sábado. 01.10.2022

"Numerus clausus" y más medidas en espacios naturales para no morir de éxito

Desde cupos de acceso a playas hasta limitaciones al paso de vehículos y autobuses lanzadera de visitantes a senderos, bosques y lagos e informadores ambientales son algunas de las medidas desplegadas en España para blindarse frente a la masificación y garantizar un turismo sostenible.

Desde cupos de acceso a playas hasta limitaciones al paso de vehículos y autobuses lanzadera de visitantes a senderos, bosques y lagos e informadores ambientales son algunas de las medidas desplegadas en España para blindarse frente a la masificación y garantizar un turismo sostenible.

Ante imágenes, una vez más este verano, con colas de montañeros en picos como el K2 o el Everest, ha resurgido el debate, no solo del riesgo humano de la masificación del turismo en lugares peligrosos, sino también de su amenaza sobre hábitats naturales de por sí muy castigados y erosionados.

La playa gallega de las Catedrales, un monumento natural de arena y rocas esculpidas por el mar, además de la reserva natural de Doñana, en Andalucía, o el volcán del Teide, en Tenerife, son solo algunos de los muchos enclaves en España con limitaciones de acceso para compatibilizar el uso público con su preservación.

Desde altas montañas hasta frondosos bosques, volcanes o playas paradisíacas, convierten a España en privilegiado escaparate orográfico, rico en flora y fauna, de climas variados, tanto en la península como en las islas, con dieciséis parques nacionales y otros muchos de carácter regional, europeo y local.

Los entornos naturales, por su enorme valor ecológico, tienen que preservarse frente a un turismo masivo que pueda degradarlos, con regulaciones que permitan su disfrute ciudadano aunque con garantías de conservación, explica a Efe la portavoz de Ecologistas en Acción Pau Monasterio.

En los últimos veinte años, el turismo en Parques Nacionales ha crecido un 77 %, con cerca de 16 millones de visitantes anuales, según un informe de la asociación Eco-unión, que cita como causas el transporte o las redes sociales que popularizan entornos recónditos; a ello se suma el impacto del coronavirus, que ha convertido en refugio, frente a la ciudad, muchas áreas naturales.

Por comunidades, las restricciones de uso público son muy diversas; Asturias mantiene el plan especial de transporte a los Lagos de Covadonga -el enclave más visitado del concurrido Parque Nacional de Picos de Europa- y en épocas de mayor afluencia solo se puede acceder en autobús o taxi con licencia en Cangas de Onís.

En Galicia, la playa de las Catedrales, en Ribadeo (Lugo), exige entrada que se reserva gratis por internet, y en la costa vizcaína el acceso al islote de San Juan de Gaztelugatxe ha sido reabierto al público, con un límite de casi 1.500 personas al día.

En el archipiélago canario, con unos 15 millones de turistas al año, el Parque Nacional del Teide, de los más concurridos en España, tiene cupo de 200 visitas diarias, y también el de Timanfaya, en las montañas de fuego de Lanzarote, donde el acceso es de pago, mientras en el de Garajonay, con los bosques de laurisilva de La Gomera, está limitado el número de vehículos a Las Mimbreras, en El Cedro.

Además, en Gran Canaria, en la playa de Maspalomas, protegida como reserva natural, se han delimitado espacios no accesibles, y en Fuerteventura existen cupos en Lobos, un islote volcánico deshabitado frente a las dunas de Corralejo.

En Baleares, con el 50 % de praderas de posidonia de España en sus aguas, se han extendido las limitaciones y además el paso al Parque Nacional Marítimo-Terrestre de Cabrera requiere permiso para navegar y quienes visitan la isla principal del archipiélago no pueden salir de los caminos indicados.

Este verano además existen informadores ambientales en las playas de Baleares, contratados por el Govern, para divulgar entre los bañistas los valores de los sistemas dunares en espacios protegidos.

En la Península, el Parque Nacional de Doñana, un mosaico de ecosistemas en Andalucía, tiene restringido el acceso al interior desde hace años, con un máximo al día de 886 personas, desde el itinerario por El Acebuche y El Rocío -ambos desde Huelva- y por el fluvial desde la gaditana Sanlúcar de Barrameda.

Hay restricciones en Aragón desde hace años en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, y en Extremadura está limitado el acceso a los monumentos naturales de Cueva Castañar (Cáceres) y Cueva Fuentes de León (Badajoz), cuyas dimensiones son muy reducidas.

En Murcia los vehículos privados motorizados tienen restringido el paso al Parque Regional de Calblanque, Monte de las Cenizas y Peña del Águila, y en la comunidad de Madrid solo está permitido el baño en las zonas naturales en Los Villares, el embalse de San Juan, la playa del Alberche y Las Presillas (Rascafría).

Hasta el 2016 se podía también en La Charca Verde, en La Pedriza -uno de los parajes más visitados del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama- donde están restringidos los vehículos y el aparcamiento.

En Cuenca se estudia limitar a 400 las visitas al monumento natural Chorreras del Cabriel, un paraje en la Reserva de la Biosfera, donde este verano once bañistas han sido rescatados por caídas.

Asimismo, en Navarra, el acceso al nacedero del rio Urederra, en el Parque de Urbasa, se reserva para un máximo de 500 visitas; en los embalses de Leurza y el bosque Orgi hay cupo de coches.

En la Comunidad Valenciana, el Parque Natural de la Sierra de Irta, reserva marina de interés pesquero (Castellón), regula en verano el acceso de vehículos a motor; y en Alicante, en espacios como el itinerario rojo del Peñón de Ifach (Calpe),existe cupo de visitantes y también en los acantilados del Cabo de San Antonio, dentro del espacio protegido del Parque Natural del Montgó.

"Numerus clausus" y más medidas en espacios naturales para no morir de éxito
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