martes 24/5/22

Los forenses confirman la muerte “violenta” del parricida fugado en Ourense

Los médicos forenses que estudiaron el cadáver de Fernando Espiño, el parricida que no regresó de un permiso y cuyo cuerpo apareció enterrado en una granja en Ourense, han apuntado a una muerte “violenta” a tenor de las lesiones que presentaba el cuerpo y las circunstancias en que fue encontrado.

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Los médicos forenses que estudiaron el cadáver de Fernando Espiño, el parricida que no regresó de un permiso y cuyo cuerpo apareció enterrado en una granja en Ourense, han apuntado a una muerte “violenta” a tenor de las lesiones que presentaba el cuerpo y las circunstancias en que fue encontrado.

Así lo corroboraron en la cuarta jornada de juicio que acoge la Audiencia Provincial de Ourense contra los dos varones acusados, que se enfrentan a penas de más de veinte años de prisión cada uno por un delito de asesinato y un delito continuado de estafa.

En la declaración, los responsables de la unidad de antropología forense, que analizaron diversas muestras de la tierra y del agua donde apareció el cuerpo, así como el propio cadáver, explicaron que la causa de la muerte se corresponde con “un traumatismo craneoencefálico”, dado que el cuerpo presentaba “al menos cuatro impactos” en la cabeza, que provocaron que “el cráneo se fracturase”.

En lo que respecta a la posible arma utilizada, y que no apareció durante la investigación, Fernando Serrulla ha apuntado que se habría utilizado un instrumento “romo” y sin filo, posiblemente una “una barra metálica”.

En conclusión, a preguntas formuladas por las partes, los forenses han determinado, pese al estado de descomposición que presentaba el cuerpo, que fue una “muerte homicida” y que la víctima se correspondía con el preso que inicialmente había sido dado como fugado de prisión.

Para ello, han tenido en cuenta el análisis genético así como una radiografía del fémur, que mostraba una fractura como la que había sufrido Espiño, así como el lugar en el que fue encontrado, una finca de uno de los acusados.

El cuerpo apareció con signos de violencia “enterrado” en la finca de A Senra (Piñor de Cea, Ourense), en los terrenos de una granja local que se dedicaba a la cría masiva de pollos. La cabeza estaba “envuelta en dos bolsas con una cinta”, lo que apuntaría a una muerta homicida.

Las defensas se han centrado en los informes periciales practicados a los distintos objetos encontrados y que no han permitido hallar ningún tipo de ADN ni de vestigio que se corresponda con los acusados. Los únicos restos que encontraron son los de uno de los acusados en una de las tarjetas de la víctima, con la que supuestamente realizó varias retiradas de dinero.

La letrada de uno de los acusados preguntó por el serrín encontrado en el lugar que estaba enterrado el cadáver y que no se correspondía con el que el acusado utiliza en su granja. En todo caso, los forenses no han considerado este extremo representativo y han aclarado que el serrín pudo originarse allí por alguna otra actividad, como la tala de un árbol.

A falta de nuevas periciales y de las conclusiones, el jurado popular tendrá que determinar si los acusados asesinaron al preso, al que conocieron en la cárcel, para quedarse con el dinero de la herencia de su madre, que supera los 22.000 euros.

lrt/jrs

Los forenses confirman la muerte “violenta” del parricida fugado en Ourense
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