jueves 26/5/22

Desvelado “el gran secreto de la belleza corporal” de La Bella Otero

El alcalde de Valga, José María Bello Maneiro, participó el pasado viernes en el Museo de la Historia en la presentación de un artículo de investigación de la autoría de Tomás Abeigón y centrado en una novedosa y, hasta ahora, poco conocida faceta de la valguesa más universal, La Bella Otero.

El alcalde de Valga, José María Bello Maneiro, participó el pasado viernes en el Museo de la Historia en la presentación de un artículo de investigación de la autoría de Tomás Abeigón y centrado en una novedosa y, hasta ahora, poco conocida faceta de la valguesa más universal, La Bella Otero.

 

El acto contó, además, con la presencia de las concejales Carmen Gómez y Begoña Piñeiro y del técnico responsable del Museo de la Historia, Santiago Chenlo.

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Abeigón, vinculado profesionalmente al fisicoculturismo y al deporte, desvela en este trabajo “el gran secreto de la belleza corporal” de la diva de la Belle Époque y estrella del Folies Bergère: “los aparatos de Cultura Física que fueron su verdadero Santo Grial” y que le permitieron modelar su cuerpo hasta ser admirado por algunos de los hombres más influyentes del mundo y conseguir llenar los más afamados teatros.

 

Según revela Tomás Abeigón, la relación de la Bella Otero con el culto al cuerpo se inició en el año 1893. Durante una estancia en Nueva York la artista valguesa se inscribió en un centro de gimnasia regentado por el famoso forzudo alemán Ludwig Durlacher –conocido como Atila, en referencia al rey de los hunos– y especializado en el adiestramiento femenino con pesas.

 

Aun así, la clave de la investigación –pensada para su publicación en revistas especializadas en educación física– está en la relación que unió a la Bella Otero con el legendario deportista Eugen Sandow, considerado el padre del culturismo moderno.

 

Tal es así que el Museo de la Historia Natural de Londres realizó un molde de yeso de su cuerpo como representación de la forma ideal masculina. “Su equivalente actual sería Arnold Schwarzenegger”, explica Abeigón. Sandow fue inventor de algunos de los aparatos gimnásticos de más éxito de la época, como las “ Mancuernas de muelles Sandow”.

 

Agustina Otero se valió de sus métodos y aparatos para modelar su herramienta de trabajo, su cuerpo, ya de por sí agraciado. Adquirió estas pesas, con las que realizaba una rutina tres días a la semana, y también el “ Sandow Symmetrion”, un aparato de ejercicio físico revolucionario y diseñado única y exclusivamente para la mujer, a la que permitía conseguir “la simetría en la forma del cuerpo y gracia en el movimiento”. Más en concreto, ayudaba a las usuarias a lucir una reducida cintura y una musculatura tonificada.

 

“La idea de que las mujeres se habían dedicado a la gimnasia con pesas era algo que no concordaba con la mentalidad de la época. De hecho, hasta bien entrado el siglo XX no fue una cosa demasiado bien vista.

 

Bien por desconocimiento o por envidia, había personas que decían que esto provocaría que la mujer tendría un cuerpo demasiado masculinizado (...). Puede decirse, en este sentido, que la Bella Otero ayudó a la igualdad entre hombres y mujeres en el fitness”, asevera Abeigón en su trabajo.

 

El artículo presentado ahonda también en la relación personal que unió a la Bella Otero con Eugen Sandow –una historia de amor no correspondida por parte del deportista– y se centra en algunos episodios de la vida profesional y personal de la afamada bailarina. Por ejemplo, que su bautismo artístico pudo tener lugar en la ciudad de Pontevedra a los 14 años de edad. “Una noche deambulando por el actual casco viejo escuchó palmas, griterío y repique de castañuelas que la empujaron a entrar en un café.

 

Era tal su magnetismo, gracia y donaire que el dueño del local la contrató cómo bailarina y decidió bautizarla artísticamente con el nombre de su hija, Carolina”, explica el autor del trabajo. Se trataba de una tasca hostal emplazada en la actual calle Princesa, entonces llamada Picheleira, y propiedad de Eusebio Álvarez.

 

En lo tocante a la vida personal de la Bella Otero, el artículo de Tomás Abeigón incide en la posibilidad de que la artista fuera hija de un cura y aporta datos sobre el hombre que la violó siendo niña, Venancio Romero, alias “ Conainas”. En concreto, ahonda en los antecedentes penitenciarios de este individuo por robo, estafa, lesiones y “otros excesos”.

 

Para realizar este trabajo, el autor empleó como fuentes la biografía de Eugen Sandow (“ Sandow, the magnificent”), revistas de la época como “Lana Culture Fhysique” o “Lana Santé par lee Sports”, consultó los archivos Diocesano de Santiago, del Reino de Galicia, el Histórico Provincial de Pontevedra, de la Universidad de Santiago, el archivo del Juzgado de 1º Instancia de Caldas y de la Audiencia Provincial de Pontevedra, entre otros.

Desvelado “el gran secreto de la belleza corporal” de La Bella Otero
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