domingo 23/1/22

A la sombra de las luces de Vigo

El alcalde de Vigo, Abel Caballero, presume con orgullo y con razón, de que la montonera de luces y atracciones que por estas fechas despliega colocan cada año bajo los focos a una ciudad que atrae miles y miles de visitantes, con lo que eso supone para la dinamización de sectores como la hostelería, el comercio y la restauración.

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El alcalde de Vigo, Abel Caballero, presume con orgullo y con razón, de que la montonera de luces y atracciones que por estas fechas despliega colocan cada año bajo los focos a una ciudad que atrae miles y miles de visitantes, con lo que eso supone para la dinamización de sectores como la hostelería, el comercio y la restauración.

Este año las luces navideñas, que no se apagarán hasta después del día de Reyes, se encendieron el pasado 20 de noviembre, y a juzgar por la cantidad de gente que se acumuló en las calles para contemplar ese segundo mágico y por sus comentarios de las redes sociales se colige que son multitud quienes comparten el entusiasmo del alcalde.

Sin embargo, tampoco hay que buscar demasiado para encontrar en Vigo gente descontenta, frustrada y hastiada ante un fenómeno que durante casi dos meses altera radicalmente sus vidas, sobre todo si viven en el centro de la ciudad, zona cero de una fiesta que consideran demasiado larga.

Y no son pocos.

“La Alameda ya no existe. Secuestran tu barrio durante más de un mes. No puedo ni bajar a los perros, te cierran las calles de un día para otro. Hay gente que no puede, literalmente, entrar en sus garajes. Hay un bullicio insoportable, con música a todo volumen. Han puesto una feria, perrito piloto, atracciones, tómbolas…”, se queja Elena, que vive en la calle García Olloqui.

La insatisfacción de Elena es compartida por muchos vecinos del centro, tanto que un grupo de ellos “se está planteando iniciar un procedimiento judicial para defender sus derechos”, como explica a Efe la cabeza visible de esta iniciativa, que vive cerca de la noria instalada en la calle Colón, y que prefiere mantener su anonimato.

Esta abogada remitió un escrito en 2019 al Ayuntamiento exponiendo sus quejas al que no obtuvo respuesta, y lo volvió a intentar este año.

En él señaló, ante la inminencia de lo que estaba anunciando el Ayuntamiento, que temía limitaciones a sus derechos fundamentales, como el derecho a la libre circulación, a la seguridad y salud pública, a disfrutar de un medio ambiente adecuado para el desarrollo de la persona, a una vivienda digna y adecuada libre de ruidos o al de la intimidad personal y familiar.

“Están vulnerando la mayoría de nuestros derechos como ciudadanos”, clama esta abogada, dispuesta a interponer una denuncia ante el contencioso administrativo “para que esta situación no se repita en los años venideros porque es una tortura”.

Su día a día lo describe así: “Meses sin poder dormir cuando quiero, sin poder trabajar, porque yo trabajo en casa, sin poder salir de mi casa los fines de semana a partir de las seis de la tarde, porque es imposible”, y subraya que “acabas tronada” cuando escuchas una bocina resonar cada cinco minutos durante doce horas junto a tu ventana.

Este año sí obtuvo respuesta del Ayuntamiento a su escrito, en el que solicitó que se le detallase cuál es el Plan de autoprotección y emergencias, el Plan de tráfico, movilidad, seguridad y transporte público, el Plan de servicios de higiene o el Plan de acción en materia de contaminación acústica.

A vuelta de correo recibió un vasto documento que es “muy bonito sobre el papel, pero que en la práctica es imposible de ejecutar porque no tienen medios”.

Como ejemplo, pone el acento en cuestiones de higiene, y refiere casos de personas que orinan en la calle y en los garajes porque “hasta hace nada no había sanitarios y ahora hay cuatro, pero busca un baño a ver si lo encuentras, son unos contenedores sin señalizar, la gente va a las cafeterías, les dicen que no, y orinan en los garajes. Esto no se puede permitir en plena pandemia”, señala antes de advertir que “la Alameda por las mañanas está toda llena de gaviotas comiendo las porquerías de la noche anterior”.

Sobre este asunto abunda Rubén Pérez, portavoz de Marea de Vigo: “Un mercado de Navidad como el de la Alameda no debería tener hostelería. Lo que está pasando es cuando menos discutible cuando se está haciendo ahí un negocio hostelero; tenemos dudas de que se pueda vender alcohol o que se pueda convertir todo eso en locales hosteleros y no haya siquiera baños públicos”.

Ninguna de las fuentes consultadas cuestiona las luces ni el hecho de que el alcalde haya hecho de la Navidad viguesa un reclamo turístico, lo que cuestionan es el cómo.

“Las luces y atracciones de Navidad que ocupan el centro suponen tener cerrado al tráfico ese espacio tan importante de la ciudad durante casi dos meses. Creemos que tiene que haber un plan de tráfico porque se están produciendo atascos y se está volviendo muy difícil la movilidad dentro de la ciudad”, asegura Alfonso Marnotes, portavoz del Partido Popular en Vigo.

