viernes 22/10/21
Juicio | Robo del Códice Calixtino

El electricista niega robar el correo a sus vecinos y, si lo dijo, fue aturdido

El electricista gallego Manuel Fernández Castiñeiras, autor confeso del robo del Códice Calixtino, ha rechazado hoy que en algún momento se haya apropiado de correspondencia particular de sus vecinos de edificio y, si en algún momento confesó algo así, fue porque se sentiría "aturdido". 

El electricista gallego Manuel Fernández Castiñeiras, acusado del robo del Códice Calixtino, ha rechazado hoy que se haya apropiado de correspondencia particular de sus vecinos de edificio, que desde 2012 no le hablan, y, si en algún momento confesó algo así, fue porque se sentiría "aturdido". Siguiendo la misma estrategia que empleó en el primer juicio al que se enfrentó, por el robo del Códice Calixtino y el cual finalizó hace una semana, Castiñeiras ha vuelto a comentar hoy que no recuerda lo relatado en su primera declaración ante el juez instructor José Antonio Vázquez Taín, puesto que estaba "coaccionado" por las continuas burlas del magistrado.

 

En cambio, al contrario de lo ocurrido en esa vista oral, en ésta sí contestó a todas las partes personadas. Este sexagenario tiene que responder ante la Justicia hoy y mañana por el robo continuado de correspondencia a sus vecinos de Milladoiro (A Coruña), un delito por el que el fiscal pide 243 años de prisión, y que debió haberse celebrado entre los días 15 y 16 del pasado enero. No obstante, se aplazó por un ingreso hospitalario del acusado.

 

El electricista negó hoy en todo momento haber cogido alguna carta de sus vecinos, y no ha sabido explicar cómo las misivas de estos residentes aparecieron en su trastero, pero a preguntas de su abogada ha comentado que de su casa "tenían llaves más personas". En ese sentido ha apuntado que miembros del cuerpo de policía entraron en su domicilio sin su "consentimiento", ha remarcado, porque él no autorizó la instalación de micrófonos, y al respecto ha dejado caer que pudo ser durante esta operación cuando se colocaron las cartas, entre sus pertenencias. Del momento en el que ante el juez José Antonio Vázquez Taín, -que instruyó la causa abierta por la sustracción del manuscrito del siglo XII de la que derivó esta otra-, dijo que él también era responsable del robo de cartas, no se acuerda Fernández Castiñeiras, porque "estaba aturdido, llevaba tres días sin medicación, y yo firmé lo que me pusieron delante, como si me pusiesen mi sentencia de muerte. La firmaría igual".

 

"Nunca recogí ninguna carta", ha remarcado esta vez, en una vista oral que su mujer, la costurera Remedios Nieto, ha estado siguiendo como público. Sobre ella ha dicho el electricista que, al igual que él, solo conocía de la existencia de un problema con la recepción de cartas porque en una ocasión se vio esto reflejado "en las actas" de la comunidad de propietarios, en el sentido de que había pérdidas. La abogada que ejerce la defensa, Carmen Ventoso, ha alegado alteración de pruebas, al igual que su cliente, que insistió en que alguien pudo colocar las cartas allí, en su vivienda.

 

En esta misma sesión, los vecinos del electricista, a los que se les han mostrado sus respectivas cartas, han relatado que nunca desconfiaron de que pudiese ser Fernández Castiñeiras quien estaba apoderándose de su correo personal. En el inicio de este juicio de dos días también ha prestado declaración el psicólogo Juan Carlos Maneiro, que atendió al electricista acusado de robar el Códice Calixtino, y, al igual que en el juicio del libro, ha vuelto a señalar que su paciente apila objetos de manera "incontrolable" a causa de un síndrome obsesivo compulsivo.

 

Asimismo, han testificado dos mujeres de Bugallido (Ames), que han relatado que el padre del electricista sufría una "enfermedad" similar, por lo que han subrayado que en el pueblo "la gente" comenta que puede tratarse de una enfermedad hereditaria. Por la supuesta comisión de estos 162 delitos contra la intimidad que se reclaman el Ministerio Fiscal le pide a Fernández Castiñeiras 18 meses por cada uno de los delitos, y la acusación particular, impulsada por parte de los afectados por la sustracción de correspondencia, eleva esta petición a 36.

 

No obstante, el cumplimiento efectivo de la pena no debe exceder el triple del tiempo de la máxima, con lo que se enfrenta a hasta nueve años de prisión y también a una reclamación económica que podría aproximarse a los cien mil euros. Está previsto que mañana finalice este juicio con la exhibición de las pruebas documentales, tras las que Fiscalía, acusación y defensa expondrán sus conclusiones definitivas. Manuel Fernández Castiñeiras ha de esperar por el veredicto de dos juicios que han quedado vistos para sentencia y en los que, de su confesión inicial, se ha desdicho.

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