miércoles 25/5/22

El electricista, visto por su familia como tacaño y mandón, rompe su silencio

Jubilado y cargando con el peso del protagonismo que le dio erigirse como el supuesto autor de un rocambolesco robo, el del valioso Códice Calixtino, al otrora electricista de la Catedral de Santiago, el gallego Manuel Fernández Castiñeiras, lo define su familia como un hombre tacaño y mandón. 

Jubilado y cargando con el peso del protagonismo que le dio erigirse como el supuesto autor de un rocambolesco robo, el del valioso Códice Calixtino, al otrora electricista de la Catedral de Santiago, el gallego Manuel Fernández Castiñeiras, lo define su familia como un hombre tacaño y mandón. Con 22 años de experiencia al frente del mantenimiento del templo que preside la Plaza del Obradoiro, este sexagenario rompió hoy momentáneamente su silencio, acusado de la presunta comisión de dos delitos de robo con fuerza, uno de ellos continuado; de un delito contra la intimidad y de otro de blanqueo de capitales.

 

Poco antes de las 9:15 horas de la mañana, Castiñeiras llegó a los juzgados compostelanos de Fontiñas acompañado por su mujer, Remedios Nieto, que portaba un paraguas rojo y blanco a rayas que protegía al matrimonio de las primeras e intempestivas lluvias, pero no de los flashes de las cámaras. Delante de ellos, a escasos pasos, la abogada que se encarga de la defensa de toda la familia, la letrada Carmen Ventoso, abría paso a los dos cónyuges entre la veintena de medios de comunicación congregados en el exterior.

 

"A ver si se los sacáis de encima", encomendó esta letrada a uno de los policías que velaban por la seguridad. Un par de minutos más tarde entraba en el edificio el hijo de Manuel Fernández Castiñeiras y de su mujer Remedios, Jesús Fernández Nieto, tras estacionar el vehículo en el que se trasladaron en un aparcamiento próximo.

 

En el inicio de la sesión, el presidente del tribunal, Ángel Pantín, aceptó una petición de la defensa de Castiñeiras y declaró nulas las pruebas obtenidas mediante los micrófonos instalados en la casa del electricista. Tras ello, hoy era el día clave, en el que los tres acusados, padre, madre e hijo, prestaban declaración. Fernández Castiñeiras fue el primero.

 

"Solo contestaré a las preguntas de mi abogada", afirmó el electricista nada más tomar la palabra y después de decir que sí entendía cuáles son sus derechos. Acto seguido, Castiñeiras sorprendió al contar que no recordaba nada de su confesión ni de un testimonio en el que se sintió muy "maltratado" por el juez instructor, que, según él, lo amenazó con encarcelar a su familia:

 

"El juez se burló de mí", exclamó un cabizbajo Castiñeiras. Justo después, negó haber visto el Códice Calixtino y el dinero localizado lo atribuyó a las ganancias obtenidas de su oficio. Contó que trabajaba de sol a sol, guardaba el dinero en casa porque en la Catedral siempre le "pagaban en mano", y desveló que, de vez en cuando, le prestaba parte de sus emolumentos "a gente necesitada" y a "bajos intereses". A Manuel Fernández Castiñeiras se le ha mostrado lo que declaró la primera vez, para hacerle ver las diferencias habidas entre lo que hoy ocurrió y lo que pasó hace dos años.

 

El acusado se puso gafas, al inicio del proyectado, pero enseguida fijó la vista en el suelo. Poco más habló y acerca de este carácter reservado suyo se pronunciaron tanto su mujer como su hijo. Su esposa, Remedios Nieto, confesó tener la "sensación" de que su marido "ahorraba mucho", incluso "demasiado", hasta el punto de que "va con los zapatos rotos". Nieto reiteró que ambos son de familia humilde, saben lo que es trabajar y economizar, y aunque no puede explicar el hallazgo de 1,7 millones de euros que la policía encontró en varios registros, señaló que, lo cierto, es que en su casa, su marido no tenía gastos, a excepción de la comida.

 

Manuel Fernández Castiñeiras ha sido descrito como un hombre ordenado y meticuloso al que no le gustaba que nadie le cambiase o tocase los papeles de su pequeño despacho. Era el encargado de llevar las cuentas en casa. Jesús, el hijo de este matrimonio, suscribió que su progenitor era un hombre "autoritario", que marcaba los límites, y un padre agarrado, ya que nunca le dejó dinero, a excepción de una ayuda para comprar un vehículo, la cual le pidió "armándose de valor".

 

El electricista, visto por su familia como tacaño y mandón, rompe su silencio
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