lunes. 15.08.2022

O Cebreiro: aldea de 12 habitantes que a diario cuenta peregrinos por cientos

A 160 kilómetros de Santiago y a 1.293 metros de altitud está O Cebreiro, un poblado que con apenas una docena de habitantes fijos cuenta por cientos los peregrinos que este 2022 recibe a diario. Si tiempo ha la agricultura de subsistencia era la predominante, hoy allí todos viven del Camino.

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A 160 kilómetros de Santiago y a 1.293 metros de altitud está O Cebreiro, un poblado que con apenas una docena de habitantes fijos cuenta por cientos los peregrinos que este 2022 recibe a diario. Si tiempo ha la agricultura de subsistencia era la predominante, hoy allí todos viven del Camino.

Se llega por la LU-633. El coche debe quedar aparcado fuera. Dos columpios presiden la entrada de un pueblo cruzado solamente por tres calles empedradas en las que es posible escuchar hablar en inglés, alemán, italiano...

Si en los años setenta llegaban a este enclave, y con suerte, tres caminantes sueltos, unos tipos románticos como dicen en la zona, la denominada "aldea universal" se ha convertido definitivamente en un insoslayable punto de trasiego.

Hay romeros movidos por la espiritualidad; otros, que se echan a andar por deporte, y los que más, para en lo posible hallar el modo de solucionar problemas interiores y dar un cambio a su existencia.

Quienes hagan la etapa francesa, el itinerario jacobeo con mayor tradición histórica, verán que en la primera parada al entrar a la comunidad gallega hay hospederías (unas cien habitaciones sumando el conjunto), restaurantes, colmados, albergue público (capacidad de 106 camas), lavandería y una modesta oficina de turismo en la cual son recibidos por Estrella Digón.

Preguntas frecuentes, cuenta esta mujer a Efe, son los horarios del autobús, dónde dormir, dónde se come mejor ("a eso no puedo responder, aunque lo intenten"), y también cuestiones como a qué distancia se encuentran la farmacia más cercana y el centro de salud.

"Esto es por las peculiaridades de la zona", dice. La botica está a cinco kilómetros, trabaja hasta las ocho de la tarde y los domingos cierra. Si alguien necesita algo fuera de ese horario, debe ir a otra a veinte kilómetros. Y el consultorio, no es un urgencias 24 horas.

Un sufrido andador que entra, y está cansado y sudado, quiere ducharse. Ella le explica la manera. A qué puerta tocar.

"Ya llevo unos años aquí. Vienen desde personas por libre, a grupos, y familias con niños".

Francisco Javier Castro Miramontes, "Fray Paco", es el compostelano que guarda de Santa María, una joya prerrománica donde da la bendición del peregrino y, según se tercie, puede hacer incluso de socorrista.

Más de una vez, durante los inviernos, ha salido este franciscano nacido en 1971 a recuperar a alguien atrapado en la nieve.

"Bienvenidos a uno de los lugares más emblemáticos del Camino de Santiago. Más de mil años de historia nos contemplan. Aquí fue donde resurgió el Camino en el siglo XX gracias al antecesor Elías Valiña, que tuvo la genial idea de la flecha amarilla, el anagrama oficial".

Es su jovial presentación. Y "que la bondad sea tu huella en esta vida" su repetido consejo.

Deja este fraile ver su oficio, sus modos, y habla con emoción del fallecido párroco Valiña, originario del municipio lucense de Sarria, que tanto mérito tuvo, pues cuando comenzó a cumplir su deseo de promover la vía milenaria, el llamado Camino Francés se hallaba en algunos puntos totalmente intransitable.

No fue un obstáculo. Delimitó tramos, convenció a sacerdotes y alcaldes, e implicó a asociaciones.

Utilizó Valiña botes de pintura de los empleados en el siglo XX para marcar las carreteras, de ahí, entre otras razones, el color amarillo.

Los lugareños recuerdan una curiosa anécdota que protagonizó este visionario en los Pirineos donde, tras ser parado por la Guardia Civil mientras estaba en plena faena de dibujo de flechas, contestó a la consulta de qué estaba haciendo en el paso fronterizo del siguiente modo: preparando una gran invasión desde Francia. Lo llevaron al cuartel, donde, después de la retranca inicial, todo quedó aclarado.

Murió en 1989, con 60 años. Fray Paco muestra su sepulcro en el interior de la basílica. Y fuera hay una estatua que le rinde homenaje.

En el entorno del santuario están las "pallozas", una de ellas convertida en museo. Son viviendas típicas de las áreas montañosas del noroeste peninsular, del Bierzo y parte de Lugo, con fachada de piedra, techo de paja y planta oval, adaptadas al clima. Manuel González, el guía, da buena cuenta de estos detalles y de muchísimos otros de interés.

Entre mochilas, conchas, mensajes escritos y visitas guiadas, hay tiempo para degustar tortilla, huevos, pulpo y el queso local, ese de pasta blanca, blanda y granulosa que tiene forma de hongo o de gorro de cocinero. O Cebreiro es patria de un queso de producción exigua y sabor intenso.

Con el avituallamiento resuelto, en lo más elevado de esta barrera natural entre Galicia y Castilla y León la panorámica merece la pena: el verdor de los campos se entremezcla hábilmente con los tonos ocres de los árboles frondosos.

Con tal cartel, un lugar de respiro así, cargado de simbolismos, bien merece un alto en el camino. EFE

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