jueves 9/12/21
Polémica

Un pueblo gallego, en guerra contra un cura que llama adúlteras a las mujer

Los vecinos de las parroquias ourensanas de Punxín y Freás están tan enojados con su párroco, Jesús Conde, que recogen firmas para que el Obispado lo releve por causas tales como llamar a las mujeres "esos seres adúlteros" y sin sentimientos y negarse a dar la comunión a quienes viven en pareja sin estar casados, el caso por ejemplo de su sacristán, que dimitió.

Los vecinos de las parroquias ourensanas de Punxín y Freás están tan enojados con su párroco, Jesús Conde, que recogen firmas para que el Obispado lo releve por causas tales como llamar a las mujeres "esos seres adúlteros" y sin sentimientos y negarse a dar la comunión a quienes viven en pareja sin estar casados, el caso por ejemplo de su sacristán, que dimitió.

 

El conflicto comenzó hace dos meses y medio, cuando el Obispado de Ourense sustituyó al anterior cura, que se jubiló por enfermedad; y se agravó este fin de semana, al impedir los vecinos al relevista oficiar la misa de este domingo por, supuestamente, haberse negado a solucionar este conflicto, y al no celebrarse esta tarde tampoco el culto de las seis.

 

Lo único nuevo en este conflicto es el empeoramiento del mismo, porque fue al poco tiempo de llegar Jesús Conde cuando se amontonaron las quejas vecinales, hasta el punto de que se suceden las peticiones para el cambio de sacerdote. "No lo queremos", advierten varios residentes en esta zona consultados por Efe.

 

"Adúlteras", "no tienen sentimientos", "las mujeres no tienen respeto a la vida y a los sentimientos", "nos niega la comunión porque no estamos casados"... Estos son solamente algunas de las ofensas dialécticas que denuncian haber vivido los feligreses en las homilías, y tales comportamientos han suscitado el desembarco de numerosos medios de comunicación en este pequeño núcleo gallego. "Este cura dice cosas que no son ciertas y uno se enfada", cuenta indignado Manuel Vázquez. Los moradores en la zona permanecen este lunes "atrincherados".

 

Entre sus principales quejas, algunos de ellos denuncian la escasa puntualidad del religioso, así como la falta de respeto que profesa Conde en general hacia quienes acuden a la Iglesia y también una supuesta "manipulación indebida, y por su parte", de la cartilla de ahorros de la parroquia. "El párroco se había mostrado de acuerdo en nombrar a tres feligreses para administrar las cuentas de la Iglesia.

 

Al día siguiente, al ir a depositar el dinero para pagar los gastos de la fiesta religiosa, vimos que nuestro nombre no aparecía en la cartilla y nos dijeron que era competencia del sacerdote", cuentan. En total, los vecinos aseguran que habían depositado cerca de 1.000 euros. No es el único lamento.

 

Protestan, igualmente, porque el párroco se niega a oficiar misas de difuntos, y porque quiere cobrar por los funerales, "cuando el primer día nos dijo que no iba a cobrar nada". En pie de guerra, los vecinos califican de "lamentable" todo lo sucedido y, hartos, han iniciado una recogida de firmas que esperan hacer llegar al Obispado, donde pedirán mañana que se releve a Conde de sus funciones y se designe a otra persona. Hasta el propio sacristán, Jonathan Veiga, ha presentado su dimisión a raíz de este enfrentamiento abierto después de que el cura "me negara -según ha relatado a Efe- la comunión porque me dijo que estaba viviendo en pecado con mi pareja".

 

El palpable malestar ha provocado que algunos feligreses se hayan trasladado de parroquia. "Todos los vecinos están muy descontentos por su actitud y por su comportamiento y no estamos dispuestos a tolerarle nada más", subraya Veiga. Este sacristán, que ha dejado el cargo después de 14 años en el mismo, asegura que "nunca" le había pasado algo así. De hecho, junto al resto de ciudadanos le ha trasladado al cura el mensaje de que "no queremos que vuelva".

 

En este momento, muchos vecinos ya han manifestado que no piensan "poner un pie en la Iglesia mientras este señor siga aquí". Distintas mujeres han contado que "se le facilitó todo" pero se fue "quedando con nuestro dinero", tal y como indica Dolores Barro. Otra vecina, Dolores Varela, sostiene que "nunca hubo ningún problema con ningún sacerdote hasta que llegó este".

 

En el Obispado el mensaje es contundente: la institución no va a pronunciarse sobre este conflicto. Igual de rotundo es el sacerdote, de 56 años, al que Efe pudo localizar en su domicilio, donde reclinó hacer declaraciones tras el revuelo montado. Gallegos que conocen al cura por su labor en otras parroquias lo defienden, dicen que jamás hubo incidentes con él y expresan sus dudas sobre este conflicto: "Es raro cuando no lleva ni tres meses allí".

 

Esta es la impresión unánime entre sus más cercanos. Los vecinos de Punxín estuvieron hace unos semanas batallando por otro motivo, el agua contaminada y el elevado coste de este servicio, causa que llegó hasta el sumario de la Operación Pokemon.

Un pueblo gallego, en guerra contra un cura que llama adúlteras a las mujer
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