sábado 31/7/21

Más de 18.000 profesionales sociosanitarios se volcaron en el cuidado de los usuarios de residencias en Galicia durante la pandemia

• Ellos son la parte oculta, pero también protagonista de esta difícil situación que vivimos. 
residencia1

Más de un año ha pasado del inicio de la pandemia. Meses terriblemente complicados para todos en los que nuestros trabajadores sociosanitarios se han dejado la piel más que nunca para cuidar de nuestros mayores y personas con discapacidad, nuestra familia; demostrando así su dedicación y compromiso. Ellos son la parte oculta, pero también protagonista de esta difícil situación que nos ha tocado vivir.

Desde que comenzó la pandemia más de 18.000 profesionales sociosanitarios cuidaron de 22.000 personas mayores y 2.000 personas con discapacidad en residencias de la comunidad gallega. Además de ser capaces de ofrecerles los cuidados que la edad les exige, fueron el calor humano de una familia. Una gran familia conformada por todas las residencias de Galicia. Hablar de la pandemia de coronavirus es hacerlo del impacto que tuvo la COVID-19 en las residencias de mayores durante la primera oleada. Desgraciadamente las residencias de ancianos se convirtieron en tristes protagonistas de la pandemia.

residencia3

 

La mayoría de las instituciones para ancianos, el grupo de población con el mayor número de víctimas mortales causadas por el coronavirus, se vieron desbordadas desde el inicio de la pandemia pero gracias a la labor de estos profesionales lograron hacerle frente al virus.

Todos se implicaron en  centrar todos los esfuerzos en la protección de los residentes, reconvirtiendo instalaciones en auténticas fortalezas en las que nadie podía entrar ni salir sin una causa justificada.

Residentes y cuidadores fueron protagonistas involuntarios, los primeros jamás se imaginaron una situación igual tras una vida de esfuerzos, cuando les tocaba descansar y disfrutar de la vida se vieron envueltos en una pandemia sin precedentes. Y los segundos jamás pensaron tampoco que les tocaría sufrir una situación como la que han vivido, pero supieron reaccionar rápido, pues nadie dudó en poner sus días a disposición de los que más necesitaban apoyo y cuidado. 

residencia4

 

Javier Vázquez, hoy jefe territorial de la Consellería de Política Social, asumía la dirección de la residencia pública As Gándaras, en Lugo, en julio de 2020, gracias a su testimonio y al de otros profesionales, podemos hacernos una idea de lo vivido en estos centros:

“Turnos para comer, respetar los protocolos sanitarios, realizar pruebas constantes, coordinar la comunicación entre departamentos, cuadrar los horarios de visitas y, todo, sin olvidar la parte más humana y emocional de un momento como este”. Sin duda, la organización de un centro sociosanitario se convirtió en un ejercicio de precisión

“Cogí las riendas de la residencia en un punto muy duro. Fueron momentos de mucha ansiedad, pero esa ansiedad te hacía estar activo. El trabajo en equipo y un alto nivel de implicación por parte de los profesionales permitieron que no tuviéramos ningún caso entre los residentes”, señala.

“LOS RESIDENTES ERAN LO QUE NOS MOTIVABA A TRABAJAR.” DÍAS ANTES DE NAVIDAD UNA USUARIA LLEGÓ A PEDIRNOS SALIR PARA COMPRAR LOS REGALOS DE SUS NIETOS CUANDO SOLO SE PERMITÍAN SALIDAS JUSTIFICADAS PARA IR AL MÉDICO Y POCO MÁS. ESOS MOMENTOS TAN EMOTIVOS NOS EMPUJABAN A HACER TODO LO POSIBLE PARA DEVOLVERLES LA NORMALIDAD”, RELATA VÁZQUEZ.

