martes 24/5/22

Ebanista, tapicero y modista ante la transformación de un oficio en extinción

Algunos de los oficios imprescindibles para todos los hogares hasta los albores del siglo XXI, como los ebanistas, los tapiceros y las modistas, se encuentran en plena transformación para adaptarse a las necesidades de los nuevos tiempos que los abocan a la extinción o, en algunos casos, reducidos a un mercado casi de lujo.

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Algunos de los oficios imprescindibles para todos los hogares hasta los albores del siglo XXI, como los ebanistas, los tapiceros y las modistas, se encuentran en plena transformación para adaptarse a las necesidades de los nuevos tiempos que los abocan a la extinción o, en algunos casos, reducidos a un mercado casi de lujo.

"Hay mercado para todos los públicos e ingresos", explica a Efe Manuel Argimiro Leis, propietario de una tapicería en el barrio coruñés de Elviña que ya no se dedica tanto al tapizado de sofás, butacas, sillas de comedor, mobiliario de bares o sillones de oficinas, sino a la reparación de asientos y tapizado de coches. "Muchos coches", dice.

Manuel nació en Brión, cerca de Santiago, hace 64 años y en este medio siglo de oficio ha tapizado "de todo". Autónomo desde el Mundial de España del 82, en su taller Rali de 65 metros cuadrados hace lo que se denomina tapicería mixta y siempre ha ido bien, "con sus momentos, como la crisis de 2008 en la que hubo un bajón".

Excepto en aquella época, el negocio va bien y "con muchísimo trabajo", resume sobre esta "profesión artesana con futuro" a la que le ve "posibilidades porque cada vez hay menos y si pones un precio de mercado competitivo trabajas bien".

Manuel tiene un hijo de 28 años que trabaja con él y que heredará un negocio para el que, como cualquier otro oficio, solo se necesita "ir haciendo cosas y coger experiencia". "Para este oficio hay que tener interés, es lo que se necesita en general en la vida", zanja.

Como en el caso de Manuel, estos oficios en vías de extinción están rediseñando su futuro para sobrevivir buscando aquellos huecos donde hay menos competencia, pues por ejemplo en el caso de los muebles las grandes marcas venden más barato y al instante.

El ebanista Paulino Montes, que lleva trabajando 37 años en el taller que antes fue de su suegro en el barrio coruñés de la Sagrada Familia, está pensando en alquilar o traspasar su negocio porque "de esto no hay mucho relevo".

"Ahora se fabrican muebles en serie que no son lo mismo que antes, pero sale más barato y tiran para delante, salen las cosas como churros, bajan los precios y aunque no sean las mismas calidades la gente va a eso", sostiene en una charla con Efe.

Paulino tiene 61 años y fue oficinista ante de dedicarse a la ebanistería en sus ratos libres y convertir este entretenimiento en su profesión. Su suegro le enseñó lo básico y dedicado ya a la madera hacía muebles tallados y con molduras. "Eso ya se perdió".

"La gente quiere muebles sin estrías ni nada, tipo Ikea, todo liso, todo va cambiando, es un poco la moda o por gastar menos", dice. En su opinión, los muebles que él hace "dan más trabajo para limpiar pero lucen más porque tienen algún detalle".

Su mercado son sobre todo las estanterías y armarios a medida, "hago muebles adaptados al sitio y eso es lo que me salva, porque las grandes marcas fastidian en general, claro, como los comercios, pero el problema es que hay poco dinero", añade sobre un oficio que "no es difícil pero hay que echarle años".

Tamara Mosquera tiene 31 años y arregla ropa. En su pequeña tienda de la Ciudad Vieja de A Coruña, La casita de los arreglos, da una nueva vida fundamentalmente a ropa antigua que la gente va sacando de los trasteros. "Mucha gente tira la ropa barata".

"Con la pandemia tuvimos que estar más tiempo en casa y la gente hizo limpieza, arreglé muchas chaquetas y cosas de abuelos y padres", asegura a Efe, y ropa "que cuesta más", pues de la ropa de grandes superficies y barata "es raro que se arregle porque no compensa, a lo mejor el arreglo cuesta más que la prenda".

Esta joven modista, antes dependienta, destaca el trato en este negocio "muy familiar" en el que funciona el "boca a boca", y a diferencia de los emprendedores de su edad que se decantan más por el diseño, en esto de los arreglos de ropa, como en casi todos los oficios artesanales, "somos poquitos".

Ebanista, tapicero y modista ante la transformación de un oficio en extinción
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