Efectivamente, cada fin de semana se repite la misma escena: retenciones interminables, aparcamientos públicos abarrotados, coches en doble fila o sobre las aceras, conductores obligados a tomar desvíos de muchos kilómetros para acercarse a su destino, y los agentes de la Policía Local en una “orgía de horas extras”, como relata uno de ellos, para tratar de poner algo de orden en el caos.

“Con ese colapso es imposible acceder a nuestras viviendas. Y en caso de emergencia, ¿cómo se puede acceder con las calles colapsadas sin posibilidad de salida o acceso a la zona centro? Supongo que los Bomberos algo tendrán que decir al respecto”, se cuestiona la abogada antes mencionada.

“El peor sitio para intervenir es el centro de Vigo”, responde un conductor de un camión de Bomberos, que escoge también el anonimato, opción recurrente durante este reportaje, y que habla de una potencial “tormenta perfecta”.

“Estamos en Galicia, vienen temporales, es una época con mucha incidencia de siniestros, una época turística en la que Vigo se ha convertido en un referente, pero con las calles cerradas, evidentemente, con un vehículo pesado no puedes entrar, y si lo consigues tienes muchos problemas”, relata.

Según este bombero, “no hay ningún informe de operatividad” ni se “han puesto garantías”, lo que, potencialmente, explica, supone que en caso de siniestro, no sería extraño tener que estacionar el camión a 400 metros de distancia, por lo que “la ratio de riesgo aumenta considerablemente, porque no tenemos acceso a las herramientas en el camión”.

En su opinión, se da actualmente “una situación de riesgo innecesaria e incomprensible porque no se ha hecho lo necesario para que actuemos como debemos. Los minutos que se tarda en entrar aumentan mucho el factor de riesgo”, y estos se multiplican al verse obligados a circunvalar el centro de la ciudad.

Su testimonio, aclara, quiere ser “constructivo”, pero afirma no entender que se “prime más garantizar permisos de ocio sociales, que las garantías de seguridad”.

¿Y las ambulancias? Cinco conductores y conductoras han sido consultados por Efe y las quejas son recurrentes: “como siempre es un coñazo circular por la ciudad en estas fechas y casi imposible en días señalados”, dice uno de ellos, quien explica que al menos el Ayuntamiento les ha remitido este año un plan de 96 páginas donde se explica todo: vías de acceso, atracciones, horarios, puestos de socorro, etcétera.

Pero ha servido de poco: “Está suponiendo un gran problema. Si tienes que ir a aquella zona te las ves y te las deseas. Es terrible, terrible”, señala una de estas conductoras, que confiesa haber tomado calles en dirección prohibida o haber circulado por el medio de la avenida Beiramar porque los cuatro carriles estaban colapsados, lo que se traduce frecuentemente en insultos de otros conductores: “Y siendo mujer ni te imaginas los que recibo, inútil y cosas así”.

“Como pase algo…”, suspira otra, en cuya opinión no se pensó en las ambulancias antes de montar todo el abanico de atracciones navideñas de las que disfruta Vigo, así que “imagínate quienes tienen que recoger a la gente para las diálisis y la rehabilitación y las vueltas de las altas hospitalarias. Nosotros al menos vamos con luces y en emergencia”.

Estos conductores describen como auténticas gincanas los nudos que tienen que sortear para hacer su trabajo y explican que “desde el Ayuntamiento se olvidan de comunicar a la empresa concesionaria, al 061, los cortes de las calles o por donde debemos realizar las evacuaciones”, de modo que “a veces circulamos por las aceras o por dirección contraria para llegar antes y evitar rodeos y atascos”, y en muchas ocasiones tienen que acceder por lo que llaman “callejones”.

Pero es que, además, explican, “las ambulancias son las mismas pero se multiplica la gente”, de modo que no es la primera vez que la ciudad llega a estar horas sin ambulancias disponibles o que se den casos como que una ambulancia que va a atender una urgencia se ve obligada a atender tres de una misma tacada.

“Un puto caos”, resume uno de estos conductores.

“La fiesta que cunda”, señala por su parte Javier, un vecino de la calle Colón, junto a la noria, quien, sin embargo, puntualiza que él por lo que apuesta es por “la democracia” para que todo el mundo pueda disfrutar de las fiestas sin tanto perjuicio.

“Se ha ido un poco de las manos la organización de unas fiestas que invaden el terreno público y limitan los derechos privados del ciudadano para su movilidad”, señala antes de añadir que “la sombra de la Navidad es la desilusión con los medios dispuestos para organizar lo que es una fiesta no de tres días sino de dos meses, y para eso hay que tener un plan”.

Javier tiene a su cargo una persona con movilidad reducida que necesita un vehículo cuatro veces al día, y no duda en compartir que le “han jodido una parte” de su vida y que eso “es atentar contra la salud social de un ciudadano dependiente”.

