martes 24/5/22

Isolina (34 años) y Raúl (33) comparten el apellido Piñeiro y tres hijos, la pizpireta Oihana (13), el amante de Pokemon y los videojuegos Oliver (6) y la traviesa Olalla (4). Son personas sordas. Y otros diez miembros de esta influyente familia carecen de audición. Entre ellos no tiene cabida el silencio.

Crearon el canal de Youtube 'The Piñeiro's' cuando la integrante más pequeña del clan apenas contaba 9 meses. Se atrevieron por la urgencia de mostrar la importancia que adquiere la lengua de signos para llegar a una educación que sea verdaderamente bilingüe.

En Facebook e Instagram tienen una página con el mismo fin: lograr que la asignatura de lengua de signos esté incluida en la educación, como otros idiomas, porque eso cambiaría mucho las cosas respecto a las barreras de comunicación.

La activista Isolina, la madre que da "mimitos" a la prole, es la presidenta de ANPANXOGA, Asociación Gallega de Familias con miembros y jóvenes sordos. Raúl, el hacedor de "cosquillas", es el secretario y, además, ostenta el cargo de vicepresidente de la Federación de Asociaciones de Personas Sordas de Galicia (FAXPG).

Son activistas. Hurtan horas al sueño para, de manera altruista, buscar soluciones en profundidad a todos los problemas imaginables y muestran en redes sociales su día a día, en ese afán por normalizar.

En sus espacios virtuales hay lugar para chistes, disfraces, la perra Nora, cestas de tesoros, bailes, anécdotas, tomas falsas y libros, muchos libros, como la novela gráfica 'Súper Sorda' de Cece Bell, unas memorias en clave de humor escritas por la citada historietista estadounidense que perdió el oído cuando todavía era muy pequeña.

Los Piñeiro son amantes del cine y han visto CODA, la premiada cinta de Sian Heder que conquistó el Oscar a la mejor película. "Fantástica" es la impresión que trasladan a Efe. "Valora muchísimo el acto de la comunicación. Da a entender que la inclusión es posible, que existe. Pero aún así es cierto que seguimos encontrándonos con barreras y la principal de ellas es la educacional".

La conversación discurre con la participación de un intérprete. "La película demuestra también que los actores sordos son muy capaces y pueden hacerlo de una manera fantástica", ahonda Raúl.

No en vano, Troy Kotsur (53 años) se ha convertido en el primer actor sordo premiado por la Academia tras una carrera de más de tres décadas en el mundo de la interpretación. Marlee Martin, que comparte protagonismo con él, fue en 1986 la primera actriz sorda en ganar un Oscar por su actuación en 'Hijos de un dios menor'.

En su país, España, los Piñeiro se fijan en el buen hacer de Ángela Ibáñez, actriz de teatro que actuó en varias obras, tales como 'Cáscaras vacías' o 'Calígula'; y Carlos Soroa, ambos sordos de nacimiento. Éste último forma parte del elenco de 'Bienvenidos al Edén', título de la nueva serie de Netflix que se estrenará el próximo 6 de mayo.

El idioma de Ibáñez y Soroa es la lengua de signos española. No son los únicos actores/actrices sordos/as. En España hay grandes profesionales sordos del mundo de la interpretación.

Tercia Raúl: "La lengua de signos puede profundizar muchísimo más en algunos aspectos expresivos. Y las personas sordas pueden trabajar perfectamente con otros compañeros oyentes. El filme CODA (acrónimo de Child of Deaf Adults- Hijos de Adultos Sordos) lo demuestra".

LA PREMIADA PELÍCULA 'CODA' HA HECHO UNA SOCIEDAD MÁS EMPÁTICA

Prosigue este hombre con su argumentación: 'CODA. Los sonidos del silencio' es "mucho más pura, más real que 'La familia Bélier' en la que se inspira. En 'La familia Bélier' los actores aprendieron la lengua de signos. En CODA los intérpretes son personas sordas. Me ha fascinado. Y ha impactado mucho en la sociedad. Ha ayudado a ser más empáticos".

Las personas sordas reivindican equidad. "Necesitamos una fusión, una integración para ambos (sordos y oyentes)", coincide el matrimonio. No se les puede invitar a irse de una tienda por no querer comunicarse. Tampoco resumir una conversación interesante entre parlantes con "espera un momento, ya te cuento después"; o "nada, estamos hablando de tonterías, “luego”. De igual modo no sirve salir del paso con un resumen insignificante, y en todo ello esta pareja hace hincapié.

La burocracia es otro lío. En una sociedad que tecnológicamente ha avanzado tanto, el "ya te llamaremos" no es la vía con ellos. Existen alternativas a su alcance como el correo electrónico o el WhatsApp.

Raúl lamenta cuando se les invita a tirar de familiares oyentes. "En este caso además la mayoría son sordos", expresa con una sonrisa. E Isolina agrega que no tiene por qué "pedir favores" o explicar sus "intimidades" cuando se valen por sí mismos con los medios adecuados. "No me hago la sorda porque yo quiera. Es que soy una persona sorda", zanja sin necesidad de más añadidos.

