viernes. 19.04.2024

Artículo remitido por Difusión Felina de Pontevedra

La primavera suele ser uno de los momentos más alegres para muchos, pero para nosotros se convierte en un periodo lleno de desesperación y tristeza. Año tras año, presenciamos la aparición incesante de camadas de gatos abandonados en lugares desolados: cajas, cunetas, contenedores de basura. Estos animales son dejados a su suerte, condenados a sufrir hambre, sed y, en ocasiones, a perecer asfixiados por el calor. Nos encontramos frente a una realidad desgarradora y una impotencia abrumadora, ya que los responsables de estos actos quedan impunes tras cometer un horrible crimen.

Desde el inicio de mayo, hemos sido testigos de la aparición de más de diez camadas, lo que supone más de cuarenta gatos abandonados, si nos extendemos a abril la cantidad se extiende a veintidós camadas y setenta y tres bebés. El problema no radica en el coste que esto implica, sino en la falta de espacio para acogerlos a todos. Además, aquellos que nos alertan sobre estos casos suelen ser incapaces de hacerse cargo de ellos. Lamentablemente, estos datos solo reflejan una parte de la angustiante realidad que enfrentamos.

Nos preguntamos si existe espacio suficiente en las cárceles destinado a los responsables de estos abandonos. Sería cuestión de informarse al respecto. Sin embargo, lo que sí sabemos con certeza es que el castigo impuesto a estos individuos no está a la altura de su despreciable comportamiento, lo que empaña la reputación de nuestra querida Boa Vila.

Buscamos crear conciencia sobre esta problemática y llamar a la acción. Es urgente que las autoridades y la sociedad en su conjunto se involucren en la protección y bienestar de estos seres indefensos. Necesitamos implementar medidas más efectivas para prevenir el abandono de animales, así como promover una educación responsable sobre la tenencia de mascotas. Solo a través de una respuesta colectiva y comprometida podremos revertir esta situación y ofrecerles un futuro mejor a los gatos abandonados.

Tiempos sombríos en Pontevedra para los gatos abandonados: un llamado a la acción