“El derecho a la ciudad es un derecho implícito en muchos articulados, ordenanzas y demás, y esto es lo que el alcalde y su gobierno están minusvalorando”, añade.

La afluencia de gente es tal, que hay trabajadores que residen fuera de Vigo que se ven obligados a prescindir del coche ante los problemas de circulación y aparcamiento y que, a su vez, encuentran serias trabas para viajar en tren porque no abundan los billetes en las horas de mayor demanda ya que hace tiempo que muchos convoyes colgaron el cartel de completo.

En consecuencia, se ven en la obligación de viajar por la mañana, por ejemplo, y a hacer tiempo hasta que llega su hora de entrar al trabajo, muchas veces en zonas repletas donde aguantar tantas horas de bullicio se hace verdaderamente cansino, por lo que no esperan sino que termine la Navidad.

Las quejas, claro, son también políticas, y si en algo coinciden los tres partidos de la oposición, PP, Marea y BNG, es que la fiesta se concentra en el centro de la ciudad y que los beneficios económicos que lleva aparejados, y que tanto Marea como BNG cuestionan, repercuten en una muy pequeña parte de la ciudad.

“Sería bueno para el comercio y la hostelería de la ciudad el que estuvieran presentes esas atracciones y esa iluminación navideña en distintos barrios de Vigo y no sólo en el centro”, señala el portavoz del PP.

Para Marea, “se habla de millones de personas, de ocupación hotelera al cien por cien y son datos rotundamente falsos como puede comprobar cualquiera en cualquier plataforma de reserva hotelera”, pero la principal queja de esta formación son las “prácticas reprochables” que el Ayuntamiento lleva a cabo con el dinero de los vigueses, más allá de lo que pueda costar la instalación de los famosos once millones de luces led.

“El año pasado contabilizamos más de 350.000 euros, posiblemente con contratos menores más, para pagar a medios de comunicación de ámbito local para que hablen de la Navidad de Vigo, y lo lógico es que esa promoción se haga en otras ciudades. Se está utilizando la Navidad como premio económico a los medios ya no para que hablen de Vigo, sino del alcalde, cosa que nos parece reprochable y debería haber una legislación que prohibiera ese tipo de prácticas”, asegura Rubén Pérez.

Por su parte, el BNG afirma que “este parque temático responde a dos cuestiones: en primer lugar a la adicción de Abel Caballero a las masas, a su obsesión personal a verse envuelto, como él diría, por millones y millones y millones de personas”; y en segundo lugar a distraer la atención de la ciudadanía.

“Hay un interés político detrás, que es distraer, colgar una gran pantalla de humo, una gran pantalla led para evitar hablar de cuestiones mucho más importantes; por ejemplo: que para la Navidad se sigan destinando muchos más recursos de los que se gastan todo el año en políticas de promoción de empleo en una ciudad que tiene más de 22.000 personas en paro”, asegura el portavoz de los nacionalistas, Xabier Igrexas.

“En términos de empleo, en 2019 la Navidad se saldó, en datos oficiales, con apenas cien contratos. Ese es el retorno económico de esta ingente inversión millonaria por parte del gobierno municipal”, añade.

Que hay zonas de la ciudad a las que la Navidad apenas roza es algo que comparten asociaciones de comerciantes de barrios alejados del centro como Teis o As Travesas, que incluso se ven perjudicados por el efecto imán que genera el centro urbano en esta fechas.

Lo reconoce también el presidente de la Federación de Hosteleros de Pontevedra, César Sánchez-Ballesteros, quien señala que “en la hostelería no todo son luces” porque hay zonas alejadas del centro que no perciben en sus cajas el tirón navideño.

La cosa cambia, relata, en la ocupación hotelera, alta no sólo en Vigo, sino también en localidades cercanas como Baiona o Pontevedra, que se están beneficiando del efecto arrastre de Vigo, sobre todo los hoteles con spa y las casas rurales, que “están funcionando súper bien”, explica.

“Con sus luces y sombras, poniéndolo todo en contexto, hace tres o cuatro años nos íbamos todos de puente” en el día de la Constitución, unas fechas donde este año la ocupación a rozado el cien por cien, explica Sánchez-Ballesteros.

Quienes tan críticos se muestran con las luces navideñas y sus consecuencias no piden su eliminación, sino su racionalización, “que la gente se divierta sin perjudicar a nadie”, según la abogada que está aglutinando el descontento de asociaciones de vecinos, perplejos por cómo y cuánto cambian sus vidas durante unas fechas que deberían ser para el disfrute pero que en su caso se convierten en una auténtica pesadilla.

“El único punto donde pintan algo los ciudadanos es en la política local, y Caballero está muy lejos de modernas tendencias de implicación ciudadana, de desarrollo urbano, de proyectos para la ciudadanía, y eso es feo”, concluye Javier, quien pide que se escuche a los vecinos porque “se ha perdido la visión de la participación ciudadana”, que también tienen algo que decir en todo cuanto está ocurriendo en Vigo por Navidad. 

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