jueves. 18.04.2024

La Guardia Civil detuvo a Albertina T.F. y Rocío G.G. por las "incoherencias" en su relato respecto a la muerte de Secundino Prego, un hombre de 85 años al que ambas mujeres cuidaban.

 

El testimonio de los agentes de la Benemérita que intervinieron el día del crimen de Chancelas y que participaron en la investigación que concluyó con la detención de las dos encausadas ha monopolizado la tercera sesión del juicio por el crimen de Chancelas, en el municipio pontevedrés de Poio. Los agentes explicaron que descartaron la posibilidad de que la víctima hubiese sido asesinada por los dos hombres que, presuntamente, habían entrado a robar en la vivienda, ante las "incoherencias" que detectaron en las declaraciones de las dos mujeres.

 

Entre otras cuestiones, señalaron que la vivienda "no cuadraba" con un lugar que hubiese sido asaltado; que había pasado "demasiado tiempo" entre la llegada del anciano a casa y la llamada de las dos mujeres al 112 o que, dentro de la vivienda, apareciera "oculto en una bolsa de basura" un electrodoméstico que Albertina T.F. había denunciado como robado.

 

Pero las principales sospechas, según los investigadores, partieron de la "extraña" actitud de Albertina T.F. desde el mismo día del crimen. Uno de los agentes que acudió a la escena del crimen explicó que mientras Rocío G.G. estaba "como colocada", la mujer tenía una actitud "normal" y que incluso "se reía a veces".

 

Ambas mujeres mantuvieron la tesis del robo hasta que, durante sendos registros en sus respectivas viviendas, fueron halladas diferentes prendas de ropa machadas de sangre de la víctima, junto con otros enseres como unas llaves de la casa del anciano que, según Albertina T.F., también habían sustraído los ladrones.

 

Tras su detención, Rocío G.G. confesó ser la autora material del crimen, tal y como corroboró el agente que atendió su declaración, si bien insistió en todo momento en que lo hizo "bajo las instrucciones" de su compañera, la encargada de "indicarlo todo" y que habría llegado a ofrecer a la joven 5.000 euros por su colaboración, dinero que jamás cobró. En la leñera de la casa de Chancelas, los investigadores hallaron la cazuela ensangrentada con la que, presuntamente, dieron muerte a Secundino Prego en las inmediaciones del garaje de la vivienda.

 

El cadáver, según el agente que lo encontró, presentaba signos de violencia "bastante fuertes", ya que también le golpearon con su propio bastón, que se rompió en varios pedazos, una losa de terraza y una piedra de granito.

Las "incoherencias" delataron a las acusadas del crimen de Chancelas