 

En Pontevedra, concretamente en la residencia pública de Campolongo. La directora del centro, Maite Caneda, relata que el momento más alegre era cuando trasladaban el resultado de los cribados que certificaban que no había contagios. Unos minutos de felicidad que pronto se volvían a transformar en incertidumbre. “El ambiente era un tanto solemne, nadie sabía cómo actuar, pero eso nos permitía también ser estrictos y tener mucho cuidado con el contacto y la higiene”. Asegura que tanto familiares como usuarios tenían confianza ciega en las medidas recomendadas y las cumplían a rajatabla. “Lo que peor llevaban era no poder tener contacto con los compañeros que estaban en otros sectores. Eso y no salir a la calle. Teníamos que ingeniárnoslas para buscar actividades que les ayudaran a tener la cabeza ocupada”, señala, “¡y siempre soñando con irnos a tomar un mojito todos juntos cuando todo acabase!”.

Incluso llegaron a inaugurar una terraza donde los usuarios pudieran tomar el café, aumentaron las meriendas –que antes del covid eran apenas frecuentadas, pero se convirtieron en los mejores momentos de conversación— y los profesionales elaboraban postres caseros para cambiar el menú y permitir que el aire fresco entrara de nuevo en la residencia.

 

“CUANDO NOS PERMITIERON REALIZAR LAS PRIMERAS SALIDAS A DOMICILIOS, TANTO FAMILIARES COMO USUARIOS NOS DECÍAN QUE PREFERÍAN QUEDARSE, QUE EN LA RESIDENCIA SE ENCONTRABAN SEGUROS”, RECUERDA LA DIRECTORA.

 

Otra experiencia que también impacta es la de Néstor Peña. Un auxiliar de enfermería que prestó sus servicios en el Cegadi, uno de los centros integrados puestos en marcha por el Gobierno gallego para aislar a los usuarios positivos en covid-19. Néstor recuperó su vieja profesión luego de que la pandemia terminara su trabajo como cantante de verbenas sin eventos.  

Relata de manera emotiva que “El covid me ha permitido recuperar una vocación apagada que me sirvió para vivir una experiencia inolvidable”, apunta.

De hecho, actualmente continúa dedicándose a la enfermería ya desde un hospital. Asegura que afrontó con valentía la oportunidad de trabajar en una residencia en un momento como este.

 

“HABÍA QUE ESTAR AL 200% Y NO PASABA UN DÍA EN EL QUE NO SE TE CAYERAN LÁGRIMAS DE EMOCIÓN, PERO MERECIÓ LA PENA. UNA DE MIS ILUSIONES ES VOLVER A VER A LOS USUARIOS QUE PASARON POR EL CEGADI. ME LOS VOY A LLEVAR SIEMPRE EN EL RECUERDO”, RELATA.

 

Alejados de sus familias y amigos, los usuarios pasaron largos meses sin contacto con el exterior. “Para mí uno de los momentos más emocionantes fueron las videollamadas que hacíamos con sus familias. La información a ellos y entre ellos se convirtió en uno de los trabajos más fundamentales”.

Por su parte, Xurxo Fernández, director del centro de Castro Caldelas, recuerda cómo durante muchas semanas ellos, los médicos, enfermeros, auxiliares, gerontólogos y el resto del personal de la residencia se convirtieron en el único contacto de los mayores con el exterior.

“SUPONGO QUE PASAR POR ESTOS MOMENTOS DE TENSIÓN Y ESTRÉS, PERO TAMBIÉN DE ALEGRÍA Y CONFIANZA, NOS UNIÓ MÁS A TODOS”, RECONOCE. 

 

Afortunadamente las historias que acabamos de relatar forman parte del pasado y probablemente se convertirán en anécdotas que contar a nietos y nuevas generaciones que esperemos no tengan que vivir lo que hemos vivido nosotros al principio y por lo menos tenemos la certeza de que tendrán un base.

El “cóctel” formado por los protocolos, los equipos de protección, la vacuna, y el arduo trabajo de todos los profesionales, que día tras día han dado lo mejor de ellos mismos, ha hecho que a día de hoy los centros de mayores y personas con discapacidad sean los lugares más protegidos de Galicia frente al Covid19.  

residencia2

Comentarios