jueves. 30.06.2022

Herce, sobre O que arde: Nunca habíamos visto un fuego tan cercano en el cine

Con una cámara, Mauro Herce desafió al fuego en O que arde, película que le ha valido un premio Goya y con la que ha filmado las imágenes más impactantes y arriesgadas del cine español este año: "La verdad del fuego, ese fuego tan fuerte y tan cercano creo que no lo habíamos visto nunca", afirma en una entrevista con Efe.

Con una cámara, Mauro Herce desafió al fuego en O que arde, película que le ha valido un premio Goya y con la que ha filmado las imágenes más impactantes y arriesgadas del cine español este año:

 

"La verdad del fuego, ese fuego tan fuerte y tan cercano creo que no lo habíamos visto nunca", afirma en una entrevista con Efe. "Habíamos visto fuegos reconstruidos o realizados en postproducción, pero nunca de esa forma.

 

Creo que transmite un tipo de emociones, sensaciones y texturas que no habíamos visto en el cine antes", explica Herce (Barcelona, 1976) que considera que las escenas de O que arde, rodadas en incendios reales en Galicia, son las más interesantes y las que supusieron un "mayor reto" en su trabajo.

 

Un trabajo que, de hecho, fue reconocido y valorado por la Academia el pasado sábado, cuando Herce obtuvo el premio a Mejor Fotografía en una dura competición frente a pesos pesados de la industria como José Luis Alcaine, director de fotografía de la película de Almodóvar, Dolor y gloria, y cuyos trabajos le han reportado ya cinco Goyas.

 

También tuvo que hacerle frente a Álex Catalán, su homólogo en Mientras dure la guerra, de Amenábar, y a Javier Agirre, el director de fotografía de La trinchera infinita, del trío formado por Jon Garaño, Aitor Arregi y José Mari Goenaga. "Había algo de esperanza pero muy remota. Estaba difícil pero al final nos lo han dado", afirme Herce, que siente que el premio puede abrirle puertas a lugares donde no está acostumbrado a trabajar.

 

"Yo hago principalmente cine de autor. Cine joven, de cine de autor. Este premio posiblemente me posicione un poco más en el cine de industria, en el cine más popular", ha declarado. Herce es un habitual colaborador del cine gallego, pues además de con Oliver Laxe, con quien ya había trabajado en Mimosas, también ha colaborado con directores como Eloy Enciso, Lois Patiño o Alberto Gracia, exponentes de la corriente del "nuevo cine gallego".

 

En su opinión, el cine gallego tiene "un atractivo especial" que viene marcado, según cuenta, "por su carácter periférico", enmarcado en una tierra donde "la naturaleza es más fuerte", lo que favorece un cine "más sensorial", en el que se dan las circunstancias idóneas para grabar "imágenes poderosas". "Yo vengo del documental, de hacer un cine muy sensorial y basado en la experiencia, en el lugar, en transmitir la sensación de un sitio en imágenes.

 

Creo que Oliver me escogió por eso, por mi sensibilidad para materializar las pequeñas cosas de manera simple", afirma. Según el barcelonés, O que arde es una película "epidérmica", donde el fuego, la humedad o el frío, deben sentirse "de manera fuerte" y en la que los mecanismos a la hora de rodar se reducen a "los rudimentos más esenciales del cine", que son "la imagen y el sonido".

 

Sin embargo, eso no quita que fuera necesaria una preparación e investigación previas: "Es necesario pasar tiempo en los lugares, entender cuál es el tiempo de los sitios, el ritmo. Cada lugar tiene unas características, por lo que es fundamental sentir el tiempo especial del lugar y el comportamiento de la luz.

 

Todo eso te permite agudizar mucho la mirada sobre qué cosas ver en ese sitio", explica. Además del peligro físico que supuso grabar en incendios reales y la dificultad de rodar escenas en un lugar "impredecible2 y con una alta exposición lumínica, Herce consiguió impactar a los espectadores desde el minuto uno del filme, en el que varios eucaliptos comienzan a caer como por arte de magia.

 

"En un primer momento queríamos hacerla de una forma muy distinta. En el montaje final solo se ve un tipo de máquina derribando árboles pero nosotros grabamos muchos tipos de máquinas derribando árboles de maneras diferentes", cuenta el cineasta, que reconoce que la tala de árboles es 2una profesión muy peligrosa" y se requerían muchas medidas de seguridad para rodar lo que en un principio querían, por lo que no les quedó más remedio que recurrir a drones.

 

"Como pasa a veces en el cine y en las muchas disciplinas artísticas, de la limitación nace la virtud y eso ha acabado dándole un estilo y un punto de vista un poco más maquinal y extraño que lo que teníamos pensado hacer en un primer momento", arguye.

 

La escena, de impagable belleza, se realizó durante cuatro días y fue la más cara de todo el rodaje y la que más recursos de producción requirió, aunque para Herce no fue la más dura: "En los incendios teníamos que tener cuidado de no quemarnos. Cuando estás un buen rato delante unas llamas muy altas vas notando que la temperatura sube. Yo me quemé las manos y la nariz algunas veces, pero no fue nada grave".

 

Sin embargo, a pesar de la dificultad y del riesgo, la profesión de fotografía no está lo suficientemente reconocida por el público, tal y como señala:

 

"Todavía se sigue usando una determinada terminología para los puestos de trabajo donde parece que los importantes son los actores y el director, algo que queda un poco en desacuerdo con la manera en la que se hace hoy el cine".

 

"La figura del director como el demiurgo que sabe y conoce todos los oficios y que por lo tanto es capaz de explicar con precisión a cada uno de sus miembros lo que tiene que hacer y los demás solo tienen que ejecutar ya no existe", agrega Herce, que considera que en el cine clásico, directores como Orson Welles, Alfred Hitchcock o John Ford "quizá sí tenían esa habilidad" pero que hoy en día la colaboración es "más horizontal".

Herce, sobre O que arde: Nunca habíamos visto un fuego tan cercano en el cine
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