sábado 25/9/21

Las últimas colas para cruzar la frontera

Empresarios y vecinos de los pueblos apostados en la frontera hispano-lusa esperan con ansiedad la jornada del 1 de mayo, primer día en que se volverá a cruzar de un país a otro con normalidad, sin colas, sin esperas y sin restricciones, desde que se cerrara el pasado 29 de enero pasado.

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Carlos García

Empresarios y vecinos de los pueblos apostados en la frontera hispano-lusa esperan con ansiedad la jornada del 1 de mayo, primer día en que se volverá a cruzar de un país a otro con normalidad, sin colas, sin esperas y sin restricciones, desde que se cerrara el pasado 29 de enero pasado.

Leticia Jiménez, portuguesa que trabaja en un hipermercado español de Fuentes de Oñoro, fronterizo con la localidad lusa de Vilar Formoso, respira profundo mientras reconoce el calvario que ella y su familia tienen que pasar cada vez que restringen el paso fronterizo.

"Mi marido, mis dos hijos y yo vivimos en Fuentes de Oñoro y todos los días tenía que cruzar la frontera porque mis hijos van al cole a Portugal", explica a Efe.

Esta vecina de La Raya reconoce que ella ha podido cruzar la frontera, sólo de lunes a viernes, con una autorización especial del colegio, pero lamenta que otra gente no haya podido hacerlo.

De fondo, las colas de personas que se tienen que bajar de los autobuses regulares al llegar a la aduana, la mayoría procedentes de Francia que tienen como destino Portugal.

Allí, uno por uno, los agentes del Servicio de Extranjeros y Fronteras (SEF) de Portugal comprueban su identidad y revisan su salvoconducto para ingresar en territorio luso.

Muchos logran pasar, pero otros se tienen que quedar en suelo español, en caso de que no tengan los permisos en regla.

Magda, emigrante portuguesa que reside en Francia, llega en autobús, se baja, enseña la documentación a los agentes del SEF y les explica que va a pasar un mes con su familia en Oporto.

Lo mismo hace el señor Manuel, un octogenario que ha viajado en el mismo autobús procedente de Francia, país al que emigró en busca de trabajo cuando era joven. Con varias maletas en la mano muestra su satisfacción por haber cruzado la frontera y llegar a su pueblo natal, Vilar Formoso.

El ambiente en Fuentes de Oñoro y Vilar Formoso vuelve a cobrar vida y, a pesar de que el 1 de mayo es festivo, "todos los trabajadores del hipermercado se han prestado voluntarios para acudir mañana al trabajo, ya que esperamos recibir a muchos portugueses", explica a EFE Juan Luis Bravo, dueño del establecimiento.

El optimismo reinaba en la mañana de hoy en los comercios de sendas localidades, tras el anuncio realizado ayer por el Gobierno luso en el que se eliminaban las restricciones para cruzar la frontera.

Los restaurantes lusos, que podrán abrir hasta las 22.30 horas, esperan con ansiedad a los comensales españoles y en Fuentes de Oñoro se afanan para tener todo a punto para mañana.

En la perfumería oñorense "La Montaña" colocan en la parte superior del escaparate las letras "Benvidos" (bienvenidos) y en las gasolineras españolas se preparan para, al igual que antes del cierre, volver a recibir a cientos de portugueses que repostan en ellas porque el precio es más barato.

"Esperemos que no vuelvan a cometer esta tropelía", lamenta el alcalde de Fuentes de Oñoro, Isidoro Alanís, quien insiste en que en la frontera entre España y Francia los vecinos de los pueblos limítrofes se han podido mover por los dos países en un radio de 30 kilómetros.

"Si no queremos que esto vuelva a pasar, los vecinos fronterizos tienen que tener todos un carné con el que puedan moverse libremente", argumenta Juan Luis Bravo.

Desde finales de enero, la frontera ha estado restringida y sólo la podían cruzar por los pasos autorizados trabajadores transfronterizos o transportistas de mercancías, debido a las restricciones provocadas por la pandemia.

Los empresarios calculan que esta medida les ha supuesto una merma de ingresos de en torno al 70 % y esperan que las vacunas impidan futuros cierres.

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