EL FLECHAZO ENTRE PERSONAS SORDAS Y EL CHOQUE EMOCIONAL CON OYENTES

"No se acuerdan de manera continuada de que somos personas sordas que compartimos este mundo", enfatiza Raúl. Por eso cuando una persona sorda se encuentra con otra persona sorda, el flechazo es instantáneo. Y la identidad cultural, la unión y colaboración, asegura, es la norma.

En el caso de la "mayoría aplastante de oyentes", la lucha constante puede conllevar un choque emocional, detallan ambos, de no querer saber nada de esa sociedad que escucha. Sin generalizar, claro. "Pero una ofensa tras otra... llega un momento que cansa, es algo obvio y comprensible".

En el entorno íntimo de Isolina y Raúl la accesibilidad es la lengua de signos, "es la primera para todos", para los cinco que comparten techo, y para los abuelos, las abuelas y tíos, que también son sordos. Con los parientes oyentes se entienden a través de la vocalización, de algún que otro código lingüístico pactado y muchos de ellos conocen a la perfección la lengua de signos.

Contar con un entorno "sordo" permite a uno expresarse libremente, explica Isolina como parte positiva. La negativa, es, recalca, la "pelea diaria" que agota. Véase: actividades para niños no adaptadas, charlas que interesan a adultos y que no tienen incluida la lengua de signos ni los subtítulos...

Isolina destaca lo siguiente: "Lo inclusivo no existe. Hay un porcentaje bajo de accesibilidad. Esto produce la sensación de que vamos a estar como un paso atrás. Pero yo no quiero. No me quiero sentir obligada a eso. No lo admito. No lo permito. Somos muy dados a la protesta sincera y honesta".

Esta mujer ha vuelto a estudiar. Tras más de una década en un trabajo rutinario, un buen día no se imaginó acabar de esa manera.

Su marido trabaja. Y en su día a día la organización impera en la casa. Oihana va al instituto y tiene a una intérprete de lengua de signos a horario completo. Oliver y Olalla, los tres empiezan por la 'o', acuden al colegio y sus progenitores cuidan mucho esa etapa educativa porque "la educación de los 3 a los 11 años permite enfrentarse al instituto de una manera solvente".

A sus descendientes les inculcan la importancia de la autonomía.

Isolina apunta que "sabemos que somos personas sordas, cuáles son nuestras limitaciones, nuestros sufrimientos. Los niños necesitan algunas cosas diferentes al resto. Hay que tener conocimientos de la comunidad sorda, estar empapado, y luego abordarlo".

Con una humildad despojada de todo engreimiento, explica esta madre que no dudan a la hora de protestar, reclamar y hacer escritos. "No es que sea pesada, ja, ja. Tengo que hacerlo de esa manera".

LOS 'CODA' DE HOY NO TIENEN NADA QUE VER CON LOS DE HACE 40 AÑOS

José López es el colega CODA que ayuda para la realización de esta entrevista y que concede desde siempre una gran importancia al movimiento asociativo.

Él a veces se ha sentido extraño por ser hijo de padres sordos signantes (los que emplean la lengua de signos).

"Llegas a sentirte diferente en el mundo en el que te ha tocado vivir, porque te rodeas de aspectos sociales y comunitarios distintos. Es como nadar entre dos aguas. Los CODA de hoy en día nada tienen que ver con los de mi generación. Hace cuarenta años éramos el nexo de unión en situaciones que no nos correspondían por edad".

Los de su quinta comparten experiencias similares, como acompañar a edades tempranas a sus padres al médico, o hablar con sus jefes. "Y eso ha hecho que hayamos madurado antes de tiempo. Para algunos ha sido más traumático que para otros".

Algo muy común en el colectivo es que "como estamos tan habituados a dar la cara por otros, nos cuesta darla por nosotros mismos".

Sea como fuere, la conclusión de José es que no podría haber nacido en una familia mejor.

"Con el paso del tiempo me doy cuenta de lo orgulloso que me siento de mis padres. Sé que vivieron una etapa muy complicada. Tienen ya 84 y 85 años y fueron capaces de crear con pocos recursos un perfil asociativo, de reclamar servicios para poder estar en igualdad de condiciones".

LA IMPORTANCIA DE LAS ACCIONES INDIVIDUALES

Las acciones individuales son un buen sitio para comenzar. Un óptimo ejemplo de ello está en 'Excepcionales', iniciativa independiente de web que promueve Emilio Ferreiro y que no es un negocio, tampoco es una oenegé y mucho menos sensacionalista.

En este sitio es posible descubrir cómo las personas sordas y las lenguas de signos contribuyen a hacer un mundo mejor. No en vano, cada vez hay más investigaciones y evidencias que muestran el modo en que las lenguas de signos contribuyen de muy variadas formas al enriquecimiento y desarrollo de sociedades y grupos humanos.

Dos de los campos más significativos en los que puede observarse esta aportación positiva son las artes y las ciencias.

Por ello 'Excepcionales' se ha creado para recopilar las contribuciones más destacadas de las lenguas de signos y las personas sordas en el arte, la cultura, la comunicación y la ciencia, de forma que en un mismo lugar pueda encontrarse toda esa valiosa información.

Los Piñeiro: la familia de 15 personas sordas en la que no existe el silencio
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