de esta iniciativa, ha indicado a Efe Ignacio Echapresto, es compartir con cocineros, productores locales y artesanos la situación de la gastronomía en el medio rural, para lo que ha convocado a colaboradores que hablarán sobre cultivos ecológicos y a suministradores de artículos relacionados con el mundo de la restauración. Javier Olleros, del restaurante "Culler de pau", en Reboredo (Pontevedra); y Luis Alberto Lera, de "Lera", en Castroverde de Campos (Zamora), han intervenido en una mesa redonda junto a Nacho Manzano, de "Casa Marcial", en Arriondas (Asturias); Nacho Sola, de "La Solana", en Ampuero (Cantabria); y Elena Lucas, de "La Lobita", en Navaleno (Soria).

 

Todos ellos tienen en común que apostaron por su localidad natal, un pequeño pueblo o aldea, para poner en marcha su propio restaurante, con platos creados a partir de la "cocina de pueblo", elaborados con producto local, técnicas tradicionales y toques de vanguardia. Olleros ha detallado a Efe que escogió Reboredo, una pequeña aldea cercana al turístico municipio de O'Grove, para poder expresarse "a través de la gastronomía", pero desde "la calma y serenidad" de su pueblo, al que necesitaba "volver" después de unos años en los que trabajó en otros lugares.

 

"No fue fácil", ha recordado, ya que inauguró "Culler de pau" a mediados de 2009, en plena crisis económica, y en un pueblo de turismo estacional, en el que los visitantes se concentran en apenas dos meses. Con las "ambiciones contenidas", porque este cocinero ha reconocido que no montó el restaurante para hacerse "rico", se centró en sus comensales y ya ha cumplido una década en el negocio.

 

La sala del restaurante "abraza al paisaje" de la ría de Arousa, una "despensa marina" que proporciona un producto "de primera", al que este cocinero ha agregado todo "el cariño e ilusión" que puso en su proyecto hostelero, que se surte de verduras de su propia huerta, aunque también cuenta con productores locales. Ha defendido la sostenibilidad que aporta su proyecto al medio natural de su pueblo al apostar por la huerta, en vez de aportar "más ladrillo" a la zona. Por su parte, Luis Alberto Lera decidió dar continuidad al mesón "El labrador", la casa de comidas que fundó su familia en Castroverde de Campos en 1973 y cuyo relevo generacional asumió en 2008, para lo que decidió especializarse en los pichones de Tierra de Campos.

 

Lera ha detallado a Efe que decidió aprovechar "el potencial tremendo" del pichón bravío y de otros productos de caza menor, de los que se surte a través de empresas especializadas de la zona. Tierra de Campos, ubicada en Zamora, es una zona muy seca, con "mala huerta y producto muy tardío", pero este cocinero intenta suministrarse lo máximo posible de verduras cultivadas en su comarca, ha explicado.

 

Además, esta provincia es una de las "más despobladas, envejecidas y empobrecidas" de España, ha resaltado, de modo que los restaurantes locales "no creían" en el producto de la zona, como por ejemplo, la legumbre. Para este cocinero, su proyecto hostelero supone "un vivo ejemplo de desarrollo rural", ya que proporciona empleo directo a doce personas e indirecto a muchas más en su pueblo, con unos 200 vecinos habituales. Por ello, él prefiere "mirar menos el ahorro" y comprar todo lo que pueda en la tienda de ultramarinos de su pueblo, "hasta la pasta de dientes", para evitar la pérdida de más servicios. "Yo no creo en las ayudas directas para contribuir al desarrollo rural, solo pido que no se pongan trabas burocráticas cuando apuestas por montar un restaurante o instalar un negocio en tu pueblo", ha concluido.

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