sábado. 13.08.2022

Trabajar al aire libre en una Ourense convertida en un horno: Esto mata a uno

Si hay alguien que sufre en sus carnes la asfixiante ola de calor son los operarios que trabajan al aire libre, y en el caso gallego, sobre todo aquellos que ejercen en Ourense, la "zona cero" en Galicia, que ha batido esta semana récords históricos de temperaturas máximas.

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Si hay alguien que sufre en sus carnes la asfixiante ola de calor son los operarios que trabajan al aire libre, y en el caso gallego, sobre todo aquellos que ejercen en Ourense, la "zona cero" en Galicia, que ha batido esta semana récords históricos de temperaturas máximas.

"Esto mata a uno, mata a cualquiera. Estos días lo llevamos como podemos", resume en una charla con Efe Cristian Pacheco, un hombre que lleva trabajando más de dos décadas en el sacrificado sector de la construcción, primero en Lleida y ahora en Ourense, tras pasar por Fuerteventura. Estos días, literalmente, sobrevive como bien puede.

La ciudad de Ourense marcó esta semana récords históricos, tras los 44 grados centígrados alcanzados el jueves, superando la máxima justo anterior, establecida el martes, de 43,3ºC.

Esta anormal situación está teniendo un gran impacto en los horarios laborales de muchos profesionales y, en concreto, de los que están más expuestos al astro rey, como ocurre con los empleados de la construcción.

Muchos han optado por aprovechar franjas. Así, en el caso de Pacheco, por ejemplo, empieza a trabajar a primera hora de la mañana y después hace un parón considerable, para esquivar las horas centrales, las de mayor intensidad.

"Ni apetece comer, pero estos días puedo beber hasta ocho litros al día", desvela.

Un compañero de gremio, José Manuel Parada, se ha decantado, como él, por ajustar tiempos. "Estamos haciendo un parón para comer a la una y volvemos a las tres para evitar las horas de más calor. Si empiezas a las 7 y acabas a las tres, todo del tirón, no arreglamos nada", explica.

Siguiendo con la argumentación, concreta: "En un sector como el de la construcción es muy difícil, pues no es igual hacer una jornada continua en una oficina que en la calle. Aquí hay momentos puntuales, desde las doce del mediodía hasta las tres de la tarde, en los que hace mucho calor. No solucionas nada con una jornada de ocho a cuatro".

Pese a sus años de experiencia en el sector, afirma que uno nunca se acostumbra a las condiciones ambientales: "Es lo mismo todos los años, cuando en el invierno toca trabajar con frío y en verano con mucho calor. Aunque no tanta. Pero en suma esto es lo que hay", dice resignado.

Y, continúa Pacheco, a las ocho o diez horas que están, de media, "expuestos al sol", hay que sumarle después en algún caso otra hora de carretera para llegar al puesto de trabajo. Y para salir de él, claro.

"Siempre trabajamos, llueva o salga el sol", precisa, por si quedase la duda.

La única solución este julio, dicen, es "beber mucho", y "esperar a que empiecen a bajar las temperaturas", tal y como subraya Parada.

Este problema no es algo exclusivo de la construcción, sino también de otros sectores como el de la hostelería, los repartidores, la agricultura o los vendedores a pie de calle.

Cristina, de la panadería local 'Pan do Luis', lo que más nota estos días es que el reparto está siendo más lento en el rural. "La gente está encerrada en casa, con todo cerrado, y muchas veces no nos oye llegar".

Con mínimas por encima de los veinte grados, esta panadera explica la dureza que supone estar en verano en el obrador. "Aunque trabajamos de noche, estos días al no bajar las mínimas el obrador puede alcanzar los 47 grados", cuenta a Efe.

Otro ejemplo más. Desde su puesto de frutas y hortalizas situado en la zona de Castadón, en Ourense, José González ha apurado este jueves para vender fruta por la mañana, aprovechando las horas de menos calor. Las temperaturas extremas han provocado que la clientela opte por otro tipo de fruta.

"La gente que viene pide frutas más frescas, porque es lo que más apetece, es decir, naranjas, peladillos, melocotones, sandías". Este verano no tiene cerezas "por el precio".

Con la inflación muy presente, otro gran conflicto, asegura que la clientela compra menos.

"Antes vendía cajas enteras, y ahora por kilos, pues algunos productos subieron un 20 por ciento", lamenta.

José siente calor, pero no ve la luz a eso. La economía inquieta. Y mucho. Lo del mercurio lo ven como más pasajero.

Trabajar al aire libre en una Ourense convertida en un horno: Esto mata a uno
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