viernes. 12.07.2024

Lo que mata a las tiendas

He leído en las últimas semanas, con la misma dosis de pena que de preocupación, varias noticias en las que informaba del cierre de algunas tiendas de toda la vida...

jose-luis-vilanova-p

He leído en las últimas semanas, con la misma dosis de pena que de preocupación, varias noticias en las que informaba del cierre de algunas tiendas de toda la vida. Comercios emblemáticos, de esos que todos conocemos, como puede ser el caso de la perfumería Tito de la Peña, de Pontevedra, o de Muebles Cancelo, de Vilagarcía. La ferretería de barrio A Cubela en A Coruña …Negocios con décadas de trayectoria unos otros menos que, por una razón u otra, se ven ahora abocadas a bajar la persiana de forma definitiva.

Casi siempre que surge el debate sobre los por qués de estos cierres afloran cuestiones como la competencia feroz que ejercen las grandes superficies o las ventas online. Pero yo, que algo sé del tema, aunque solo sea porque mi familia lleva 55 años al frente de un comercio físico, defiendo que las causas últimas y determinantes son otras.

Competencia siempre la habido y las grandes superficies y centros comerciales no se implantaron de ayer para hoy, así que considerar que esos son los motivos por los que negocios que llevaban mucho tiempo funcionando hayan tenido que abandonar su actividad me parece una simplificación inaceptable.

Lo que realmente está poniendo en dificultades a los propietarios de muchos comercios tradicionales son las cargas impositivas y las obligaciones a las que tiene que hacer frente. Podemos estar hablando de que en la última década, se han incrementado en un 500%.

Nada tiene que ver la cuota de autónomos que pagamos hoy con la que pagábamos hace 25 años. Y otro tanto ocurre con las cotizaciones de nuestros trabajadores o con los impuestos. Tanto el IRPF como el Impuesto de Sociedades, el IAE o el IBI se han incrementado en unos porcentajes muchas veces inasumibles. Como inasumible es que tengamos que adelantar el IVA del producto que tenemos en el almacén o en exposición.

Además de esta carga impositiva, el comerciante tiene que hacer frente al coste que le supone la gestoría (incluidos los gastos de registros de cuentas en el Registro Mercantil), a los suministros (luz, agua, teléfono, internet…), al pago del dominio, alojamiento web y software, a los gastos bancarios (comisiones mantenimiento de cuenta, comisiones por el TPV, transferencias…), a los incontables seguros, al transporte –llevar hoy un mueble de Ribadumia a Santiago nos cuesta diez veces más que hace unos años-, a los peajes , al registro de entrada y salida de trabajadores, al registro de patentes y marcas, a la contratación de una empresa para la prevención de riesgos o para la protección de datos. Además de otros gastos generales como el alquiler del local, el material de oficina o los gastos de marketing y publicidad.

Con estos datos en la mano, ustedes mismos se harán cargo de si es posible o no sacar adelante un negocio físico con semejante presión fiscal y con semejantes gastos generales. Porque lo que es incuestionable es que lo que no podemos hacer nosotros es incrementar nuestros márgenes comerciales en esa misma proporción ya que te sales del mercado y dejarías de ser competitivo.

Por lo tanto, si de verdad queremos mantener en el tiempo el comercio de toda la vida lo que hay que hacer es revisar las imposiciones y las obligaciones y eliminar o reducir sensiblemente una parte de ellas. De lo contrario, haya o no centros comerciales, haya o no comercio online, seguiremos leyendo día sí y día también noticias de más tiendas que cierran para siempre.

Lo que mata a las tiendas